Hace cinco años ya, el conjunto de instituciones suecas que deliberan para decidir los ganadores de los premios Nobel sorprendía al mundo otorgando su galardón en materia de literatura a un cantante: Bob Dylan. Los puristas pusieron el grito en las vestiduras y rasgaron el cielo. Luego ya, más tranquilos y tras el shock inicial lo hicieron al revés. Criticaron con vehemencia lo que consideraban una afrenta al gremio de escritores, ultrajado por un género menor en su escala de valores.

Mi opinión es que hay músicos que han elevado a arte la elaboración de sus letras y merecen la misma estima que los genios de la literatura. Hablando del rey de Úbeda, estos días ha cumplido años uno de esos genios que surgen de vez en cuando para, en este menester, hacernos la vida mejor a los demás: Joaquín Sabina. Setenta y dos años (setenta y un abriles) nada menos y eso que lo de cuidarse lo ha llevado regular.

Por cierto, no sé porque a los textos de las canciones se les llama letras. Salvo Chimo Bayo la mayoría están compuestos por palabras enteras, que además forman frases. Bueno, aceptemos barco…

Es verdad que estamos más expuestos en el día a día a sufrir las letras de canciones lamentables que a los libros de ese nivel; eso lo compro, pero hay basura en las dos disciplinas por igual.

En cualquier ascensor nos puede sorprender un hilo musical que nos arruine la tarde: «No me mires, no me mires, que no me he puesto el maquillaje. Mira ahora, mira ahora, puedes mirar, que ya me he puesto el maquillaje…».

Acceder a libros malos requiere una interacción por nuestra parte, pero están ahí acechando.

Lo que es asombroso es que, lejos de imponer el respeto que merece, cualquiera que destaque en alguna disciplina ya se ve capacitado para plasmar su historia, en el mejor de los casos, u otras ocurrencias, negro sobre blanco. En el caso de Ana Rosa llevo al extremo esta metáfora.

 Como si escribir bien fuese fácil.

En mi vida he escuchado mucha música, mucha. Y por tanto me he encontrado infinidad de frases brillantes, juegos de palabras maravillosos, metáforas absolutamente desgarradoras que se han instalado para siempre en la carpeta de “Imprescindibles” de mi disco duro personal.

Es tarea inacabable desgranar siquiera un pequeño porcentaje en estas líneas, pero que sirvan estos ejemplos para demostrar que hay auténtica literatura tras las guitarras.

He escogido todas las frases de grupos que cantan en castellano, por reivindicar nuestro idioma ahora que algunos ignorantes tratan de denostarlo. Como si fueran capaces.

Es inevitable para volver al cumpleañero, a nuestro Dylan, el maestro Sabina. Imposible elegir entre sus cientos de joyas que dan para un libro entero. Libro que existe, por cierto, el recomendable Con buena letra recoge toda la obra de mi madrileño de adopción favorito. He escogido una frase que me llega especialmente, pero me imagino que cada persona con un mínimo de sensibilidad habrá encontrado las suyas en el repertorio.

“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.

Y una estrofa de mi canción preferida, Tan joven y tan viejo:

“Apenas vi que un ojo me guiñaba la vida, le pedí que a su antojo dispusiera de mí. Ella me dio las llaves de la ciudad prohibida. Yo todo lo que tengo, que es nada, se lo di”.

El lenguaje musical tiene la ventaja de la indefinición, rara vez se cuenta una historia clásica de introducción nudo y desenlace. Se crea para que cada uno escoja un matiz diferente, un sentido propio y son todos válidos.

Hay críticos musicales que intentan imponer su versión y creen saber más que el autor cuando desmenuzan algún trabajo. Por eso son críticos…

Las canciones, como cualquier expresión de arte que se expone o publica, dejan de ser del creador para pertenecer a quienes se las merecen. Ya sea para disfrutarlas, para sufrirlas, para que te hagan pensar o dejar de hacerlo. En definitiva, para lo que las necesites.

Más muestras de poesía musical en unos retazos, esta vez de Robe, Fito Cabrales y el gran Lichis.

“Se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas, agarrado un momento a la cola del viento me siento mejor».

«Esnifar los rayos del sol y descongelar el cerebro».

«Mata más gente el tabaco que los aviones y he perdido el miedo a volar».

Pura filosofía de vida expresada de maneras muy diferentes, con el nexo de unión que supone asociarla al lenguaje musical y de separación por la personalidad del autor.

Otro genio inclasificable, con unas letras naif y aparentemente facilonas es Yosi, alma mater de Los Suaves. Detrás de esa primera impresión, si rascas un poco, te encuentras verdad, autenticidad, sufrimiento y una vida atormentada muy diferente a la de Instagram. Y todo ello desemboca en un estilo propio que te atrapa y te gana para su causa.

De su canción más conocida se extrae esta demoledora lección de realidad:

“Fuiste la niña de azul, ahora eres la vieja verde. Cómo se porta la vida, cuando vales lo que tienes”.

Sin salir de la melancolía y del pesimismo nos encontramos con las letras de Enrique Urquijo y de Antonio Vega. Artistas que no recibieron de la vida todo lo bueno que ofrecieron a los demás.

En esta declaración de amor, Enrique llega al extremo, no se puede ofrecer más y obtener menos:

“Yo estaba dispuesto a todo para tenerte conmigo. Hasta hubiera trabajado, y te fuiste con mi amigo”.

De Antonio esta bellísima poesía:

“Culpable y fiel a tu dolor, violado por el ángel caído que vive en el pincel, peinando trigo, desgarrando piel, pintando autorretratos y así poderse conocer”

Más letristas brillantes, Marwan, amigo de esta casa. En la canción que dedica a su padre, palestino refugiado;

“Demostraste ya hace mucho, que para partir fronteras la sonrisa es un serrucho”.

A alguien que rima mucho con serrucho y logra emocionar hay que tenerlo en cuenta. Me gusta también cuando dice que “el amor es el único juego donde hay que empatar”.

No puede faltar Rosendo y su particular manera de expresarse, que le hace único:

“Nada especial, tiras de piel, eso eres tú, eso soy yo, estrofas de una canción”.

“No hay sitio que controles mejor que lo que abarcan tus brazos. No hay por qué hacer un acto de fe cuando se tiene un fracaso, no hay tiempo que se deba perder justificando un retraso”.

Para finalizar, una frase de las que te dejan con la boca abierta cortesía de Michel Molinera y sus Stafas. El tema se llama Rubita y sin conocer la historia se nota que está escrito con el corazón:

“Que nada es eterno, que nada es perfecto y que no estaban hechos tus ojos para mirarse en mi espejo…”. Aquí lo dejamos, en todo lo alto.

Son unos pocos botones de muestra en la inmensidad de literatura musical talentosa que hay en este país. Y lo mejor de todo es que cada persona tiene un ropero entero disponible que le sentaría como un guante. No hay más que buscarlo.

1 Comentario

  1. Felicidades. A esto en mi barrio se le llama pasarse una lija por el alma, y le recuerda a uno que la nostalgia, si es de la buena, duele y duele de cojones. Un dolor cálido, confortable, para disfrutarlo con tranquilidad. Aquí va una píldora variada:
    En música siempre recuerdo «Pancho and Lefty»,de townes van zandt, pero mejor en la versión de emmylou harris. El traicionado y el amigo traidor que debe vivir con su traición (recemos también por él).Un clásico de la música porque lo es de la vida.
    De los libros se podría decir mucho, por ser breve me quedo con dos hits de la adolescencia:
    De Eduardo Mallea, el final de un libro que ya hace mucho que no tengo conmigo(aunque sé dónde está) que por tanto debo citar de memoria, y que en su día me destrozó: «Y así, tras pasear hasta el final del día, se despidieron hasta que algo más fuerte que ellos les uniese o les separara para siempre».
    También Kundera tiene su lugar: «La tristeza penetraba en los cuerpos a través de las almas, destrozándolos». E inexplicablemente, el final de «La insoportable levedad del ser» ,aquella música tenue que ascendía por las escaleras del fondo del local, debo otra vez usar la memoria, era un aguijón en ese lugar recóndito donde todo duele más.
    Pero hay un personaje, y un autor, que supo llegar como nadie hasta ahí: Corto Maltés ,Hugo Pratt.
    Dice El Oxford, en «Las etiópicas», que siente «pena por quien escucha una gaita sin ser escocés», y seguramente es lo que yo sienta por quien no haya leído a Corto en la adolescencia. Hay mucha más poesía en Corto Maltés que en muchos poemarios, más acerca de la moral que en muchos tratados de Ética (sí, de la que lleva mayúscula),más verdad sobre el ser humano que en muchos ensayos de antropología.

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