Aunque hoy sí hubo justicia para el Barça. Y eso que, a dos minutos del final, el titular estaba claro: “Terremoto de intensidad 2.0 en Granada”. Porque corría el minuto 88 y la Copa se quedaba sin su Rey por obra y gracia de un cúmulo de errores y desgracias en clave blaugrana: tras 17 corners a favor, 3 tiros a los palos, 2 paradas levyashinescas de Aaron y casi un 70% de posesión el marcador reflejaba un sorprendente 2 a 0 para los locales, que se habían limitado a encerrarse bien atrás y a esperar los horrores (no hay errata) defensivos de algún defensa azulgrana. Ya le había tocado esta temporada hacer el regalo a Alba, a Mingueza, a Araujo y a Lenglet. Turno para Umtiti que no quiso perder el tiempo: aprovechó su primera titularidad para no ser menos que sus compañeros. Balón rifado en el área y Kennedy agradece el obsequio para adelantar a su equipo. No contento con su error, apenas comenzada la segunda parte, Samuel confirmó que su traspaso a la MLS debería ser cuestión de horas. Que un veterano como Soldado (34 años) te saque todos los colores del arco iris en una carrera, provoca sudores fríos si le toca jugar dentro de ds semanas contra Mbappé arrancando una y otra vez.

Dos errores que dejaban, además de un injusto 2-0, absolutamente descolocados a los barcelonistas. Sobre todo porque, hasta ese momento, habían dado la misma sensación de superioridad que en el 0-4 de hacía apenas un mes. Pero hoy sin resolución de cara a puerta. Esa es la otra cuestión ya repetitiva esta temporada junto a las fanfarrias defensivas. Las prisas, siempre malas, parecieron apoderarse de los culés: la defensa andaluza parecía más sólida a cada minuto que avanzaba el cronómetro.

Por suerte, a la hora de partido, Q-Man decidió que ya no podía seguir dando tanta ventaja al Granada: jugar con dos hombres más era demasiado. Así que retiró al ex defensa francés y a un señor que había ido a Granada para hacer un casting en una película de época sobre Gustavo Adolfo Becquer (Trincao). Se ve que, al no quedar seleccionado en la prueba, probó suerte haciendo un cameo el mismo día como futbolista azulgrana. Tampoco pasó la prueba. Las entradas de Barry White y Dembelé fueron un “toque a rebato” del holandés, como una señal para avisar de la catástrofe o peligro inminente: nadaplete a la vista. El tramo final del partido se convertía en un quiero y no puedo azulgrana: poco se les podía reprochar en cuanto a actitud e intensidad, mucho en la falta de ideas y creatividad.

Todo, todo parecía perdido. Pero cuando menos se esperaba, apareció El Hombre Gris, casi Invisible hasta ese momento. En su única intervención hasta ese instante, su chilena desviada por Aaron, fue un despertar. O un aviso: estaba ensayando el escorzo que haría para llegar a un balón que iba a ninguna parte. 2-0 y partido casi terminado. Uno esperaba que Antoine se dejase ir, como siempre. Pero no: su extraño remate sorprendió tanto a Aaron que éste acabó por meterse el balón en propia puerta. La confianza local se derrumbó como un castillo de naipes: los propios jugadores granadinos estaban más convencidos que los azulgrana de que el Barça acabaría empatando. Y así fue: apenas tres minutos después, El Hombre Gris volvía a renacer de sus cenizas para poner el balón en la cabeza de Jordi Alba. Cual último sultán nazarí, “lloraba el Granada como mujer, el 2-0 que no supo defender como hombre”. Porque a esas alturas ya nadie dudaba de que en la prórroga sería presa fácil de un Barcelona lanzado y reforzado por Riqui ENP, especializado ya en jugar prórrogas: la cuarta en lo poco que va de año. Además, la superioridad física del Barça era evidente y tenía poco de casual: hasta seis jugadores azulgrana no superaban los 23 años.

Ante la falta de gol de su socio, Jordi Alba se convenció de que era hora de intentar buscar un nuevo aliado: invirtió los papeles y esta vez puso él el balón en la cabeza de un Griezmann desatado. Se estaba viendo más al francés en 18 minutos que en los 18 meses anteriores de azulgrana.

¿Partido sentenciado? No, porque ni por esas bajó los brazos el Granada que, pese a su clara inferioridad técnica y física, aprovechó una lipotimia de Carlos Neva en el área para empatar de penalti. Apenas les duró tres minutos la ilusión. La insistencia azulgrana (hasta 36 tiros a puerta) encontró su premio: disparo de Messi que no bloca Aaron y que permite volver a ver al mejor De-Jong-Del-Ajax. 3-4. Y esta vez no jugó con fuego el Barça: lejos de encerrarse, aplicó los principios del cruyffismo (mejor ganar 5-4 que 1-0) y siguió buscando el quinto de la noche: jugada de showtime de los Lakers ochenteros para que la volea de Jordi Alba cerrase un magnífico y emocionantísimo partido de fútbol. Ese que, seguramente, no se habría visto si hubiese habido partido de vuelta. Porque tras 0 goles en los primeros 88 minutos llegaron 5 en los 30 siguientes. Inexplicable. Inconcebible. Y es que si el fútbol no existiese, habría que inventarlo.

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