Hace unos años, Florentino Pérez se dio cuenta de que su política de grandes fichajes era imposible de mantener con la economía actual y la inflación del mercado. Su respuesta fue dar un giro de 180 grados en su estrategia: dejó de fichar Balones de Oro y fue a buscarlos a la cuna. Intentar fichar a los Neymar o Mbappé del momento lleva a embarcarse en operaciones carísimas y de altísimo riesgo para la viabilidad de un proyecto económico serio.

Así que el Madrid se puso a buscar talento emergente, futbolistas jóvenes, en categorías sub-21 o inferiores, que no supusiesen grandes dispendios y pudiesen ser los cracks del futuro. Esa política de fichajes tiene un riesgo que se asumió: el 70 u 80 % no llegarían a ser lo que se esperaba de ellos. Eso sí, si el 20 o 30% restante se afianzaba en la primera plantilla, la idea resultaría un éxito.

El problema es que el plan se puso en manos de un entrenador que nunca ha destacado por su manejo de los jóvenes ni por ayudar a su crecimiento. Ni lo hizo en el Castilla, ni tampoco en sus tres temporadas exitosas, cuando conquistó tres Champions y una Liga; en este último periodo no logró asentar a ningún joven jugador en su once inicial.

A día de hoy, y por diferentes razones, un buen número de jóvenes talentos parece que se han ido por el desagüe. Y los aficionados no entienden muy bien qué está pasando. Unos, los que no miran a la economía, culpan al presidente por cambiar una filosofía que era ganadora. En este sentido, hablan del error de no fichar a Joao Félix (120 millones pagó el Atleti) o a Bruno Fernandes (80 millones pagó el United). Otros señalan a la secretaría técnica, responsable de los fichajes de Rodrygo, Vinicius y Reinier (120 millones entre los tres: 45+45+30), Jovic (60 millones) o Militao (50 millones). Entretanto, se dejó escapar a Haaland (45 millones pagó el Dortmund). Y no faltan los que señalan a un entrenador, Zidane, que evidencia partido tras partido su preferencia por los veteranos y su falta de tacto y de capacidad para hacer progresar a los jóvenes.

La realidad es que después de las tres Champions, el Madrid debió hacer un trabajo de reforma: tenía un notable once inicial, pero estaba obligado a ir dando un giro tanto en nombres como en estilo de juego. Con los nombres no se acertó, pero con el estilo tampoco y puede que esa renuncia a buscar otras soluciones tácticas también sea causa del fracaso de muchos de los jóvenes fichajes.

Viendo jugar al Madrid es fácil percatarse de la falta de velocidad en la circulación del balón. La misma lentitud afecta al ritmo de juego. Da la sensación de que hay unos jugadores como Valverde, Vinicius, Mendy, Rodrygo, Mariano, Jovic y Odegaard que se encontrarían más cómodos con un ritmo más alto. Al mismo tiempo, hay otros como Ramos, Kroos, Modric, Benzema y Casemiro — añadamos a Marcelo e Isco cuando juegan— que prefieren ese fútbol lento y de control, el mismo que respalda el entrenador.

Hay tres ejemplos especialmente significativos: Vinicius, Valverde y Odegaard. Con Solari, el brasileño se reveló como un futbolista eléctrico, potente, rápido, valiente y atrevido. Es verdad que había que pulir sus últimos toques, pero tenía 18 años. Dos temporadas después, Vinicius ha desaparecido y en cada partido que juega, ya sea de titular o como revulsivo, es más un problema que una solución.

Valverde fue la aparición más esperanzadora del año pasado. Un jugador total, un box to box al que llegamos a comparar con el gran Steven Gerrard. Trabajador, con carácter defensivo y una más que interesante circulación de balón. De ese futbolista que impresionó apenas queda nada este año, eclipsado por un buen Modric al que Zidane exprime. 

Odegaard ha sido la última víctima. La temporada pasada fue el mejor interior derecho de la Liga y una de las estrellas una Real Sociedad brillante, donde Imanol le entregó la llave del futbol ofensivo de los donostiarras.

El Madrid tenía un plan de futuro con nombres como Ceballos, Theo, Vallejo, Odriozola, Diego Llorente, Hermoso, Marcos Llorente, Asensio, Lunin, Brahim, Kubo, Mayoral, Reguilón, Achraf, Baeza, Rodrygo, Vinicius, Reinier y Oscar. Unos han sido vendidos y otros cedidos. Y de los que están en la plantilla, ninguno es titular. La progresión de la mayoría pinta mal. ¿La culpa? Cada uno que señale a quien le parezca oportuno, pero la realidad es que el futuro del Madrid parece cada vez más lejano.  

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