Salió cara. Pero pudo haber salido cruz. O incluso que la moneda quedase de canto. Q-Man, que apuesta claramente por la Copa, decidió reservar a sus mejores hombres: De-Jong-Del-Ajax, Pedri y Messi al banquillo. A ellos se sumó El Hombre Gris: Antoine se considera un jugador top de la plantilla —lo de sentarse a la mesa y tal— y decidió rotar también por voluntad propia. La diferencia es que él lo hizo sobre el césped.

Es entendible que el exceso de partidos requiere dosificar jugadores pero el problema es que eso supone que jugadores como Pjanic o Barry White, que no dan el nivel, sean titulares. Y el equipo, evidentemente, se resiente. Lo del danés, es un “no da para más” de manual. Pero lo del bosnio, que va a acabar haciendo bueno a André Gomes, que costó “oficialmente” 60 millones, que está a punto de cumplir 31 años y que firmó por cuatro temporadas, es el claro ejemplo de contratos que arruinan clubes. Busquets podrá hacer 20 partidos igual de pésimos que este y seguirá siendo titular.

Porque jugar con un doble pivote de veteranos ralentizó el juego azulgrana y, salvo las apariciones del maestro de los fuegos artificiales —Dembelé, mucho ruido y pocas nueces—, no hubo ni una cucharada de fútbol que llevarse a la boca en la primera parte. Era cuestión de tiempo que los tres suplentes de lujo saliesen al campo si es que aún se pretendía hacer el simulacro de pelear por la Liga. El primero en entrar fue De Jong, pero fue para cubrir la baja por lesión de Araujo. Al final, cuatro prórrogas en tres semanas acaban por cobrarse víctimas. Riqui ENP no pudo (o no supo) aprovechar su demandada titularidad y el poco fútbol en esos primeros 45 minutos lo puso Fekir, Guadiana de jugador. En una buena contra bética llegaba el primer gol en el, por supuesto, primer tiro a puerta de los locales. Otra constante en los partidos del Barça esta temporada.

Pero hay algo en este Barça de 2021 que sí ha cambiado: si al principio de la temporada, el ir por debajo en el marcador era sinónimo de derrota, ahora el equipo parece abonarse a las remontadas. Al poco de iniciarse la segunda parte, un deja vu de lo de Granada: segundo tiro a puerta y… esta vez la intervención de Der Heilige recordaba a los suyos que el partido no tenía prórroga. Se activó el modo “remontada”. Algo mucho más fácil si das entrada a Messi y a Pedri. Apenas 10 minutos tardó el arruinaclubes en dar la vuelta al marcador tras marcar y asistir a Jordi Alba. Mención especial merece la indefinible acción del Hombre Gris en el 1-2. ¿Fue el peor remate de la historia de un delantero del Barça? Yo digo sí.

El problema de no remontar sobre la hora es dar el partido por concluido. Y dar margen a que el otro equipo también te remonte. Y eso es lo que hizo el Betis: los cambios de Pellegrini mejoraron sustancialmente a los suyos, que pasaron a dominar el partido. Si a eso se le suma la ya sabida fragilidad defensiva azulgrana a balón parado… Toque sutil de Fekir y Busquets volvía a confirmar que es el jugador de más de 1,88 de altura que menos duelos aéreos gana.

Un empate que no servía a nadie y que dio paso a la absoluta anarquía: las casas de apuestas pagaban lo mismo por la victoria local, visitante o el empate. Un partido así, sin rumbo claro, solo podía finiquitarlo un verso suelto, una acción de pura poesía romántica. Y resultó que era el Barça quien tenía al doble de Gustavo Adolfo Becquer de su lado. Trincao aprovechó la distracción defensiva rival para escribir su primera rima travesante y reclamar una pequeña cuota de confianza. Acaso sea el inicio de una gran carrera poética donde glosar, por ejemplo, que tal día de febrero, firmaste una redondilla: los tres puntos en Sevilla, de un disparo medio uñero.

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