Salvo que su conocimiento de la geografía española sea comparable al de Rajoy, es difícil que conozcan mi pueblo, Alcalá de Guadaíra. Es el segundo municipio más grande de Sevilla, por detrás de Dos Hermanas. Nunca hemos gozado de mucha celebridad; en los últimos tiempos sólo tristemente durante la estancia de Isabel Pantoja en la cárcel de mujeres. Antes del ingreso en prisión de la prestigiosa cantante, un campeón del mundo como Bilardo pasó por Alcalá. Fue durante su etapa en el Sevilla, en 1993.

Bilardo dio una conferencia en el auditorio de los servicios sociales. Llegó a Alcalá en el Seat Ibiza de Florencio Ordóñez, responsable de la información del Betis en la SER, y junto al Maestro Araújo, que actuó como presentador en el acto. El argentino contó con unos anfitriones inmejorables, ambos alcalareños. La charla ya prometía antes de empezar. Durante el trayecto en coche, Bilardo se persignaba cada vez que veía una iglesia o un crucifijo.

La conferencia fue muy amena. Bilardo no se presentó con las manos vacías: llevó una bolsa de deporte llena de cintas de vídeo con las que acompañó su exposición. En una de ellas, apareció un chico de 16 años con melena y buen toque de balón. El doctor preguntó a la gente si lo conocía. Ante el silencio de los asistentes, les contó que era Fernando Redondo, al que había convocado para entrenar con la selección argentina antes del Mundial de 1986. «Luego dirán que es Valdano el que lo ha descubierto…”.

Varios de los asistentes destacaron su cercanía y sencillez. Bilardo narró las dificultades para prosperar en los suburbios argentinos. Además, afirmó que los futbolistas tienen que ser primero personas y destacó sus privilegios, algo que explicó con una anécdota. “Cuando entrenaba en Argentina, los jugadores se quejaban mucho y eran unos vagos. Y yo siempre les decía que eran unos privilegiados. Para que lo entendieran, los desperté un día a las cinco de la mañana y los llevé a la estación de metro más importante de Buenos Aires. Se quedaron sorprendidos cuando vieron toda la gente que se movía a esa hora para ir a trabajar. Les hice ver que eran unos afortunados, que hay gente que lleva trabajando varias horas cuando ellos se despiertan».

Bilardo comenzó su intervención a las diez de la noche y a la una de la madrugada seguía hablando, hasta que le indicaron que era la hora de echar el cierre. Todavía lo recuerdan en Alcalá de Guadaíra y todavía lo cuenta el Maestro Araújo a quien le pregunta…

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