Su nombre ha pasado desapercibido demasiado tiempo. Pero ha sido en el silencio desolador de los estadios vacíos cuando el fantasma se ha vuelto a manifestar. Lo han oído en más de un partido, por más que no lo hayan identificado. “¡Kiricocho! ¡Kiricocho!”. Como si de un SOS se tratara. Y algo de alerta tiene o de grito desesperado. Pero las ramificaciones de su existencia van más allá de la plegaria o el mal fario, según corresponda. Los últimos en invocar a Kiricocho han sido un noruego y un marroquí en un partido disputado en Dortmund. Eso le soltó Haaland a Bono justo antes de lanzar su segundo penalti. Así de universal es nuestro protagonista, casi tanto como su creador, Carlos Salvador Bilardo.

El Borussia Dortmund ganaba 1-0 al Sevilla en el partido de vuelta de los octavos de final de la Champions. En ese momento, el colegiado Cüneyt Çakir, señalaba penalti a favor de los alemanes y Erling Braut Haaland se disponía a lanzarlo. Justo antes del golpeo una voz retumbó en el antiguo WestfalenStadion: ¡Kiricocho!, gritó hasta tres veces Bono. Acto seguido su estirada evitó que el noruego pusiera el 2-0 en el marcador. Pero entonces Çakir mandó repetir el penalti. El portero sevillista se había adelantado y Haaland se relamía ante una nueva oportunidad. El killer dio buena muestra de lo rápido que es también de entendederas y antes de golpear al balón repitió la palabra mágica: “¡Kiricocho!”, y marcó. “ No tengo ni idea de lo que le grité, le dije lo mismo que me había dicho él. No sé qué significa”.

Carlos Bilardo, el ‘padre’ de Kiricocho

Para entender esta historia hay que viajar en el tiempo hasta el verano de 1982. Salvador Bilardo vuelve al rescate de su Estudiantes de La Plata por tercera vez. Y es en esa ocasión cuando descubre a un personaje peculiar y amigable a partes iguales en las instalaciones de los Pincharratas. “Kiricocho era un hincha de Estudiantes que acudía habitualmente a los entrenamientos del equipo. Cada vez que eso pasaba sucedía alguna desgracia en forma de lesión de algún futbolista”, le contó David Mosquera a los compañeros de El Día Después. Esa fama también llegó a oídos de Bilardo, que lejos de expulsarlo o prohibirle la entrada al club, intentó dar la vuelta a la situación.

Así que el técnico, un fanático de la cábala, habló con Kiricocho y le dijo que a partir de ese momento iba a ser el encargado de recibir a los equipos rivales que rendían visita al Estadio Jorge Luis Hirschi de La Plata. Kiricocho daba la mano a unos, una palmadita en la espalda a otros, los guíaba en sus primeros pasos por el estadio e incluso les abría las puertas del vestuario. El efecto fue inmediato y esa temporada Estudiantes de La Plata se proclamó Campeón del Torneo Metropolitano perdiendo un único partido en casa…

¿Y dónde estaba Kiricocho el día que el equipo de Bilardo perdió contra Boca? En el estadio, aunque no pudo ejercer su labor. Boca Juniors se desplazó hasta La Plata el 14 de noviembre de 1982 para disputar el partido correspondiente a la vigésimo cuarta jornada. Los bosteros eran el único equipo argentino que en sus desplazamientos llevaba seguridad privada, lo que impidió el ritual de Kiricocho, que ese día no pudo recibir a los rivales. Boca ganó 1-2. Tras aquel torneo, Bilardo tomaría las riendas de la selección nacional y Kiricocho se quedó en La Plata.

Cruzar el charco

Diez años después de aquel campeonato con Estudiantes, Bilardo aterrizó en Sevilla. Allí se reencontró con Kiricocho. Bilardo reconoció que había oído su nombre en la “platea” del Sánchez Pizjuán. Maradona y Simeone completaban la conexión argentina de ese equipo. “Cuando fui a España a dirigir al Sevilla nos pitaron un penal en contra y escuché atrás mío que alguien susurraba: “Kiricocho, Kiricocho…”. No lo podía creer, hasta que el Cholo y Diego me contaron que ellos lo habían dicho un par de veces y el resto lo aprendió. ¡En Europa! Parece mentira pero vos decís ‘Kiricocho’ ¡Y fallan!”. La superstición en una ciudad tan pasional como espiritual prendió rápido. Pepe Prieto, defensa central de ese equipo, confirma la presencia de Kiricocho: “Se empezó a oír por todas partes, en los entrenamientos, en los partidos y hasta en situaciones que nadie imaginaba, hasta cuando jugábamos a las cartas, para mufar o gafar a los rivales”. Y como la cosa funcionaba, se convirtió en un hábito.

El hábito se extendió a otros equipos y fue pasando de generación en generación. Todo un campeón del mundo como Joan Capdevilla reconoció que pronunció el nombre del famoso aficionado de Estudiantes de La Plata justo antes de que Robben chutara solo frente a Casillas en el Mundial de Sudáfrica. El segundo entrenador de Manuel Pellegrini, Rubén Cousillas, lo decía cuando ocupaban el banquillo del Real Madrid. El grito se ha escuchado también antes de algún penalti de Messi, en varios partidos del Atlético de Madrid de Simeone y hasta en la selección francesa, actual campeona del mundo. Hace una semana, Kiricocho campó a sus anchas por el Westfalenstadion… No hay fronteras para la mufa.

El Doctor Bilardo volvió a sentarse en el banquillo de Estudiantes en 2003, en lo que fue su última aventura como técnico. Nada más llegar preguntó por su viejo amigo: “Kiricocho era un buen pibe pero cuando me fui ya no lo ví más. La última vez que estuve dirigiendo a Estudiantes pregunté por él y nadie sabía nada”.

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