La primera ciudad española que descubrió José Luis Zalazar (Montevideo, Uruguay, 1963) fue Cádiz. Tan buena fue la acogida que le hicieron Mágico, Juan José y el resto de los compañeros que quiso quedarse. Sin embargo, el club no pudo acometer su fichaje. Tras un año nefasto en el Espanyol, recaló en el Albacete en Segunda, donde conoció a Benito Floro. Los manchegos pasaron en tres años de Segunda B a quedarse a un punto de la UEFA. Zalazar fue uno de los estandartes del inolvidable Queso Mecánico. Actualmente es representante de futbolistas en la agencia IS Sports.

El año pasado se cumplieron 30 años de su fichaje por el Albacete. No sé si usted lo celebró de alguna manera. O si fue el Albacete quien hizo fiesta. Usted es uno de los mejores jugadores de la historia del club…

—Fiesta poca por la situación (risas). Esa fecha está grabada a fuego en mi recuerdo porque fichar por el Albacete fue una de mis mejores decisiones. Llegué nuevo al club y salió todo bien. Gracias al cuerpo técnico, a los compañeros y a la afición. Siempre les voy a estar muy agradecido.

¿Cuál era la clave de aquel equipo?

—Era un buen vestuario y estaba muy unido. Teníamos un grandísimo entrenador que estaba adelantado a su época. Sus métodos de trabajo eran espectaculares. Además, la plantilla confiaba mucho en Benito Floro y eso fue lo más grande que le pasó al club. El vestuario era muy noble y tenía mucha gente de la casa.

“Benito Floro fue lo mejor que me ha pasado en mi carrera”

¿Tan diferente era Floro al resto de entrenadores? ¿Qué aprendió usted de él?

—Yo aprendí de muchos entrenadores porque en Uruguay tuve la suerte de ser entrenado por grandísimos profesionales durante mi formación. Víctor Espárrago fue espectacular, también Marcos Alonso, Julián Rubio… De todos los entrenadores se aprende. Sin embargo, Benito (Floro) fue un adelantado. Fue lo mejor que me ha pasado en mi carrera. Yo me adapté muchísimo a sus exigencias, pero el sistema de Floro era fenomenal para mí.

Floro introdujo la figura del psicólogo. ¿Cómo se lo tomó el vestuario?

—Emilio Lamparero fue nuestro psicólogo. Era un fenómeno en lo personal y en lo profesional. Al principio fue una novedad para nosotros y nos tuvimos que adaptar. Nos costó en el comienzo, pero el psicólogo fue fundamental para relajarnos. Cuando teníamos algún problema lo hablábamos con él.

¿Tanta es la presión que soporta un jugador de fútbol para tener que hacer terapia?

—El desgaste es importante porque el fútbol no es fácil. Dicen que los futbolistas ganan mucho dinero, viven con comodidad… Yo, sin embargo, no lo veo así. La presión es muy grande porque estás al máximo nivel. Además, tu estado de ánimo y la confianza que tengas es fundamental para asumir los retos. Hay equipos cuyo objetivo es la permanencia, como aquel Albacete, y aquello era una angustia: no dormías por la noche. Tienes que aprender a vivir con esa presión. Y no es tan fácil como la gente cree.

«Floro nos hacía correr diez minutos después de cada partido»

Floro también vigilaba el peso de los jugadores

—Sí, estaba muy pendiente de la alimentación y el peso. Después de los partidos nos hacía correr diez minutos, teníamos que darnos baños y masajes… Tras los partidos querías irte a tu casa, pero estábamos hasta las once en el vestuario. Era algo terrible. Por eso fue un adelantado.

¿Aquel Albacete jugaba de memoria?

—No sé si de memoria, pero era un equipo muy trabajado. El equipo sabía qué debía hacer en cada momento del partido y tenía las ideas claras. Y lo más importante: la plantilla creía en el entrenador. Eso es lo más relevante para un equipo. Cuando un jugador no escucha con la atención que debe al técnico, algo falla.

Usted llegó al Albacete cuando el equipo estaba en Segunda. ¿Se podía imaginar entonces que acabarían peleando con los mejores equipos de Primera?

—Cuando llegué, el equipo venía de hacer una gran temporada en Segunda B. El Albacete fue líder absoluto, goleó y la gente disfrutó con el juego. Yo me encontré con un equipo que generaba incertidumbre porque no se sabía cómo iba a ser su rendimiento en Segunda. Yo venía del Espanyol, donde las cosas no me fueron bien, y pensé que si acumulaba otra temporada sin estar bien en Europa ya serían demasiadas. Estuve preocupado al principio, pero, en cuanto comencé a entrenar y jugamos los amistosos de pretemporada me di cuenta de que mi decisión había sido la mejor. En los primeros partidos en Segunda se vio claro a qué jugaba el equipo. Logramos ascender, algo que fue muy importante tanto para el club como para la ciudad.

«NO JUGUÉ EN UN GRANDE, PERO JUGUÉ EN EL ALBACETE, QUE ME DIO A CONOCER A NIVEL MUNDIAL»

¿No se interesó ningún club grande por usted tras su rendimiento en el Albacete?

—Dijeron en su momento que el Atlético de Madrid. También el Madrid, cuando ficharon a Floro. No sé. Estuve muy bien en Albacete y eso sólo fueron rumores. Fui feliz durante mi carrera y no me olvido del Racing porque el año que estuve allí fue espectacular. No jugué en un grande, es verdad, pero jugué en el Albacete y eso me dio a conocer a nivel mundial.

En su paso por el Albacete usted marcó 72 goles en Liga, casi todos con chutazos de falta o incluso desde campo propio. ¿Cómo conseguía chutar tan fuerte? ¿Se puede aprender a chutar fuerte?

—La potencia la traes, pero la técnica la perfeccionas día a día. Esa era una de las cualidades más importantes de mi juego. Durante la semana, tenía que perfeccionar la técnica y entrenarla. Todos los viernes golpeaba 40 o 50 veces porque ensayábamos las jugadas de estrategia. Siempre estaba en contacto con el balón en los entrenamientos.

«Los saques de banda ensayados ya los hacía Floro en los 90»

Su tiro no tenía nada que envidiarle al de Roberto Carlos. ¿Conoce alguien que le haya pegado más fuerte?

—Roberto Carlos le pegaba fuerte, Koeman golpeaba muy bien… En esta época diría Cristiano. Son jugadores que golpean bien y que tienen buena técnica de regate. Eso lo suelen aprovechar y le sacan rendimiento. Esas jugadas son la consecuencia del trabajo diario que hacen.

Floro insistía mucho en las jugadas ensayadas…

—Teníamos una jugada ensayada de saque de banda y todos se reían. Hacíamos señas. Ahora el Liverpool tiene un entrenador dedicado a las jugadas de estrategia y se centra mucho en los saques de banda. Floro ya lo hizo en los 90. Gracias a esas jugadas, llegábamos con más facilidad a la portería contraria. Aquellas jugadas nos dieron muchísimo resultado.

En el Albacete coincidió con Etcheverry. ¿Por qué no triunfó?

—Los primeros meses fue importantísimo para nosotros. Llegó y era un espectáculo. No se cuidó mucho físicamente y el técnico dejó de contar con él. Cuando un jugador no tiene confianza, o no se ve con la confianza del entrenador, se va apagando. Eso fue lo que le pasó a él.

«Mágico no supo aprovechar las grandes cualidades que le dio Dios»

No todos recuerdan que usted llegó a España para jugar en el Cádiz de Mágico, Juan José, Carmelo… ¿También piensa que Mágico estuvo a la altura de Maradona?

—Sí, sin duda. Los que tuvimos la oportunidad de estar día a día con él sabemos que era un espectáculo. Maradona, que en paz descanse, dijo que era mejor que él. Cuando ves a Kiko hablar de Mágico sabes lo que fue como jugador. Era un superdotado, pero los genios tienen esas cosas. Mágico no supo aprovechar las grandes cualidades que le dio Dios.

¿Cómo recuerda su etapa en Cádiz?

—Allí me trataron fenomenal. Además, coincidí con compañeros increíbles. Aquella fue la primera vez que yo salí a Europa y los veteranos me enseñaron mucho. Me lo pasé fenomenal, pero me marché con tristeza por no haber jugado más tiempo en el Cádiz. Era un club peculiar y un lugar donde el fútbol se vive de una manera especial. Me encantó todo de Cádiz: su manera de vivir, su pasión por el fútbol… No hay mejor manera de describirlo.

¿Por qué se marchó al Espanyol?

—Porque yo estaba cedido en el Cádiz y ellos no pudieron ficharme.

¿Cómo era Víctor Espárrago como entrenador?

—Muy bueno, exigente y serio. Tenía las ideas muy claras y era un gran profesional. Es una gran persona y un gran amigo. Gracias a él vine a Europa porque él me trajo al Cádiz. En el trato personal era una persona muy correcta y no se casaba con nadie. Siempre decía que jugaban los que se habían preparado durante la semana.

Usted se dio a conocer en Peñarol. Allí coincidió con Fernando Morena, el máximo goleador del campeonato uruguayo. ¿Era tan bueno como Luis Suárez?

—Suárez es una bestia del área, pero Fernando era terrible. Fue un fenómeno porque marcó goles en River, Peñarol, Rayo Vallecano y Valencia. De hecho, es el máximo goleador de la historia de Peñarol. Tuve la suerte de jugar con él. Recuerdo que vivía por y para el fútbol. Cuando volvió de Europa, yo estaba empezando en Peñarol y me enseñó muchísimo.

¿Por qué es tan competitivo el futbolista uruguayo?

—Nacemos siendo competitivos. A los cuatro o cinco años competimos en el baby fútbol (fútbol cinco). No sólo competimos nosotros, también los padres y los espectadores. Los niños no sólo tienen que divertirse, también tienen que competir.

En la selección jugó con Enzo Francescoli, el ídolo de Zidane. En España no pudimos disfrutarlo y nos preguntamos si era tan bueno como dicen…

—Sí, fue un grande. Francescoli no sólo destacó en Uruguay y en la selección, también en París, River, Cagliari… Fue un fenómeno del fútbol. Tenía un talento descomunal. Cuando empezó en el fútbol uruguayo, se veía que era un jugador para Europa.

En el Mundial de 1986 se enfrentaron a Argentina y se lo pusieron difícil. De hecho, Maradona dijo que fue el partido más complicado que afrontaron…

—Los enfrentamientos entre Uruguay y Argentina siempre son duros y bruscos. A pesar de que Uruguay se clasificó como uno de los mejores terceros, se lo pusimos difícil. Nos ganaron con un gol de Pasculli. Lógicamente nos costó tras encajar aquel tanto. Uruguay tenía un equipazo: Francescoli, Rubén Paz, Diogo, Nelson Gutiérrez, Bossio

¿Le sorprendió el nivel de Dinamarca en ese Mundial?

—Muchísimo. En ese partido debuté y jugué 35 minutos. Tenían mucha calidad y estaban muy bien, hasta que España los cogió y les bajaron los humos.

¿Fue el Maradona de México el mejor jugador de la historia?

—Por supuesto.

¿Superior a Messi?

—Messi es el mejor en esta época, pero Maradona se puso un equipo al hombro y ganó el Mundial. Exactamente igual hizo con el Nápoles: ganaron dos Ligas, una Copa, una Supercopa y una UEFA. Maradona y Messi son los mejores futbolistas que vi en mi carrera deportiva.

Ahora usted es representante de futbolistas. ¿Tiene alguna perla en la que debamos fijarnos?

Carlos Neva, Antoñín… También tenemos chicos que se están labrando un futuro. Tratamos de ayudarlos para que puedan ser jugadores importantes.

¿Están sobreprotegidos los jugadores actualmente? 

—No. Los futbolistas son personajes públicos que tiene mucha gente por detrás. Cuando estás una ciudad y dependen de ti para que el equipo se mantenga en Primera, hay mucha presión. No es que estén sobreprotegidos, es que deben tener la libertad para estar tranquilos.

Usted tiene hijos que también juegan. ¿Le pegan tan duro como su padre?

—El del Valladolid (José Luis) no tiene tanta potencia, pero sí es muy técnico. En cambio, el que está en Alemania (Rodrigo) sí que la golpea fuerte. Están haciendo su carrera y están aprendiendo.

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