El Barça venció por tercera vez consecutiva a su máximo rival en una final copera. A diferencia de lo ocurrido en las dos ediciones pasadas, los minutos finales no estuvieron marcados por la polémica arbitral. Esta vez el excelso nivel el juego de los culés, sumado a la distancia que separa el nivel de las plantillas disponibles de los dos equipos, no permitió que los colegiados tuvieran que pasar ese examen.

El pilar sobre el que Jasikevicius construyó la victoria de su equipo no sorprendió a nadie. La actividad defensiva de su equipo, sustentada alrededor de la exuberancia física de sus jugadores, se ha convertido en la seña de identidad del Barça de Saras. Con todas sus piezas sanas el conjunto blanco también hubiera sufrido para sobreponerse a esta diferencia física, pero las bajas de Taylor y Rudy crearon una grieta que solo podría haber mermado una gran noche en el tiro exterior de los de Laso.

Aunque el conjunto merengue no paró de intentarlo, acabó el partido con un paupérrimo 25 % en triples (7/28). Su rival necesitó ocho lanzamientos menos para superar su cifra de aciertos. Una de las secuencias que evidenció esta diferencia de inspiración y de nivel defensivo tuvo como protagonistas a Carroll y Calathes. El escolta madridista suele actuar como desatascador ofensivo de su equipo ante los mejores entramados defensivos, pero esta vez sus ocho lanzamientos fueron repelidos por el aro. Tras uno de sus fallos, Calathes respondió con un triple. El peor lanzador de los exteriores culés anotando tras un fallo de Carroll justificaba con creces el +23 que reflejaba el marcador poco antes del descanso.

Tanto la forma como las sensaciones sobre la pista recordaban en ciertos momentos a algunas de las dolorosas derrotas que el Madrid pre-Laso solía encajar ante el Barça de Navarro, Pete Mickael, Lorbek y compañía. Pero el sabor final distó mucho de lo amargo de aquellas derrotas. Si algo puede consolar a los madridistas no es tanto el esfuerzo del equipo por dar la cara y amenazar en ciertos tramos la renta que habían adquirido los culés, si no quienes lideraron esta afrenta.

Un problema de difícil solución justifica una decisión valiente y de riesgo, por lo que a un entrenador con las características de Pablo Laso no iba a dudar a la hora de acometerla. Abalde, Garuba y Alocén fueron los jugadores que permitieron al Madrid volver a competir en el partido. El primero ha sido, con diferencia, el más protagonista de los tres durante esta temporada; pero en esta ocasión se reivindicó después de una Copa bastante discreta.

Laso apostó por Garuba para defender al base rival, y su labor como hombre libre en la presión adelantada de su equipo habrá emocionado a Marcus Slaughter. Con el alcarreño, el Madrid vive en la eterna tesitura que tienen los equipos europeos con sus mejores promesas. Que juegue bien, pero no demasiado. Alocén, por su parte, volvió a mostrar el buen nivel que ha demostrado durante el comienzo de año. Su energía y sus cualidades contrastan con la apatía de un Laprovittola que, a este nivel, supone un hándicap para su equipo.

El primer título de Jasikevicius como entrenador del Barça refrenda su buen trabajo, y le coloca con más claridad como máximo favorito a llevarse la competición liguera y como uno de los candidatos principales a la corona continental. A este Madrid, por su condición de inmortal y su superpoblada enfermería, cuesta no tenerle en cuenta. En este momento, parece más cerca de Baskonia que de su máximo rival.

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