El pasado 23 de enero, en la ciudad argentina de Córdoba, Defensa y Justicia disputaba frente a Lanús la final de la Copa Sudamericana, el equivalente americano de la Europa League. A diez mil kilómetros de allí la plantilla del Elche se concentraba para enfrentarse al día siguiente al Barcelona. Aparentemente no hay muchos hilos conductores entre ambos partidos, sin embargo, desde que Christian Bragarnik se hiciera con la propiedad del club ilicitano, hace poco más de un año, Defensa y Justicia se convirtió en el espejo en el que muchos aficionados del Elche confiaban en verse reflejados. Nos arriesgamos a decir que todavía queda algún optimista que cree que la exhibición del Defe en la final de la Sudamericana es la muestra de que se puede seguir confiando en el trabajo del nuevo consejo de administración.

En Elche empezaron a oír hablar de Bragarnik cuando se supo de su interés por hacerse con la propiedad del club de la ciudad. Muchos supieron entonces que se trataba de un representante de jugadores con mucha influencia en el fútbol argentino, capaz de poner y quitar entrenadores y futbolistas en Boca, Racing o Independiente. Los más curiosos llegarían a leer que había colaborado también con algún club mexicano investigado por vínculos con el narcotráfico. No era la información más tranquilizadora para unos aficionados acostumbrados a que fueran empresarios locales quienes llevaran las riendas de la entidad. Quienes se ilusionaron con la llegada del argentino, por el contrario, ponían encima de la mesa el crecimiento que había vivido Defensa y Justicia desde que el club entró en la órbita de Bragarnik.

El aterrizaje del argentino al club ilicitano estuvo rodeado de mucha polémica, entre aquellos que veían en él una oportunidad de crecimiento y quienes temían que su llegada terminara hundiendo a la entidad. Curiosamente, Bragarnik es un tipo al que le gusta la discreción, un tipo con fama de trabajador incansable, que se jacta de defender de la mejor manera posible los intereses de sus representados. Esa es, al menos, la imagen que le gusta transmitir. La realidad es que, su presencia en los medios, suele ir acompañada de la polémica. A día de hoy maneja una cartera de más de cien futbolistas y una quincena de entrenadores, es propietario del equipo chileno Unión la Calera, y desde diciembre de 2019, también del Elche. Sus comienzos, en cambio, fueron como dependiente de un videoclub en los tiempos en que Argentina vivía sumida en la crisis post-Menem que derivaría en el “corralito”. A su establecimiento solía acercarse Mariano Monrroy, por entonces jugador de Arsenal de Sarandí y que buscaba un cambio en su carrera profesional. Bragarnik editó un vídeo con sus mejores jugadas, lo movió por clubes de México y le consiguió un contrato en Querétaro. Para Monrroy, aquel fichaje le dio la posibilidad de cambiar de aires; para Bragarnik supuso la primera piedra de un negocio que, desde entonces, no ha dejado de crecer.

A los propietarios del Querétaro les gustaron las formas del chico que había traído al futbolista argentino. Le ofrecieron un cargo en el club y en pocos meses terminó siendo presidente de la entidad. El feliz matrimonio se rompió cuando el máximo accionista del club fue acusado de blanqueo de dinero proveniente del narcotráfico y Bragarnik decidió volver a Argentina. Para entonces ya se había ganado la confianza de Grondona, histórico presidente de la AFA, y pudo extender su influencia en Arsenal de Sarandí, controlado por la familia Grondona, o Colón de Santa fe, por entonces presidido por Germán Lerche, quien había crecido en la AFA al abrigo del propio Don Julio. Años después, la figura de Grondona quedaría muy en entredicho tras la operación contra Blatter y la ejecutiva de la FIFA y el propio Lerche fue condenado a prisión por evasión fiscal durante su mandato al frente de Colón.

El retorno de Bragarnik a México se produjo en el año 2007, esta vez para trabajar como asesor futbolístico del Grupo Caliente, propietario del club Xolos de Tijuana. Una vez más, la relación se rompió cuando el máximo accionista del grupo fue detenido por presuntos vínculos con el narcotráfico. En una entrevista de 2016 con el diario argentino La Nación, Bragarnik se defendía de este caso y su antiguo vínculo con Queretaro diciendo: “A mí me contrató una sociedad anónima. Después me enteré de que la mayoría de los accionistas se dedicaba al narcotráfico. Y bueno… fui un empleado que trabajé en lo mío. (…) No era un investigador privado para evaluar las situaciones particulares”.

Esta es la parte de la historia que quita el sueño a los aficionados del Elche, aquellos que temen que la gestión del argentino pueda poner en peligro la existencia del club. Los pocos optimistas que quedan les recuerdan la influencia de Bragarnik en el Racing campeón de 2014 y 2019 o su mano en el Independiente campeón de la Sudamericana de 2017. En todos estos casos los equipos eran dirigidos por entrenadores de la agenda de Bragarnik y con ellos llegaban varios jugadores representados por su agencia.

Caso aparte resulta el éxito alcanzado por Defensa y Justicia, incontestable desde el momento en que el empresario argentino entró en su órbita. Bragarnik dice ser asesor del club, pero el hecho de que los últimos entrenadores y buena parte de los jugadores que han pasado por el Halcón sean representados por su agencia, hace pensar en una influencia bastante mayor. Cuando inició su relación con Defensa y Justicia, el club se encontraba en la B Nacional, segunda categoría del fútbol argentino. Consiguió el ascenso a Primera en 2014, en 2019 peleó hasta la última fecha del campeonato con el Racing del Chacho Coudet y acaba de lograr el primer título de su historia al imponerse en la Copa Sudamericana. En todos estos años, Defe se ha caracterizado por contratar a técnicos y jugadores con un gusto por el fútbol de mucho toque y por el constante baile de nombres en su plantilla. Con la ayuda de Bragarnik el club ha crecido a nivel institucional y cuenta con unas infraestructuras que hace diez años hubieran sido inimaginables, pero también ha sido utilizado como un escaparate en el que mostrar a los técnicos y jugadores de su agencia y ser vendidos posteriormente por una cantidad más alta, en un negocio del que la agencia de representación se queda siempre con un buen porcentaje.

El propio Bragarnik no parece muy preocupado por todo lo que se dice alrededor de su figura. No parece alterarse cuando se le califica como uno de los dueños de la pelota en Argentina o se previene de los riesgos de que un solo hombre acumule tanto poder en la misma competición. Han llegado a coincidir trece jugadores representados por su agencia en un mismo partido de la Superliga Argentina, figura como consejero de Godoy Cruz, asesor de Defensa y Justicia y mueve jugadores en prácticamente todos los equipos de la máxima categoría. Las alertas por el riesgo de alterar la competición son permanentes, mientras Bragarnik sigue sin darles demasiada importancia.

Por el momento, su gestión al frente del Elche no ha despejado muchas dudas. Su llegada generó división de opiniones y la destitución de Pacheta, técnico que llevó al equipo de Segunda B a Primera, aumentó el rechazo hacia la directiva. En su lugar llegó el argentino Jorge Almirón, representado por el propio Bragarnik y con él vinieron un buen número de jugadores. El equipo empezó bien la temporada y llegó a coquetear con los puestos europeos. Desde entonces inició una histórica racha de partidos sin conocer la victoria, ahora pelea por la permanencia y entre la afición aumenta la oposición al máximo accionista. Tras el reciente anuncio de dimisión de la directora general, Patricia Rodríguez, la federación de peñas emitió un comunicado reclamando la destitución del entrenador y la llegada de refuerzos que ayuden al equipo a eludir el descenso. Mientras tanto, Bragarnik voló a Argentina para seguir de cerca la final que coronó a Defensa y Justicia como campeón de la Sudamericana y desde entonces no se le ha vuelto a ver por la ciudad. El tiempo dirá si su gestión al frente del Elche se parece al modelo de Defensa y Justicia o engrosa la lista de propietarios que aterrizan con proyectos ambiciosos y terminan hundiendo al club.

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