“En un mundo que cambia muy rápido, la única estrategia que garantiza que fracasarás es no correr riesgos”

Hace ya unos años, tanto el Barça como la Selección española basaron su tremendo dominio futbolístico en un argumento diferenciador: la posesión. Decía Johan Cruyff que “lo que equilibra a un equipo es la pelota: pierde muchas y serás un equipo desequilibrado”. Como el Barça de Guardiola y la Roja, su hija, lo ganaron todo nadie les discutió la razón, de modo que la idea de no perder balones se tomó como una ley indiscutible. La base para ganar era tener siempre la pelota.

El juego giró en torno a eternas posesiones, tanto que muchos analistas llegaron a valorar los porcentajes de posesión casi al nivel del resultado. Se alababa más un 1-0 con un 70% de posesión que un 3-0 si la posesión había sido compartida al 50%.

Ese fundamentalismo llevó a radicalizar el argumento, lo que afectó al juego. Cualquier equipo, con independencia de sus características, debía basar su juego en un porcentaje muy alto de pases fáciles, cortos y de seguridad; es decir, muchas asociaciones horizontales y hacia atrás.

Debido a la dictadura de ese fútbol de pase corto y ritmo bajo, se fueron cayendo una serie de perfiles de futbolistas que por su cualidades no encajaban en esa armonía de toques. Poco a poco la Liga española se intoxicó de ese pensamiento único. Crecieron los centrocampistas de pie exquisito, los mediapuntas de juego ratonil y los falsos delanteros centros que miraban más a su mediocampo que a la portería contraria. Se bajaron las pulsaciones del juego y el ritmo de los partidos, y sobre todo se renunció a la velocidad, porque acierto y velocidad están enfrentados. Como lo importante era el acierto en el pase para mantener la posesión, no sólo se redujo la velocidad, sino también el atrevimiento. El pase de riesgo tampoco se lleva bien con el acierto…

Los resultados europeos de los equipos españoles en la temporada pasada se vieron disfrazados por un sinfín de razones. Toda excusa cabía dentro del gran cajón de sastre que fue el Covid, pero este año la realidad nos ha atropellado como un tren de mercancías. La Liga española y especialmente los grandes equipos del campeonato han perdido pie en la carrera de la modernidad del juego. Barça, Sevilla y Real Sociedad —de momento— han visto cómo PSG, United y Dortmund les pasaban por encima con argumentos como verticalidad, ritmo, presión y, básicamente, riesgo, entendido como ausencia de miedo a perder la pelota.

Dicen que las estadísticas son como los tangas, enseñan todo menos lo importante, pero hay algunas que son muy esclarecedoras. Mirando los kilómetros recorridos por el Real Madrid ante el Valladolid, sólo Kroos superó la barrera de los 11 km recorridos; en el Bayern lo normal es que siete jugadores sobrepasen esa cifra en cada encuentro.

El porcentaje de acierto en el pase suele ser otra estadística muy reveladora. Hay jugadores en la Liga española que superan el 80% de acierto, pero su rango de pase no excede de los 7 metros y su direccionalidad sobrepasa en un 75% los pases horizontales y hacia atrás.

Independientemente de sus resultados, si algo vemos cada jornada en la Liga española en comparación con la Premier, la Bundesliga, la Serie A o la liga francesa, es que a nuestros equipos les sobra miedo a aventurarse en otro fútbol. La posesión sigue siendo el arma con el que muchos equipos quieren seguir ganando, olvidando que tanto el Barça como La Roja llevan años sin ser protagonistas ante equipos más modernos.

En el 2020 la posesión se está enfrentando al ritmo, el toque a la celeridad, los bloques bajos a las presiones altas y, sobre todo, el riesgo a la seguridad. La Liga está optando por el inmovilismo, por aferrarse a ese refrán tan traicionero que dice que “el miedo guarda la viña”. La consecuencia es que los resultados nos están llevando directos al acantilado. Dar un giro de volante parece imprescindible. Hay que mirar a Europa y asumir que el fútbol del 2013 ya no vale para ganar ante el fútbol que desde el 2019 empieza a tiranizar en todas las competiciones.

La posesión solo es una herramienta más en el fútbol. Herramienta como tantas otras, útil en algunos momentos, fundamental en otros e inútil bastantes veces. La posesión, como los tulipanes en el siglo XVII, nació en Holanda y exageró su valor. La cuestión está superada, pero algunos siguen pagando un precio alto.

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