Una brisa victoriosa recorre la Piazza del Duomo. Un rayo de luz en medio de la bruma tan característica de la Lombardía se abre paso en el desangelado Estadio de San Siro. Allí, en medio de una pandemia mundial que se ha cebado especialmente con esta región del norte de Italia, la pelota ha vuelto a ser el único consuelo. Y da igual si uno viste de rossonero o de neroazzurro, porque casi una década después de sus últimas alegrías, Inter y Milan se han puesto de acuerdo para resurgir de sus cenizas. Y así la opulenta y orgullosa Milán vuelve a sonreír entusiasmada por mirar cara a cara a esa vieja dama turinesa que durante nueve largos años les ha hecho la vida imposible. Son tiempos de cambios, también en el fútbol italiano. La antigua normalidad está cada vez más cerca.

El Inter de Milan no podía imaginar el descenso a los infiernos que aguardaba tras aquella noche de gloria en el mayo madrileño de 2010. La felicidad se esfumó en aquel avión al que ya no subió Mourinho nada más conquistar el triplete. Un año después llegó la hora del Milan. La travesía en el desierto de los rossoneri se iniciaba tras un nuevo título de Liga, el número 18, con el que curiosamente empataban con sus vecinos. Ibrahimovic alzaba su octava liga consecutiva, mientras Ronaldinho apuraba sus últimas noches de samba en Europa de la mano de Robinho. Pero las arrugas ya empezaban a aparecer en el rostro de un Milan que no se hizo el lifting a tiempo.

Un monopolio mortal para la Serie A

Desde entonces han sido nueve los campeonatos de liga conquistados por la Juventus. Un dominio aplastante nunca visto en el fútbol italiano que afectó tanto a la propia competitividad del Calcio como a la pérdida de interés por la Serie A. “Se jugaban dos ligas paralelas: una la del campeón y otra la del subcampeonato. Quizá podríamos trazar el paralelismo con la Liga Asobal de balonmano, aunque suene un poco exagerado. En fútbol siempre hay algo más de pelea, pero en Italia antes o después todos caían”, reflexiona Miguel Ángel Lara, periodista de Marca y tifosi del Inter de Milan. “No diría que eso era poco sano para la competición, más bien es que no había competición. Y eso ocurría en gran parte por la caída de los equipos de Milán”, responde Filippo Ricci, corresponsal de La Gazzetta dello Sport en Madrid.

En la década ominosa de Milán aparecieron otros actores que intentaron ocupar ese vacío. Los dos equipos de Roma o el Nápoles de Di Laurentis presentaron batalla, hasta la Atalanta con su atractiva propuesta alzó la voz pero a todos antes o después les terminaron flaqueando las fuerzas. “La clave para que el fútbol italiano esté bien es que los tres equipos del norte (Juve, Inter y Milan) estén bien. Son los que tienen la principal masa social, los que más poder tienen en los medios de comunicación y los de mayor presupuesto”, indica Irati Prat, creador del canal de Youtube SoyCalcio. Andrea de Pauli, comentarista de la Serie A en Movistar + va un poco más allá: “Cuando los equipos de Milán están arriba, el fútbol italiano empieza a tener importancia en Europa. De momento esa tendencia todavía no ha dado el salto a las competiciones europeas pero estamos en el buen camino”.

Las últimas ramificaciones de este debate alcanzan a la selección nacional. La Azzurra también ha vivido su particular travesía por el desierto desde que en 2012 fuera subcampeona de Europa. Tan solo en 2016, con Conte a los mandos volvió a ser competitiva. Al último Mundial ni siquiera acudió. Y pese a lo globalizado que se ha vuelto el mundo del balompié, al futbolista italiano le sigue costando triunfar fuera de sus fronteras y son pocos los que consiguen asentarse en ligas extranjeras. “Era un momento de dominio máximo de la Juventus y de escasa competitividad entre el resto de grandes equipos italianos. El jugador italiano no suele salir de Italia y eso le impide dotar a su juego de otros matices o beber de otros estilos, por eso necesita de esa competitividad y esa fortaleza de la Serie A para que la Azzurra eleve el nivel”, comenta Miguel Ángel Lara. De Pauli ve brotes verdes en la Nazionale: “Desde la llegada de Mancini se ha cambiado el chip. Antes un jugador de 23-24 años era una promesa en el fútbol italiano y no se confiaba tanto en los jóvenes. Mancini ha dado oportunidades a Tonali o Zaniolo en la absoluta, él mismo debutó siendo un niño en el Bolonia, y eso refleja el cambio de mirada que ha habido”.

Una ciudad reticente vs una ciudad orgullosa

Cuando Ivan Gazidis desembarcó en Milán tenía varios retos por delante. El nuevo CEO rossonero venía de reflotar al Arsenal en lo económico, pero no había sido capaz de encauzar el epílogo de la Era Wenger en lo deportivo. A mediados de 2018 el grupo inversor estadounidense Elliott Management Corporation había rescatado al Milan de la nefasta gestión del empresario chino Li Yonghong, al que algunos en la capital lombarda calificaron como “marioneta de Berlusconi”. Entre las primeras decisiones del grupo Elliott estuvo la de inyectar 50 millones de euros al club y la contratación de Gazidis, mientras los tifosi miraban con recelo a los nuevos propietarios. “Es que en el caso de los equipos de Milán tenemos una tradición de propiedad no solo italiana, sino también milanesa. El Inter ha sido siempre el club de la familia Moratti y el Milan ha sido durante casi tres décadas el equipo de Silvio Berlusconi. Esa conexión con la ciudad siempre ha estado muy presente”, explica Andrea de Pauli. Y esa conexión también se había roto en la acera neroazurri.

Erik Tohir, empresario indonesio, se convirtió en socio mayoritario del Inter en 2013, cuando le compró el principal paquete accionarial a la familia Moratti. En junio de 2016 llegó al Meazza el gigante chino de tiendas de electrodomésticos Suning Commerce Group tras adquirir casi el 70% del club neroazzurri. Tohir se quedó con el 30% restante y en 2018 dejó la presidencia en manos de un imberbe Steven Zhang (26 años), hijo de Zhang Jindong, fundador de Suning. “Parecía que el debate de la propiedad extranjera no iba a llegar al norte, pero de repente los propietarios extranjeros se instalaron en Lombardía. Al principio generaron recelo, dudas e incluso críticas, pero los tifosi han entendido que se estaba ante una situación de supervivencia y los han terminando aceptando. Básicamente porque sin ellos no podrían estar donde están hoy. No serían competitivos”, concluye Miguel Ángel Lara.

Steven Zhang, presidente del Inter, sentado a la derecha de Javier Zanetti en un partido de Serie A. CordonPress.

La estrategia para llegar al corazón de los tifosi se ha repetido en uno y otro bando. Tanto Inter como Milan han colocado a leyendas en los puestos de dirección deportiva, para que la conexión entre la grada y el escudo no se pierda. Javier Zanetti, con más de 850 partidos en el Inter, es el vicepresidente del club y, junto con Pepe Marotta, gerente deportivo, se encarga de la planificación deportiva. En el lado rossonero de la ciudad es Paolo Maldini, 901 encuentros con el Milan, el director deportivo de la escuadra de Milanello. “La clave es que tanto Maldini como Zanetti tengan verdadero poder de decisión. Su presencia resulta esencial porque son el vínculo que conecta con el sentimiento de pertenencia, el rostro reconocible del club, la bandera y los recuerdos recientes de los tifosi”, declara Andrea de Pauli.

El contexto de pandemia mundial ha reforzado la necesidad y la importancia de ese capital extranjero que ha mantenido con vida a los clubes de Milan y los ha devuelto al primer plano deportivo. Nada estrecha más los vínculos que la victoria y esta ha llegado en el momento más complicado de la historia reciente de la capital lombarda. “Ha sido muy importante para el nivel anímico de la ciudad, que ha sido muy golpeada por la Covid-19 (595.000 casos y 28.275 fallecidos en la región de Lombardía, la más afectada de Italia). Milán ha estado muchos meses cerrada, no es una capital excesivamente fiestera, no es Madrid, pero es una ciudad en la que la gente disfruta en la calle, sale, tiene vida nocturna, es la ciudad de la moda y todo eso se ha apagado con la pandemia”, explica Filippo Ricci. El fútbol ha funcionado como alivio, metadona en tiempos de confinamiento, y lo ha sido para uno y otro bando de la ciudad. “Esa alegría se palpaba a medida que se iba reabriendo todo, ha sido algo así como un renacimiento de Milán, con el balón como protagonista, pero también iba más allá de disputarle el título a la Juventus».

“Creo que lo que más felices ha hecho a interistas y milanistas ha sido ver las dudas y la irregularidad de la Juventus. En Milán no podían más con ese dominio bianconeri. Estaban hartos, eran demasiados años, si hasta Berlusconi dijo: ‘Estoy contento cuando gana el Inter’, con tal de evitar que la Juve volviera a ganar el Scudetto. Eso sería impensable cuando era el máximo mandatario del Milan”, puntualiza Andrea de Pauli. El renacimiento de la rivalidad entre los dos equipos de Milán cristalizó en una imagen que ya es icónica para Miguel Ángel Lara: “Ese choque de cabezas entre Ibra y Lukaku, ese pique, alimenta la rivalidad y conecta a los dos equipos con sus grandes épocas”. Milán la única ciudad cuyos dos equipos han ganado la vieja Copa de Europa y la Champions League, vuelve a sentirse importante.

Paolo Maldini abraza a Stafano Pioli a ras de césped tras su última victoria en 2020. CordonPress.

Un equipo de autor coronado por Lukaku

Por paradójico que parezca fue la vuelta de Zlatan Ibrahimovic a Milán lo que comenzó a equiparar las fuerzas de los dos equipos de la ciudad. Si el Inter era un equipo de autor construido alrededor de su técnico, el Milan era una camada de jóvenes que necesitaban un líder, un guía al que seguir. Los neroazzurri lo tenían en el banquillo; los rossoneri, en el campo. La apuesta del Inter fue un viaje en el tiempo, una revisión del triplete de Mourinho, pero con acento italiano. “Necesitaban un entrenador que diese una personalidad al equipo. Conte es uno de los mejores del mundo construyendo proyectos y al igual que Mourinho utiliza esa baza o esa idea de que el mundo va contra sus equipos, todos son sus enemigos y así hace piña con la plantilla, aunque también crea un clima bélico que desgasta mucho”, explica De Pauli.

Tras un inicio de temporada dubitativo que le costó en buena medida su adiós en la Champions, el Inter se presenta como máximo favorito al título. Una sensación que ratificó en el último Derby della Madonnina (0-3), y que confirman otros rasgos definitorios de los equipos de Conte. Todos sus proyectos alcanzan su punto más alto en el segundo año, cuando el equipo ha asimilado la paleta de recursos tácticos que domina el técnico italiano. Los interistas continúan la senda emprendida el año pasado y el proyecto ha sabido reforzarse de manera acertada. “Se han fortalecido zonas fundamentales para el esquema de Conte. Achraf es un jugador vital para ese sistema, ha recuperado a Perisic, Barella es un jugador de mucha clase en el centro del campo… pero al final quien lo cambia todo es Lukaku, el Inter es otro con él”, resume Miguel Ángel Lara.

“Es el eje central de este Inter. Es mucho más que el goleador. Es al que buscan para sacar el balón jugado desde atrás, en el que se apoyan en cada ataque. Sobre el que gira todo el sistema de Antonio Conte”. Así habla Irati Prat de Lukaku. Y por si fuera poco, “Lautaro se complementa a la perfección con el belga” apunta De Pauli. Los goles le dan la razón: 17 Lukaku, 13 Lautaro. Son la pareja más goleadora del Calcio.

Y a ellos dos se ha sumado en este 2021 un Christian Eriksen que se había mostrado como un ente extraño en ese ecosistema. “Una anomalía”, como lo definió De Pauli, o una “oportunidad de mercado” para Miguel Ángel Lara que ha sido titular en los dos últimos partidos, que marcó un golazo frene a la Juventus en Copa y que parece haber llegado a tiempo para decantar el primer scudetto del Inter en diez años.

Zarandeados en la Champions en los dos últimos años y con el regusto amargo de la final de Europa League perdida, el torneo doméstico se presenta como el siguiente escalón sobre el que asentar el proyecto Conte.

Ibrahimovic a cargo de una guardería

El Milan post-confinamiento era un equipo sin fisuras. Tras reanudarse la competición no perdió ni un partido y alcanzó la sexta posición en la tabla. Ese rush final sirvió para que se ganara la renovación Pioli, un entrenador que no había demostrado en sus anteriores proyectos que estuviera preparado para la élite y que había sido incapaz de evolucionar a sus equipos. Rangnick se quedó por el camino. Y el Milan lejos de aminorar siguió apretando el acelerador en la 20/21. “Era evidente que estaba jugando por encima de sus posibilidades. El Milan está construido para pelear por el Top-4, asegurarse la Champions y volver a la máxima competición europea de la que lleva fuera varios años. Pero el gran rendimiento hasta ahora ha ilusionado a la afición y los sueños de scudetto han llegado hasta el vestuario”, recalca Irati Prat. La inmaculada racha de 24 partidos sin perder en Serie A, cerca de los 27 del Milan de Fabio Capello explican la ilusión rossoneri.

A buen seguro que esos récords no hubieran sido posible sin los goles (14 en 13 partidos de Serie A) ni la personalidad de Zlatan Ibrahimovic. “El entendimiento y el reparto de jerarquías entre Pioli y su estrella es total. El entrenador ha hecho que se vuelva a sentir importante y de alguna manera le ha regalado 2-3 años más de fútbol”, explica De Pauli. A sus 40 años, lo más importante de Zlatan no son los goles. El delantero se ha convertido en un ejemplo para la camada de jóvenes que visten la histórica camiseta rojinegra. De Ibrahimovic cuentan que es el primero en aparecer por las instalaciones de Milanello, pero que también es el primero en exigir a los jóvenes en los entrenamientos y en no rebajar la intensidad a través de piques y apuestas con los que intenta motivarlos. Así lo han reconocido jugadores como Bennacer o Rafa Leao. De Pauli lo resume gráficamente: “Ibra obliga a todos el 110% y luego les premia regalándoles una Play Station 5”.

“Y a su vez funciona como pararrayos, porque las críticas se suelen centrar siempre en Ibra y no se dirigen hacia otros jugadores más jóvenes a los que podría afectar. Es una figura fundamental en un proyecto tan joven y en el que el sueco ha encajado a la perfección”, indica Irati. Quizá sea Zlatan el último vestigio de esas viejas glorias que hace no tanto convirtieron al Milan en un cementerio de elefantes. Porque el cambio de rumbo en el club rossoneri parece total. “Se están gastando el dinero pensando en el futuro. Antes invertían pensando en urgencias, en esa idea de tenemos que ganar ya”, asegura Filippo Ricci. De hecho, según un informe del CIES Football Observatory, el Milan es el club que ha presentado el once más joven de las cinco grandes ligas con una media de 24,5 años. La cifra baja a los 22 años y 287 días sin Ibra en el equipo, tal y como publicó Opta tras el partido frente al Spezia.

Como si de una trayectoria inversa a sus vecinos se tratara el Milan se encuentra en el momento más difícil de la temporada. “No habían perdido en Liga en todo 2020. Y entre enero y febrero llevan cuatro derrotas. Hay que recordar que el Milan jugó previa de Europa League, empezó antes la temporada y era previsible que el ritmo que establecieron se cayera en algún momento. Era irreal”, declara Irati. Precisamente ahora que el viento sopla en contra será el mejor momento para comprobar la solidez y fortaleza del proyecto, para medir la mano izquierda de Pioli en la adversidad y reconocer entre ese puñado de jóvenes quién es el que está mejor preparado para sobrevivir en la élite.

En el país de la bota no hay ciudad más futbolera que Milán y su pulso futbolístico nos da pistas sobre la salud del balompié italiano. “Para Italia entendida como país y como selección es algo fundamental el nivel de los equipos de Milán, es fundamental para la proyección internacional de nuestro fútbol, para el valor económico y competitivo de la Serie A”, indica Fillippo Ricci.

En la nueva realidad del fútbol italiano todavía quedan algunas preguntas por resolver. ¿Cómo será la gestión de Conte tras el triunfo, si es que llega? ¿Cuánta cuerda le queda a Ibra para guiar al baby Milan? ¿Serán capaces los equipos de trasladar su renacimiento a Europa? ¿Y la Juve? ¿De verdad va a ser una mera espectadora por más que esté al final de una era? En Milan no terminan de fiarse aunque rossoneri y neroazzurri vuelven a salir a las calles con la cabeza alta. La vieja normalidad está cada día un poquito más cerca.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here