Hace unas temporadas Neymar decidió salir del Barça buscando liderazgo y fortuna. Vivir a la sombra de un gigante como Messi no solo no le dejaba brillar sino que tampoco le dejaba crecer. El brasileño era/es un jugador para liderar un proyecto, para ser el jefe, para que ese conjunto juegue por y para él, para un equipo hecho a su imagen y semejanza. No se puede ser el Messi del Barça jugando junto a Messi. El PSG le ofrecía todo eso y más: libertad para llevar una vida a veces poco entendible y una ficha fuera de mercado. Neymar viajó a París a que le hiciesen un equipo a su medida.

Mbappé llegó al PSG como Neymar llegó al Barça de Messi.

El francés es un jugadorazo que a los 22 años le puede mirar a la cara a cualquiera en un campo de fútbol. No diré si come o no en la mesa de nadie, pero está claro es que, tras unos años compartiendo vestuario con Neymar, se encuentra en la misma situación que el brasileño cuando jugaba en el Barça.

Como vemos en cada partido, el PSG es un equipo hecho para Neymar, que hace y deshace dentro del terreno de juego, con dos tops mundiales como Verratti y Di María que le hacen de escuderos. En estas condiciones, Mbappé es un actor secundario con momentos de brillantez, pero consciente de que los focos alumbran al brasileño. No olvidemos que Neymar, además de ser buenísimo, es el futbolista más divertido de ver del mundo. Si Mbappé quiere crecer tendrá que ser lejos de la sombra de Neymar. Lo vimos en el Camp Nou. El francés es uno cuando ejerce de líder y otro muy distinto con Neymar y Di María.

Si Mbappé elige quedarse en esa cárcel de oro que es el PSG tendrá que esperar unos años para ser la referencia del equipo. Neymar acaba de cumplir 29 y no se le augura una carrera dilatada, al menos en Europa, a tenor de sus lesiones y su ritmo de vida.

Si elige salir tomará una decisión que condicionará su carrera para siempre. El Madrid le espera con los brazos abiertos pero con el bolsillo vacío. Veremos, pues, hasta dónde llegan sus ganas de liderar un proyecto, su voluntad de ser el foco, sus inquietudes económicas y su ambición deportiva. A día de hoy, la realidad es cruda: Mbappé juega en el equipo de otro.

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