Leo en la prensa deportiva que el Manchester City de Guardiola ha contratado astrofísicos para crear un departamento que analice en tiempo real la multitud de datos que se generan en entrenamientos y partidos: frecuencia cardiaca, distancia recorrida, recuperación entre esfuerzos, fatiga muscular, velocidad de desplazamiento, etc. Esta amalgama de datos, que ya utilizan muchos equipos de todo el mundo, tiene como finalidad sacar conclusiones para la programación de los entrenamientos y conseguir que el rendimiento físico en los partidos sea óptimo.

La debacle de tres equipos españoles en Champions League nos permite deducir que no se han analizado detalladamente los resultados de estos datos físicos para mantener o modificar los objetivos en los entrenamientos. La prueba es que no pudieron competir al máximo nivel. Barcelona, Atlético y Sevilla mostraron una inferioridad física alarmante en sus enfrentamientos con PSG, Chelsea y Borussia Dortmund.

Cuando se analizan detenidamente los datos extraídos de un partido hay uno que llama poderosamente la atención: durante los 90 minutos que dura el juego, el futbolista está en contacto con el balón sólo dos minutos. Los 88 restantes hace carreras a más de 33-35km/hora, saltos a más de un metro de detain (salto vertical), recorre distancias que superan en muchos casos los 12 km y se cae y se levanta constantemente como consecuencia de entradas o choques que ponen a prueba su velocidad-agilidad, así como la potencia de su tren superior e inferior.

Hablamos de frecuencias cardiacas brutales entre 173-175 pulsaciones por minuto en el umbral anaeróbico (en deuda de oxígeno), sin contar los más de 60-70 partidos por temporada que requieren un volumen de oxígeno máximo con registros muy altos para que el estrés oxidativo y celular no ponga en riesgo la recuperación entre esfuerzos durante el partido. Y no olvidemos que la recuperación entre partidos no supera en la mayoría de los casos las 72 horas, el mínimo que aconseja la fisiología del ejercicio para recuperar el glucógeno, que es el combustible del jugador.

El secreto del éxito que conlleva victorias en las competiciones más importantes —Champions, Europeos y Mundiales— reside en los porcentales tan reveladores que nos aportan los datos físicos del jugador cuando compite. Si está 88 minutos sin tocar el balón es obvio que para mejorar y desarrollar las acciones puramente físicas, representadas en capacidades condicionales fundamentales en como la capacidad aeróbica (captación, transporte y utilización de oxígeno), es necesario que el jugador vaya elevando paulatinamente su VO max, la Fuerza explosiva (capacidad muscular para soportar las tensiones máximas que se producen durante el juego a gran velocidad) y la Velocidad (espacio partido por tiempo) cuando el jugador debe llegar y salir de cualquier lugar antes que el contrario.

La formula del éxito, después de analizar minuciosamente los datos físicos que controlan al jugador, se basará en aplicar con sabiduría los porcentajes de mejora y desarrollo del entrenamiento físico. Si fallas en la elección, el fútbol actual te penaliza por su alta intensidad.

Otra cuestión es si el entrenamiento físico debe hacerse con balón o sin balón. Guardiola, que siempre se ha caracterizado por defender a ultranza el trabajo físico con balón, ahora ha contratado a astrofísicos para que le den respuestas concretas y concisas de todo lo que rodea al aspecto físico del jugador. ¿Acaso tiene dudas? Yo en mi etapa profesional nunca las tuve. Qué afortunado soy.

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