Más allá de la actuación del árbitro De Burgos Bengoetxea, el partido entre el Barcelona y el Sevilla ha puesto de manifiesto algunas contradicciones del reglamento que son fuente de polémica permanente. Está asumido que en las reglas del fútbol hay un espacio para la interpretación arbitral, dado que es imposible contemplar todas las situaciones que se pueden dar en un partido. Sin embargo, se suele pasar por alto que la redacción del reglamento, retórica hasta lo insoportable, no define con claridad ciertas reglas. Una de ellas es la infracción por mano en caso de rebote. Sólo así se puede explicar que doctos colegiados defiendan una tesis y la contraria a la hora de juzgar la mano de Lenglet. La confusión también afecta a la sanción que merece Mingueza por su penalti a Ocampos.

En la Regla 12 del reglamento de la FIFA (faltas y conducta incorrecta) se establecen las infracciones por mano. En ese epígrafe se describen las manos conocidas y que no admiten discusión (las voluntarias o las que propician un gol) y otras más difusas:

“Cometerá infracción el jugador que toque el balón con la mano o el brazo cuando se sitúen por encima de la altura del hombro o más allá de este, a menos que se juegue primero el balón de manera voluntaria con otra parte del cuerpo, y luego toque este en la mano el brazo”. Según se desprende de esta excepción, no habrá infracción por mano si un futbolista hace un mal control y el balón le pega un brazo, aunque lo tenga separado del cuerpo. ¿Ni siquiera si está dentro del área? ¿Ni siquiera si al tocar en su brazo evita un gol?

El desbarajuste aumenta en el siguiente párrafo: “Estas infracciones se considerarán como tales incluso en el caso de que el balón toque en la mano o el brazo el jugador tras haber rebotado en la cabeza, el cuerpo o el pie de dicho jugador o de otro que estuviera cerca del primero”. Es decir, que los rebotes son mano…

El asunto estaría claro si no se negara a continuación: “Excepto en las infracciones mencionadas no se considerará infracción cuando el balón toque en la mano o el brazo si proviene directamente de la cabeza o el cuerpo (incluido el pie) del propio jugador o si proviene directamente de la cabeza o el cuerpo (incluido el pie) de otro jugador”.

¿Cómo juzgar entonces la mano de Lenglet? ¿Cómo un rebote sancionable o cómo un balón que proviene del cuerpo del propio jugador y que no es punible según la última regla enunciada?

El criterio más lógico sería sancionar aquellas manos involuntarias que, por estar separadas del cuerpo de forma exageradamente antinatural, invaden un espacio que no les corresponde e interrumpen el juego o permiten sacar ventaja. El ejemplo más claro es el de Míchel Salgado, disculpen la referencia viejuna. Míchel era un lateral que cubría los centros desde banda con los brazos abiertos. Es evidente que invadía espacio y que sacaba ventaja. ¿Fue de esa clase la mano de Lenglet? No lo parece.

La tarjeta que no vio Mingueza y que sí debió ver es otra acción envuelta en la nebulosa reglamentaria. Entramos aquí en la dichosa zona DOGSO (Denying and obvius goal socring opportunity). Las faltas cometidas en esta zona (resultante de conectar los picos de las áreas pequeñas con las grandes y de prolongar la vertical de las áreas grandes hasta el centro del campo) y que entran en la categoría de ocasiones manifiestas de gol deben ser sancionadas con tarjeta roja si son fuera del área de penalti y con tarjeta amarilla si son dentro (se evita así el triple castigo: penalti, expulsión y sanción). Si Mingueza hubiera cometido el penalti escorado dos metros hacia la derecha se hubiera librado de la tarjeta por no estar en la zona DOGSO y por encontrarse en disputa de la pelota, lo que hubiera cambiado la categoría de la acción, que habría pasado a ser un “ataque prometedor” (rango inferior a la ocasión manifiesta). Pero no tomen apuntes porque esta regla también está negada por otra “Todas aquellas infracciones (no sólo las faltas) en las que se interfiere un ataque prometedor o se acaba evitando se sancionarán con tarjeta amarilla”.

Igualmente fueron discutidas unas manos de Ocampos dentro de su área tras tiro de Messi. El sevillista estaba cayendo y el balón parece golpear en un brazo que tiene apoyado en el césped, lo que nos lleva a otra regla incomprensible. Según su enunciado, para que en este caso no exista infracción por mano “el brazo no debe estar alejado del cuerpo hacia un lado o en vertical”. ¿Qué diablos significa esto? En principio, si un jugador se cae tiene difícil controlar la posición de sus brazos… ¿Se penalizan sólo las malas caídas? ¿Cómo se aleja en vertical un brazo apoyado en el suelo?

Las últimas modificaciones del reglamento impuestas por la International Board (el club Pickwick del fútbol) han ayudado poco a la comprensión de reglas que ya estaban asumidas (mano voluntaria o involuntaria). Sin embargo, el problema no radica tanto en las correcciones como en el cuerpo mismo de la ley, redactado con una grandilocuencia y una pomposidad que dificultan la compresión de un juego que, en esencia, es bastante sencillo.

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