Hay personas que nacen con estrella y, en este caso, además, con un balón de baloncesto. Pablo Laso, quizá el mejor entrenador que ha pasado por el Real Madrid, se convertía hace unos días en el entrenador con más partidos al frente del equipo blanco, por delante de todo un mito: Lolo Sainz.

Hijo de José Laso, otro mito del baloncesto, Pablo comenzó su carrera en el Baskonia. Tanta pasión por el baloncesto no podía nacer por sí sola, es difícil entender una familia y una ciudad mejor donde descubrir el baloncesto. Laso era el típico jugador pequeño, con mucha clase, disciplinado y con una cualidad que le hizo sobresalir: la inteligencia. Qué importante es en el deporte esa cualidad y qué poco se trabaja a veces, dejándolo todo al servicio de lo físico. Tener un jugador que es capaz de conocer lo que necesita el equipo en cada momento es un bien preciado, poco común y con consecuencias ya predestinadas: no es raro que acabara entrenando.

Pablo Laso llegó al banquillo del Real Madrid en el 2011. Muchos dudaron sobre sus posibilidades de éxito. El Madrid era un equipo que no funcionaba y Laso aún tenía mucho que demostrar: en su currículum como técnico tan solo figuraban 124 partidos dirigidos en la ACB. Tan importante es el que tiene talento como el descubridor de ese talento.

Laso comenzó a trabajar en silencio, paso a paso, y tuvo claro que debía cambiar cosas para convertir al Real Madrid en un equipo reconocible y ganador. Apostó por un baloncesto rápido, atractivo y agresivo, optando siempre por abrir el campo y fomentar el espectáculo. En poco tiempo empezó a llegar la recompensa a su trabajo convertido en títulos y, sobre todo, convirtiendo el Wizink Center en un lugar de encuentro para los aficionados al baloncesto, subiendo la media de espectadores de 5.000 a los 11.000 pre-pandemia.

Ir a un partido con Laso de entrenador es un espectáculo en sí mismo. Su manera de dirigir, animar y vivir el baloncesto conecta y engancha. Me cuesta imaginar que exista un mejor entrenador para el Real Madrid. La exigencia del equipo blanco es difícil de soportar, hay que entender su filosofía y ponerla al servicio de los aficionados.

Laso es como un buen profesor. Es un apasionado de su profesión y conoce bien en qué consiste y qué comporta. Es capaz de crear un entorno favorable para que lleguen los éxitos rodeándose de un equipo de personas que cree en lo que hace y cómo lo hace. No es de extrañar que una de sus frases favoritas sea: “Lo más importante es el equipo”. Pasión es la palabra que define su forma de dirigir. Cercanía, humildad, autoridad, capacidad de trabajo, responsabilidad y seguridad en sí mismo… todo forma un cóctel casi perfecto que explica los 20 títulos en estos nueve años, sin olvidar la progresión de los jugadores que han pasado por sus manos. Luka Doncic es y será uno de sus grandes regalos al baloncesto. El talento de este jugador venía de serie, pero cómo gestionarlo y su crecimiento como jugador quedará en el haber de Laso.

En estos días no está pasando por su mejor momento. Las últimas derrotas en la final de a Copa del Rey y Euroliga son difíciles de asimilar y eso, en un ganador, es el preludio de más trabajo y, probablemente, nuevos éxitos. Un buen profesor se crece ante las dificultades, sobre todo si es capaz de entender qué se necesita para que sus alumnos consigan sus objetivos.

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