Una luz se apaga en París. Neymar Jr que llegó a la capital gala para iluminar con su fútbol la nueva era del PSG se ha enredado entre lesiones y sanciones, entre goles y cumpleaños. Sus exhibiciones nunca parecen suficiente porque cuando los focos de las grandes noches europeas se encienden, allá por el mes de febrero, él no está. Los rivales le han abatido por el camino, a base de zancadillas y patadas, única artimaña válida para acabar con su fútbol festivalero. Y así Neymar, con 29 años recién cumplidos, pasa de puntillas por la mejor competición de clubes del mundo. Esta vez tampoco estará.

La última lesión producida frente al Caen en la Copa de Francia le mantendrá en el dique seco alrededor de un mes. Una inoportuna rotura en el abductor izquierdo, la décima desde que llegó a París, vuelve a emborronar febrero, un mes especialmente delicado para Ney. El brasileño se perderá con la del Barça la tercera de las cuatro eliminatorias de Champions desde su llegada en 2017. Cada vez que Ney no ha estado, su equipo ha sido eliminado. La única vez que disputó todas las eliminatorias (la edición pasada) su equipo alcanzó la final. Cada una de sus ausencias han sido alimento para sus detractores, materia prima para aludir a su estilo fiestero y despreocupado, a su falta de profesionalidad o a su pasión por los cumpleaños de larga duración. Olvidando por momentos que la gran mayoría de lesiones que ha sufrido han sido traumáticas u óseas, producto de golpes o entradas en muchos casos desmedidas.

Patadas, lesiones y ausencias

Y es que a Neymar en Francia le pegan. Le pegan mucho. Esta temporada ocupa el séptimo puesto de los jugadores que más falta recibe. Pero el dato tiene un asterisco. Neymar solo ha jugado 12 partidos de Ligue 1 (consecuencia de las bajas por lesión), en los que el brasileño contabiliza 3,9 faltas por partido. Para poner los números en perspectiva diremos que Messi en España sale a 2,6 por partido, siendo Nabil Fekir el número uno en el ranking con 3,1. De las cinco grandes ligas europeas solo Jack Grealish (4,6) en la Premier y Andrea Belotti (4,4) en la Serie A, reciben más que él. Repasando su histórico en París se confirma la caza que sufre Neymar. En su primera temporada en la Ciudad de la Luz recibió 5,2 faltas por partido, en la 2018-2019 la cifra bajó a 3,4 y el año pasado superó las cuatro por partido.

La temporada de Neymar justo antes de su última lesión. Una temporada marcada en rojo. Transfermarkt.

Esas faltas tienen repercusión en su rendimiento. Porque acarrean días de baja y recuperación. Las lesiones se han convertido en recurrentes compañeras de viaje desde su llegada a París y le han obligado a estar en el dique seco 413 días o lo que es lo mismo, perderse 73 partidos. En sus tres temporadas y media en la capital francesa solo ha podido jugar un 53,9% de los encuentros de su equipo. La superioridad del PSG en la Ligue 1, en la que se ha impuesto el conjunto parisino en los últimos tres años, ha provocado que sus ausencias apenas hayan mermado las opciones del equipo. En Francia el PSG ha ganado con y sin Ney. Incluso en algunas de esas campañas el brasileño ha utilizado el campeonato doméstico para tomarse un respiro y llegar en condiciones óptimas al tramo definitivo de la temporada.

Pero ese plan nunca ha dado resultados. En su primera temporada en París (2017/18) y pese a la incorporación de Mbappé, Neymar se convirtió rápidamente en el jugador franquicia del equipo, tanto por aglutinar todo el juego ofensivo, como por abandonar la banda y ocupar cada vez más el carril central del ataque. En esa temporada apenas jugó 20 partidos de la Ligue 1 y entre todas las competiciones sumó 30 encuentros. Las cifras, sin embargo, ya nos hablaban de su impacto: 28 goles y 16 asistencias. Eso sí, su fractura en el quinto metatarsiano del pie derecho, producido solo tres días antes de la vuelta frente al Real Madrid, diluyó cualquier esperanza de remontada por parte de los parisinos (3-1 en la ida).

La historia se repitió al año siguiente con idéntica fractura ósea. En esta ocasión sucedió en un partido de la Copa de Francia frente al Estrasburgo y Neymar tampoco pudo ayudar a sus compañeros en la eliminatoria frente al Manchester United. Los Red Devils remontaron en París el 0-2 de la ida. En 2020, el brasileño pudo sortear las lesiones en el tramo definitivo de la temporada y disputó así la eliminatoria completa frente al Borussia Dortmund. Luego la pandemia mundial paró el fútbol. En su reanudación en la fase final de Lisboa, ya en el mes de agosto, Neymar exhibió un gran estado de forma y guió a su equipo hasta la final. Allí un Bayern Munich ligeramente superior les dejó a un palmo de la gloria.

En cualquier caso, en ninguna de sus tres temporadas completas en París ha alcanzado la treintena de partidos. En la actual, sumaba 18 encuentros, después de haberse contagiado de Covid_19, sufrir molestias en los abductores, lesionarse el tobillo o ser sancionado con dos partidos por la expulsión en el clásico frente al Marsella. Señal inequívoca de que en Francia no está tan protegido por los árbitros como pudiera estar en España. Su carácter se ha avinagrado a medida que ha ganado estatus de estrella y sus enfrentamientos con los rivales le ha jugado más de una mala pasada tanto en el terreno de juego como en las redes sociales. Tal y como ocurrió con Álvaro Domínguez, defensor del Olympique de Marsella.

Ese escenario contrasta con su rendimiento en Barcelona, donde también sufrió lesiones aunque nunca fueron tan recurrentes ni de tan larga duración como en París. Jamás se perdió unos octavos de Champions League, por ejemplo. En cuanto a las tarjetas rojas solo vio una, en Málaga (temporada 2016/17), por lo que fue sancionado con tres encuentros. Vestido de blaugrana siempre alcanzó como mínimo los cuarenta partidos por temporada. Una regularidad que no ha conseguido igualar en la Ciudad de la Luz.

El odio hacia su figura

Pocos jugadores han despertado las filias y fobias que surgen alrededor de Neymar. Su llegada al Barcelona, los juicios derivados de su fichaje, la salida traumática de la Ciudad Condal y su desembarco en un nuevo rico como el PSG ‘qatarí’ han sido el caldo de cultivo para crear entorno a él un relato perverso, en el que el odio gana por goleada a su calidad futbolística. Es cierto que los clichés asociados históricamente a los jugadores brasileños (fiestero, poco disciplinado, regateador y piscinero), también han aderezado ese relato. En gran medida porque el propio Neymar no se ha encargado de desmentirlo. Todo lo contrario. Ha hecho ostentación de su estilo de vida (que es un reflejo de su estilo de juego) en las redes sociales. Y por el camino hemos dejado de observar y ponderar al Neymar futbolista para quedarnos solo con el Neymar de instagram.

Neymar en el último fin de año. Instagram.

Al contrario de lo que le pasó a Cristiano Ronaldo cuando se marchó a Turín, al que muchos comenzaron a valorar por el plus que suponía para cualquier equipo, a Neymar se le ‘perdió’ la pista. Lo que parecía una liberación se convirtió en una condena. Porque su rendimiento no se valoraba por lo que hacía o dejaba de hacer en una liga de granjeros (como peyorativamente se conoce a la Ligue 1) sino que lo único que nos llegaba un año sí y otro también eran sus lesiones, las imágenes de su cumpleaños y al PSG cayendo una y otra vez en Champions con él en la grada. Y de algún modo todos hemos colaborado en alimentar ese relato, porque la derrota de Neymar, era implícitamente la derrota del PSG, ese club estado capaz de todo por alterar el status-quo de la Copa de Europa.

Y en realidad, Neymar es todo lo que nos gustaría ser sobre un terreno de juego. El jugador diferencial, pleno de fantasía y recursos para desatascar los partidos. Un malabarista del balón que ha evolucionado desde ese extremo regateador y desequilibrante que aclaraba la jugada a Messi, para convertirse en un futbolista total, un líder sobre el que orbita el fútbol ofensivo de su equipo. El último representante de la estirpe de dieces brasileños.

Neymar es Shaquille O’Neal abandonando los Lakers para demostrar que el bueno de la pareja era él. O dicho de otro modo, que él también podía ser el jugador franquicia del club campeón de Europa. Y eso, que ya ha conseguido más que de sobra en Francia, se le resiste cuando cruza las fronteras galas. Ahí surgen las lesiones, la supuesta falta de competitividad de una liga que el PSG canibaliza desde su llegada, y una retahíla de motivos extradeportivos de los que ni siquiera Neymar sabe el alcance real que tienen sobre su juego. Ya saben que Dios escribe recto con renglones torcidos. Pero a Neymar se le está agotando el tiempo para enderezarlos.

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