El partido del Real Madrid contra el Elche fue un autorretrato y pido disculpas a los francófonos y a los chinos por la proliferación de erres. El equipo no engaña a nadie. Se define en cada partido, si bien esta vez la definición fue completa, absoluta, minuciosa. Todo lo malo salió a colación y todo lo bueno se activó para salvar un resultado que es una esperanza remota, pero esperanza al fin y al cabo.  

Comencemos por el inframundo. La primera parte fue un horror, una píldora para dormir a una hora que no hacen falta píldoras. Excluyo de la crítica al equipo visitante porque entiendo que el sopor era su triunfo. Si el Madrid no tiene uñas, el Elche carece de dedos. Si Benzema es un delantero magnífico que no tiene el gol entre sus especialidades (mal día para decirlo), Boyé es un interesantísimo ariete que no marca goles ni por equivocación, ignoro si por impericia o por estreñimiento.

Frente a un rival tan limitado, el Madrid titular (sin Kroos y Modric) se vio atrapado por su propia impotencia. No hay novedades en la enumeración de hándicaps: Mendy no pasa de esforzado entrañable, Isco nunca será el que fue y Vinicius jamás será el que creímos. Añadamos que Valverde no tiene alma de jefe, o no todavía, y que Zidane planteó un esquema con tres centrales para protegerse de un enemigo sin gol. El caso es que no había futbolista que impusiera el ritmo, de tal modo que el juego languidecía hasta el susurro, como si el objetivo fuera no despertar a los espectadores dormidos, varios miles. El primer tiro entre palos llegó a los 26 minutos y fue tan inocente que el portero lo hubiera parado con un niño en brazos. No hubo saques de esquina en 45 minutos. No hubo nada. Sólo se observó el asombro del Elche por la placidez de la tarde. Es normal que Escribá no cambiara nada en el descanso. Se justifica peor la inacción de Zidane.

Al poco de reanudarse la segunda mitad, Marcone hizo penalti a Ramos que el VAR no consideró. Lo cierto es que los caminos del VAR comienzan a ser inescrutables. Ha dejado de ser un juez tecnológico para convertirse en la rueda de la fortuna. En la continuación de esa jugada, Ramos cometió penalti en una jugada que el árbitro anuló de primeras por fuera de juego. Sin serlo. El VAR volvió a intervenir y volvió a equivocarse. Lo siguiente fue el gol de Dani Calvo al cabecear un córner.

Zidane se dio por fin por aludido y metió en el campo a Modric, Kroos y Rodrygo en sustitución de Isco, Ramos y Valverde. Cambió el Madrid, naturalmente. Pasó a ser un cuerpo con cerebro. Cuando Benzema empató a pase de Modric, el Elche pensó en la muerte y se murió. Digamos que hubo un trasvase de confianza y fe. Tampoco es que el Madrid bordara el fútbol, le bastó con coserlo. En la última ocasión, ya sobre la bocina, Benzema se ayudó de Rodrygo para pegar un zurdazo de media volea, seco y violento, un tiro mortífero que tocó en un palo antes de entrar. Qué tipo tan singular este Karim. Cuánto le cuestan los goles sencillos y qué fáciles le resultan los imposibles.

Aquí está todo el Madrid, vicios y virtudes: el entrenador que tarda en reaccionar, la dependencia crónica de Modric y Kroos, la vulgaridad de ciertos futbolistas, el coraje histórico, la importancia de Benzema… La mala noticia es que todo ocurrió mientras el Atalanta tomaba apuntes.

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