Había pasado toda la primera parte y era evidente que el Barça aún estaba con la cabeza puesta en los baños de realidad frente al Sevilla, primero, y el PSG, después. Los síntomas eran evidentes: el Elche contraatacaba y Pjanic, jubilado de oro en la costa mediterránea, bajaba andando. Trincao volvía a ser ese fichaje sospechoso que ha sido toda la temporada. Y el peor de todos: ver a Messi ir a buscar el balón al centro del campo.

Nota aclaratoria: el Elche ascendió la temporada pasada como sexto clasificado de la Segunda División. Un Elche que, como todos los equipos que juegan contra el Barça este año, además tenía sus oportunidades. A diferencia de la mayoría de esos equipos, no las aprovechó. La única sensación que transmitía el equipo era tal languidez, abatimiento y falta de vigor, que si Tusquets mañana anunciase en rueda de prensa que el equipo no se presentará en el partido de vuelta en París, muchos aficionados culés firmarían ese “honroso” 3 a 0 de los despachos. El equipo volvía a los peores momentos del setienismo y, por primera vez desde el cruyffismo, la sensación era que las medidas del Camp Nou se le hacían demasiado grandes. Para colmo, ni siquiera estaba el comodín francés a quien echar la culpa.

Las críticas tomaban ya el puente aéreo intercontinental: era tal el grado de argentinización del Barça que hasta varios de sus aficionados comenzaban a pronunciar la “elle” como “esshe”, se empachaban de dulce de leche y empezaban a girarse hacia el buque insignia de su equipo. Olvidan que Argentina, sin Messi, no habría jugado el último Mundial. Y que, probablemente, el Barça sin él estaría jugando este jueves el partido de vuelta de los dieciseisavos de final de la Europa League. Cierto es que llevaba unos días al nivel del resto del equipo, muy plano, pero tras tres lustros saliendo al rescate aún espera poder tomarse un partido de descanso y que lo resuelva otro. Pero no, sigue siendo el único que marca las diferencias. Nuevamente tuvo que acallar a los infieles: jugada individual, pared con Barry White (taconazo incluido) y, por supuesto, pichichi de la Liga. Resultaba inevitable pensar que Antoine hubiera hecho la pared en dirección contraria. Porque con El Hombre Gris valen hasta las críticas a priori.

Antes de que al Elche le diera por probar suerte de nuevo, una arrancada de De-Jong-Del-Willem II acabó con una asistencia a Messi. D10S fue capaz de demostrar que sí, que también se puede jugar andando dentro del área pequeña. Parece que ha decidido dejar de chutar a la primera y que se las paren: su próximo objetivo es intentar meterse en la portería con el balón. Para recordarnos que ÉL juega a otra cosa. Tal vez no pueda dar clases de economía, como el buen arruinaclubes que es, pero lo que es lecciones de definición…

Con el partido sentenciado, o lo que es lo mismo, no tener que mirar por el retrovisor al Villarreal o a la Real Sociedad, Barry White reclamó su cuota de protagonismo con una segunda asistencia que aprovechó Jordi Alba. La salida de Griezmann al campo y su enésima exhibición de errores y ridículos remates, confirmó que ya ni siquiera mejora al danés. Las pre-críticas antes de que salga a jugar están totalmente justificadas. Sacrifíquenlo ya, que no sufra más.

Pese a la indignante primera parte, el partido concluía con status de “goleada”. Acaso para que los más acérrimos cules “sueñen” que con ese resultado se puede remontar en Copa y meter el miedo en el cuerpo al PSG. Un, dos, tres: despierten.

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