Diego Rodríguez (Tenerife, 1960) y Sevilla estaban destinados a cruzarse. Su aspecto de cantaor gitano era un presagio. Dejó Tenerife para jugar en el Betis en 1982 y ya no se movió de Sevilla. Pudo marcharse en 1988, pero sólo cambió de barrio: Heliópolis por Nervión. Fue el último jugador que pasó del Betis al Sevilla y el que ha jugado más derbis (20), aunque Navas y Joaquín lo igualarán el domingo. Su última etapa en el Sevilla fue entre 2008 y 2010 como entrenador de las inferiores. Ahora disfruta del fútbol desde otra perspectiva después de 10 años sin entrenar.

Usted fue uno de los rostros más populares del fútbol de los 80 y de los 90. ¿Todavía lo reconocen por la calle?

—Hay veces que sí, aunque los años pasan para todo el mundo. Me mantengo en forma, sigo haciendo deporte…

En plena forma y con la melena intacta…

—Tengo una buena genética, heredada de la familia. Pero hay que cuidarse porque los años no pasan en balde.

Muchos le tienen por andaluz, pero nació en Tenerife. ¿En qué se diferencia un andaluz de un canario?

—Me encantó el clima cuando llegué a Sevilla. A mí no me gustan ni la humedad ni el frío, me gusta el calor. Desde diciembre a enero hace poco frío en Sevilla y a partir de marzo empiezan las buenas temperaturas. El calor fue una de las cosas que me decantó para seguir viviendo en Sevilla.

Mucho le tiene que gustar el calor si también le gustan los veranos en Sevilla…

—Estamos acostumbrados. Me encantan los 40 grados. De hecho, los prefiero a tener diez grados. Soporto mejor el calor para hacer deporte. Para todo. Con la buena temperatura tienes menos dolores, menos molestias…

Se dice que los centrales de su época pegaban primero y preguntaban después. ¿Es realidad o leyenda?

—Leyenda. El fútbol es un deporte de contacto y lo vemos en la Liga española o la inglesa. Esta semana vi el partido entre la Juventus y el Oporto (2-2) y jugó Pepe. Es un central duro y contundente, pero eso no significa que dé patadas. Es un jugador que no rehúye el contacto. No concibo la intencionalidad en el fútbol.

¿Cree que Messi hubiera destacado en aquel fútbol o hubiera terminado como Maradona, con la pierna rota?

—No. Messi tiene muchísima calidad y hubiera jugado también hace 20 años. En el fútbol de aquella época no se pitaba tanto como ahora. Creo que es por educación, porque actualmente los jugadores no ayudan a los árbitros. Hay más igualdad con el VAR, pero todavía hay que unificar criterios para ser más justos. Aquel fútbol era más duro y a Maradona le tocó jugar en aquella época. A mí me gusta ver la Liga inglesa porque hay más educación: no simulan, no se tiran, el fútbol es rápido… Los árbitros pasan desapercibidos y se castiga la intencionalidad.

El Sevilla, en 1999. Arriba, Diego, Juan Carlos Unzue, Martagón, Polster, Rafa Paz, Jiménez; abajo, Serrano, Zamorano, Bengoechea, Ramón y Salguero.

¿Sigue la Liga española entre las tres mejores de Europa?

—Antiguamente, había más variedad en los equipos campeones: Deportivo, Athletic de Bilbao, Atlético de Madrid, Barcelona, Real Madrid… Hoy están Madrid y Barcelona y el resto. La Liga ha bajado mucho el nivel, no tiene nada que ver con el fútbol inglés, alemán e italiano. Se ha perdido bastante. Hemos bajado de calidad. El fútbol de antes era complicado porque también había injusticias, pero era un deporte con una educación diferente. Antes se jugaba más y se respetaba el contacto. Hoy apenas se puede saltar porque enseguida te pitan algo. Lo que hay que castigar son las mentiras y la provocación.

“Hay que castigar las mentiras y la provocación”

Usted llegó al Betis con 22 años. En la plantilla estaban Gordillo, Cardeñosa, Rincón, Diarte… ¿No había equipo para plantar cara a los grandes?

—También estaban Biosca, Bizcocho, Benítez, Calderón… Aquel Betis jugó en Europa un año y era un señor equipo. La Liga era más competitiva que ahora porque hoy nadie se la disputa a Madrid y Barcelona.

El Atleti la ganó en 2014 y ahora es líder a falta de 12 jornadas…

—Este año. Y todavía quedan 12 jornadas. Luego hay dos o tres equipos para clasificarse a Europa. El resto de equipos no son nada fuertes.

Gordillo ha quedado como una leyenda del fútbol español, pero parece que no se hizo justicia con Cardeñosa…

—Es evidente que Gordillo es una leyenda. A Cardeñosa le pasó factura la jugada frente a Brasil en el Mundial de 1978. No estoy de acuerdo con eso porque Cardeñosa tiene el reconocimiento de todos los que hemos compartido vestuario con él. Cardeñosa fue un gran jugador a nivel mundial, igual que lo fue Gordillo. Otro gran jugador fue Benítez. Es de los mejores que he visto técnicamente, pero no tuvo el reconocimiento que han tenido otros.

Betis 85. Cervantes, Diego, Quico, Alex, Reyes, Hadzibegic; Gabino, Parra, Calderón, Cristóbal e Ito.

Ha citado antes a Calderón. ¿Es el mejor lanzador de faltas con el que ha jugado?

—Jugué también con otros buenos lanzadores de faltas como Bengoechea o Suker. Son gente que tiene un don para eso. Las faltas que lanzaba Suker eran espectaculares.

¿Ve algún parecido futbolístico entre Gordillo y Joaquín?

—No. La entrada por banda de Gordillo era maravillosa. Hacía casi siempre la misma jugada y le salía. Joaquín es diferente porque es extremo derecho. No son parecidos, pero son dos grandes futbolistas. Joaquín todavía lo está haciendo bien.

Bilardo y Diego Rodríguez.

Joaquín tiene 39 años y sigue en activo y usted estuvo en la élite hasta los 37. ¿Cuál es el secreto?

—Antes había gente que se cuidaba y otra que no. Y ahora ocurre igual. Hoy el entrenamiento es más integral, hay más partidos… Siempre puede cuidarse uno. En el fútbol lo que se pierde con los años es la rapidez. Por ejemplo, yo en el año 90, con 30 años, pesaba 78 kilos y acabé mi carrera en 73. No puedes jugar con el mismo peso con 25 años y con 38.

En 1986, en plena trayectoria ascendente, usted se casó con la cantante Lucía. ¿Cree que su carrera se vio perjudicada por salir en las revistas del corazón?

—No, siempre tuve claro todo. Exactamente igual que cuando pasé del Betis al Sevilla. Siempre he sido consciente de las decisiones que tomo. La vida es un cúmulo de decisiones. Unas veces acertadas y otras erróneas. A mí no me afectó en absoluto. Mi exmujer tenía su trabajo y yo tenía el mío. No tenía nada que ver una cosa con la otra.

En 1988 terminó contrato con el Betis y fichó por el Sevilla. ¿Hay béticos que todavía no se lo perdonan?

—Es posible. No tengo queja ninguna con el trato que me dio la afición del Betis porque soy una persona agradecida. Entendí perfectamente que no compartieran mi traspaso al eterno rival. Me encantaba Sevilla y quería quedarme aquí.

Ese mismo año llegó Dassaev. Supongo que la adaptación de un ruso a Sevilla no debió ser nada fácil…

—Fue el primero que logró salir de la URSS durante la etapa del comunismo. Llegó con una edad y era un gran portero. Hicimos buena amistad. Tenía una seguridad tremenda. También llegó otro gran jugador como Anton Polster.

De Dassaev se recuerdan más sus dos caídas al foso de la universidad que sus paradas en el Pizjuán…

—Eso es anecdótico. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Usted también coincidió con Monchi. ¿Se podía imaginar que se convertiría en el mejor director deportivo del fútbol español?

—No. Monchi fue compañero mío muchos años. Él empezó como delegado y luego se incorporó a la secretaría técnica. Su trabajo es fantástico. Nunca me di cuenta si tenía la capacidad que ha demostrado que tiene para analizar el fútbol.

En ese equipo estaba Simeone. ¿Se le veían dotes de mando al Cholo?

—Era un futbolista aguerrido, fuerte, con mucho recorrido, que jugaba siempre al límite, se exigía muchísimo… Simeone vivía el fútbol como técnico. Tenía claro que después de retirarse haría lo que ha hecho. Prueba de ello es que sigue funcionando de la misma forma y que tiene las ideas muy claras. El Atleti es el líder y puede ser campeón de Liga.

Diego Rodríguez y Maradona.

¿Es el Bilardo del fútbol moderno?

—Sí, puede ser. El Cholo es más exigente porque exprime mucho al jugador. Se juega como se entrena. Y creo que esa filosofía la tiene y siempre la ha tenido. Era un jugador de recorrido, de llegada, duro y un tío muy visceral.

1992 fue un año de revolución en Sevilla, no sólo por la Expo, también por la llegada de Maradona. ¿Cómo recuerda aquella temporada?

—Cuando estaba en el Betis me enfrenté a Maradona, que militaba en el Barcelona, y luego fue mi compañero en el Sevilla.

¿El mejor de la historia?

—Totalmente. Fue campeón y subcampeón del Mundial, encumbró al Nápoles… Quieren quitarle mérito porque cogió el camino menos bueno, pero no podemos castigar por eso a las personas. Él se ha hecho daño a sí mismo y no le ha hecho daño a nadie. Era una buena persona.

¿Cómo era en las distancias cortas?

—Una persona muy cariñosa, accesible, amable… Nunca rehuyó a cualquier pregunta que le hiciéramos. En aquella época no estaba al 100%, pero hizo partidos impresionantes. Fue una alegría enorme el año que estuvo con nosotros. Impactaba tener a ese futbolista en tu equipo.

Cuando dice que no rehuía ningún tema… ¿él les hablaba de su problema con las drogas?

—No, pero nunca rehuía el tema. Creo que nadie es juez para juzgar a nadie. Llegó a decirnos en algunas reuniones en petit comité que no tomáramos su camino, sin nombrar nada. Obviamente sabíamos a qué se refería.

Él celebró en Sevilla su 32 cumpleaños. ¿Sus fiestas eran comparables a una noche de Feria?

—No. Él era una persona normal. Recuerdo que su cumpleaños se celebró en su casa de Simón Verde. Fuimos todos los compañeros con nuestras mujeres. Fue algo normal. También nos gustaba hacer barbacoas en la ciudad deportiva. Los argentinos son buenos cocineros. Era una persona humilde y dejó huella en el fútbol.

Bilardo les dijo que habría dos grupos: Maradona era uno y el resto otro. ¿Cómo se tomó el vestuario sus privilegios?

—No tenía privilegios. Algunas tardes sí se cambió el entrenamiento y entrenamos por la tarde. Él era uno más.

“Bilardo vivía para el fútbol las 24 horas”

Bilardo era otra personalidad única. Durante aquel año, hizo un programa de sexo en Radio Sevilla…

—Fue uno de los mejores entrenadores que he tenido y un motivador nato. Vivía el fútbol como el que más. Tenía todo preparado y siempre estudiaba a los rivales. Vivía para el fútbol las 24 horas. Él tenía todo grabado en vídeo.

Luego llegó Luis Aragonés. ¿Es el entrenador del que más has aprendido?

—Me has nombrado a dos grandes entrenadores. He aprendido de todos, pero destacaría a Víctor Espárrago. Luis Aragonés era una persona entrañable. Aquellos fueron años bonitos.

Ahora vamos con la actualidad. ¿Cómo ve el derbi que se avecina?

—Este partido tiene una parte psicológica importante. El Sevilla pasa por una mala racha después de las eliminaciones en Copa y Champions. A priori el Sevilla es superior y el favorito. No tengo ninguna duda de que el Sevilla tiene más opciones de ganar.

¿Les pesará la eliminación en Champions?

—No creo. Han tenido cinco días para descansar. En el plano anímico puede ser, pero desde el martes están pensando en el derbi. El Sevilla ahora sólo pensará en la Liga y seguramente finalizará en el cuarto puesto. El domingo estarán descansados y sabrán lo que se juegan.

Haaland ha sido el jugador más destacado del Dortmund en la eliminatoria. ¿Cómo se le defiende?

—Es difícil. Tiene un físico privilegiado, una coordinación impropia de un jugador con tanta altura, le pega con las dos piernas, remata bien de cabeza… Hay que estar cerca de él y evitar que se dé la vuelta. Si le das margen y espacio, estás muerto. Va a ser el mejor delantero del mundo.

¿Qué valoración hace del trabajo de Lopetegui?

—Está haciendo un trabajo excepcional. No es sencillo disputar tres competiciones, gestionar la plantilla, adaptarse al coronavirus… Fueron eliminados de Champions, pero la imagen que dieron es para estar orgulloso. Le pongo un notable alto a su gestión. El objetivo es estar en Champions el año que viene.

¿Y de Pellegrini?

—Es un gran entrenador. Me recuerda muchísimo a Vicente Cantatore: tranquilo, sereno y nunca se altera. El Betis ha tenido momentos complicados y ha sabido salir. Ahora están en una buena racha.

¿Quién tiene más cuerda, Joaquín o Navas?

—Nadie se va del fútbol. Ellos son los que tienen que pensar si les merece la pena seguir para jugar 30 o 40 minutos. Navas tiene ya 36 años y ha tenido molestias este año. Está rindiendo bastante bien y tiene su mérito. Son dos jugadores extraordinarios.

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