No me extraña que el término Valdebebas se haya impuesto en el imaginario colectivo a la denominación estadio Alfredo di Stéfano, pues el nombre del argentino merece más que ese páramo en el que cualquier balón perdido acaba en la frontera con la España vacía. Quizá ha llegado la hora de bautizar una de las gradas del reformado Bernabéu con el nombre de La Saeta: se podría revisar en cuál de los dos fondos marcó más goles; o quizá sea mejor idea otorgarle a una de las gradas laterales el privilegio de llamarse como don Alfredo, pues por todos es sabido que Di Stéfano fue el primer jugador en arrancar las jugadas en el área propia y acabarlas en la contraria, el primero que arrasó por toda la vertical del campo.

El Madrid se está jugando la Liga y la Champions en ese césped anexo a su lugar de entrenamiento, en el que ya ha tenido días en los que ha confundido la mentalidad con la que se debería afrontar un partido de competición con la de una pachanga con petos de colores. Como quien sale de fiesta un sábado por la noche con el ánimo con el que desayuna un lunes.

A veces me da la sensación de que el Madrid juega ahí solo por boicotear a la Liga y a Mediapro, que han decidido sustituir a los aficionados por un relleno de píxeles horrorosos en las gradas y unos cánticos enlatados en la realización televisiva —como si el fútbol real se pareciera cada vez más a los videojuegos y no al revés— que quedan especialmente mal en un estadio al que le viene grande la irrealidad virtual: la recreación excede el aforo de la pequeña grada de Valdebebas.

Dejó escrito Eduardo Galeano que “no hay nada menos vacío que un estadio vacío” porque en él se puede escuchar la historia que ha vivido. Yo estuve una vez en el césped del Bernabéu horas antes de un partido y es cierto que impresiona tanto o más que cuando está lleno hasta la bandera porque parece que las gradas van a cobrar vida en cualquier momento y se van a abalanzar sobre ti.

El Madrid va a jugar la/s eliminatoria/s de la Champions en un estadio con una historia mínima (la Liga pasada) y sin gigantes en forma de asientos. Si ya cuesta creerse este fútbol pandémico sin público, el Madrid le quita también el estadio para que no haya dudas. Todo sea por el futuro que hoy se viste con grúas.

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