La carrera de Donato Gama (Río de Janeiro, Brasil, 1962) dio un giro cuando disputó dos excelsos partidos con el Vasco de Gama en el Carranza de 1988. Tras facturar la maleta para regresar a Brasil, recibió una llamada en el aeropuerto. “Donatín, te marchas al Atlético de Madrid”, le dijo el presidente. Gil quería fichar a Paulo Roberto, pero se decantó finalmente por Donato. En Madrid estuvo muy cómodo hasta que Luis Aragonés fue destituido y él pidió salir. En 1993 se marchó a A Coruña, donde ganó todos los títulos del Súperdepor y donde continúa viviendo. Se retiró a los 40 años. Ahora se dedica a sus negocios.

¿Cómo está viviendo Donato la actual situación del Deportivo?

—Para todos es una situación muy triste y complicada. Después de ganar títulos, el equipo está en Segunda B. Uno no entiende cómo se ha llegado a esto.

Lendoiro se ha ofrecido a ayudar. ¿Cree que serían de utilidad los consejos del presidente que llevó al Deportivo a lo más alto?

—Lendoiro es un gran gestor deportivo y una persona que sabe de fútbol. Su salida dejó al club en una situación complicada. Es de los mejores presidentes que he visto. Ojalá que pueda ayudar porque formó un equipo increíble. Él hizo un Deportivo grande, que ganó seis títulos. Y formó una gran familia en el vestuario. Yo me retiré en 2003, cuando todo funcionaba. Tras mi salida, y la de Mauro Silva y Fran, el club apostó por jóvenes de 18 o 19 años y se equivocó porque no se reemplazó a los veteranos. La consecuencia fue la pérdida de liderazgo en el equipo.

¿La clave de aquel Deportivo era el buen ambiente del vestuario?

—Sin duda. Podemos pasar diez años sin vernos, pero cuando nos reencontramos el abrazo es de cariño y de familia. La unión que logró Lendoiro fue tremenda. Tanto los jugadores de la cantera como los extranjeros se adaptaban muy bien. Un vestuario no sólo debe tener un capitán, también líderes. El capitán porta el brazalete, pero detrás de él hay cuatro o cinco futbolistas que son importantes para el grupo y el entrenador.

“Valerón y Manuel Pablo fueron los capitanes a pesar de no ser líderes”

¿Quiénes eran los líderes de aquel vestuario?

—Muchos jugadores que sabían su función. Por ejemplo, César Sampaio sólo jugó un año en el Deportivo, pero fue importantísimo para el vestuario. En ese grupo de líderes entran Molina, Djukic, Voro, Aldana, Bebeto, Mauro Silva, López Rekarte… Eran gente que sabía lo que era ganar o jugar en un grande. Cuando llegué del Atlético de Madrid lo que más me sorprendió fue la acogida del vestuario. En la época de Toshack llegaron jugadores de diferentes nacionalidades: marroquís, nigerianos, portugueses, brasileños… Era un vestuario de culturas muy diferentes, pero nos llevábamos bastante bien, aunque al principio nos costó. Valerón y Manuel Pablo eran los capitanes… Son dos personas tremendamente buenas, pero no eran líderes en el vestuario. Y no tengo nada contra ellos. Cuando un barco no tiene capitán y se empieza a hundir cada uno tira para su lado. Si el entrenador pierde el control del vestuario, debe hacer la maleta. Lo hemos comprobado ahora en 2ªB con Fernando Vázquez. El Deportivo estaba jugando que daba pena.

¿Qué hace falta para que salgan de la cantera jugadores como Fran o José Ramón?

—En la época de Toshack subieron varios jugadores de la cantera y se adpataron bien al equipo. Después, el Deportivo no subió apenas jugadores. A mí me gustó la época de Caparrós porque había canteranos en el Depor.

Ahora trabajan en la cantera Fran y Valerón. ¿Cree que con ellos llegarán más jugadores?

—No lo sé porque depende mucho del entrenador. Los técnicos que apuestan por la cantera son los que tienen valor. Ojalá que ahora con Fran y Valerón los chicos tengan más oportunidades. Los jugadores no sólo deben subir al primer equipo, sino estar mentalmente preparados. Lo difícil no es llegar a profesional, es mantenerse. Hay que hacer un gran trabajo en la cantera porque el Deportivo es un gran club, aunque ahora esté en 2ªB.

“No trabajo en el Deportivo por más que lo he intentado desde que me retiré”

Desde fuera de A Coruña sorprende que Amancio Ortega, comprometido con muchas labores de mecenazgo, no respalde económicamente a un club que es patrimonio de la ciudad…

—Amancio Ortega es una gran persona y un gran empresario. El Deportivo no está sufriendo está situación ahora porque alguien no haya invertido. Tuvimos a Lendoiro, luego a Tino Fernández… Sin embargo, la gestión deportiva sigue fallando. Por ejemplo, yo no trabajo en el club por más que lo he intentado desde que me retiré.

¿Por qué no le han dado la oportunidad?

—No lo sé explicar. Cuando me fijo en un jugador, difícilmente me equivoco. Yo trabajaba para un representante y analizaba jugadores. He intentado traer jugadores en muchas ocasiones para el Deportivo, pero no me han hecho caso nunca.

¿Qué jugadores?

—No sólo le ofrecí jugadores al Deportivo, también al Atlético de Madrid. Por ejemplo, antes de que lo ficharan en 2011 le ofrecí a Diego Ribas, que en aquel momento militaba en el Oporto. Yo jugué con él y con Robinho el partido amigos de Ronaldo contra amigos de Zidane. A mí me encantó. El Madrid fichó a Robinho. Diego estaba peleado con el entrenador del Oporto, así que hablé con su padre y me dio permiso para hablar con el Atlético. Se lo ofrecí a Toni Muñoz y me dijo que no era jugador para el Atleti. Yo le dije que estaba equivocado porque Diego valía para cualquier equipo grande. De hecho, luego jugó en la Juventus. En aquel momento, su precio rondaba los cuatro millones. También se lo ofrecí al Barcelona, pero tampoco me hicieron caso. Desde 2003 no he colocado a ningún jugador porque el mercado de los representantes es difícil y está muy cerrado. Otro ejemplo es Richardlison. Cuando estaba en el Fluminense se lo ofrecí al Tottenham. Sin embargo, me dijeron que no les interesaba y ahora es uno de los mejores delanteros de la Premier. Como no me hacía caso nadie, lo dejé. Siempre ponían pegas, tanto los clubes como los representantes.

Supongo que cuando usted se sacó el título de entrenador aspiraba a entrenar al Deportivo. ¿Ha renunciado ya a ese sueño?

—Nunca he tenido el sueño de entrenar al Deportivo. Yo no me veo como entrenador porque la política de los clubes no me gusta. Nunca aceptaría que el club me dijera a quién tengo que poner. Prefiero estar como ojeador o ayudante como con Mazinho. Fui su segundo en el Aris de Salónica y nos echaron por sustituir a un jugador.

¿Cuál es el entrenador del que más aprendió?

—Luis Aragonés. No sólo era bueno en la táctica, era como un psicólogo porque entendía perfectamente a los jugadores. Ahora hay entrenadores que hacen con los futbolistas lo que no les gustaba que hicieran con ellos. Es muy difícil ser honesto con todos.

Pocos recuerdan que usted ya era campeón de Brasil cuando llegó a España. En aquel Vasco de Gama coincidió con Mazinho, Dunga y Romario

—Cuando llegué a España estaba en uno de mis mejores momentos. Yo he dejado huellas en los clubes por los que pasé. Al Vasco de Gama llegué procedente del América de Río y luego al Atlético de Madrid. En el Vasco de Gama teníamos un equipazo, aunque hoy, al igual que el Deportivo, el club está mal. Aquel equipo ganó varios títulos.

¿Romario estaba al nivel de Ronaldo Nazario?

—Romario es un crack. A mí no me gusta comparar el nivel porque los jugadores son diferentes. Eso sí, dentro del área nunca vi a un jugador como Romario.

Usted vio jugar a Pelé. ¿Es el mejor de la historia?

—Sí, y detrás de él están Maradona y Zico. Y luego vienen Ronaldo, Romario, Ronaldinho… A veces veo vídeos de Ronaldinho porque fue de los jugadores que más me impresionó. No sólo se divertía él, también hacía que la gente se divirtiera.

“Pelé, Maradona y Messi, por este orden”

¿Y Messi?

—Los tres mejores han sido Pelé, Maradona y Messi. Por este orden. A Pelé lo vi en el Mundial de 1970 y desde ese momento he visto casi todo sobre él: vídeos, películas… Es el jugador más completo. Pelé tiene la corona del rey del fútbol.

Usted jugó el Carranza de 1988 con el Vasco de Gama. El Atleti iba a fichar a Paulo Roberto, pero finalmente se quedaron con usted. ¿Cómo fue aquello?

—Jugamos el Carranza de 1987, ganamos y Mazinho fue elegido mejor jugador. Al año siguiente nos volvieron a invitar y hubo un problema en el centro del campo. Yo era central y le dije al entrenador que a mí no me importaba jugar ahí. Jugué dos buenos partidos frente al Cádiz y al Atlético de Madrid. De hecho, Juan Carlos y yo reventamos un balón en una acción dividida. En aquel Atleti estaban Futre y Baltazar y había un hueco para un extranjero más porque Gil vendió a Alemao. Me despedí de Futre y Baltazar antes de subirme al autobús y me dijeron que mi actuación les había gustado a los dirigentes. Nos fuimos al aeropuerto y, tras facturar la maleta, me llamó el presidente del Vasco de Gama y me dijo que me acababan de vender al Atleti. Yo pensé que era una broma. Fue una gran sorpresa para mí. Me hospedé en un hotel de la calle Alcalá los primeros días.

Hace poco entrevistamos a Baltazar. Él también era Atleta de Cristo…

—Yo me convertí en Atleta de Cristo en octubre de 1984. Me marché al Vasco de Gama ese año y recuerdo que mi primer viaje a España fue a La Coruña para jugar el Teresa Herrera. En 1984 me convertí a la religión cristiana y entré en la organización. En una de esas reuniones conocí a Baltazar y a otros deportistas.

Usted forma parte de una gloriosa generación de mediocentros brasileños. Hay quien dice que fue la reacción del fútbol brasileño a la decepción de España 82, donde fracasó el jogo bonito…

—Brasil era considerada una fábrica de futbolistas. Era el país donde se encontraban los mejores jugadores, pero fuimos perdiendo esa esencia. Yo era centrocampista y no sólo defendía, también me gustaba llegar a la portería contraria. Me gustaba jugar en esa posición y además marcaba. Mi posición de origen fue centrocampista, luego fui lateral derecho, después central y finalmente acabé como mediocentro. Cada país tiene su idiosincrasia. Por ejemplo, en España se trabaja más colectivamente, mientras que en Brasil los jugadores son más individualistas.

¿Cómo recuerda a Jesús Gil? ¿Tenía más de ángel o de demonio?

—Era una grandísima persona. Siempre quiso lo mejor para el Atleti, pero cuando perdía los papeles… A mí me trató como un hijo y a mi familia también. Guardo un grato recuerdo de la familia Gil. Me disgusté con él y por eso me marché del Atleti. Cuando me fui me pidió disculpas y me reconoció que se había equivocado con lo que había hecho. Actualmente sigo teniendo una gran amistad con toda su familia.

“Gil me dijo que mi salida fue el peor negocio que hizo”

¿Cuál fue el motivo de su salida?

—A mí no me gustó que Luis Aragonés saliera del Atleti. Ahí comenzamos a tener problemas y, aunque me pidió disculpas, yo no tenía ánimo de continuar. Por eso me marché al Deportivo. Cuando fui a La Coruña, Gil me ofreció un contrato de dos años con opción a uno más. Fue una sorpresa cuando fiché por el Deportivo. Le pregunté a Enrique Cerezo si Miguel Ángel (Gil) lo sabía porque él no quería venderme. Él quería que yo firmara el nuevo contrato y me dijo que iba a contratar a un entrenador brasileño para que estuviera contento. Pero yo ya había tomado la decisión de irme. Cuando el Atleti venía a La Coruña yo iba al hotel a ver a Gil. Un día me reconoció que se equivocó dejándome marchar, que fue el peor negocio que hizo.

“Clemente le dijo a Baltazar, que había sido pichichi, que no iba a marcar tantos goles y lo sentó en el banquillo”

¿Cómo recuerda a Clemente? Él solía tener problemas con los jugadores de toque…

—Coincidí primero en el Atleti y luego en la Selección. Creo que no le gustaban los sudamericanos. El primer problema de Clemente fue con Baltazar, que había sido pichichi el año anterior con 35 goles. Habló con él y le dijo que no iba a marcar tantos goles, por eso lo sentó en el banquillo. Pensábamos que era broma, pero hablaba en serio. A mí me dijo que los centrocampistas que pedían la pelota atrás no jugaban con él.

En aquel equipo también estaba Futre. ¿Sería una estrella en el fútbol de hoy?

—Sí, sí. Futre era un grandísimo jugador. Fue, junto a Baltazar, una de las personas que más me ayudó cuando llegué al Atleti. Siempre le estaré agradecido porque fue de gran importancia. Él era el capitán, pero en el vestuario también había otros líderes como Tomás, Goikoetxea, Abel… Había gente importante.

“Luis le decía a Futre que iba a traer dos pares de guantes y que se iban a dar hostias para ver quién salía vivo”

¿Cómo recuerda la final de Copa de 1992?

—Ganamos 2-0 con goles de Schuster y Futre. Recuerdo que cuando Luis se enfadaba con Futre le decía: “Mañana voy a traer dos pares de guantes y vamos a darnos hostias tú y yo. A ver quién sale vivo”. El vídeo del calentamiento con Futre fue buenísimo.

Usted ha ganado todas sus finales en el Bernabéu y pocos pueden decir algo así. Supongo que será su estadio fetiche…

—Es cierto que las gané todas. Soy de los pocos jugadores que le he ganado dos Copas del Rey al Madrid en el Bernabéu. Con el Deportivo (1-2) y con el Atleti (2-0). El estadio era impresionante con la parte rojiblanca y la blanca. Las otras finales las gané frente al Valencia y al Mallorca.

Donato, junto a Rivaldo y Seedorf tras el partido entre Deportivo y Milán (0-4) de la fase de grupos de la Champions en 2002. CORDON PRESS

¿Cómo le convenció Lendoiro? ¿En una de sus largas cenas?

—Sí, sí. Nos llevaba al restaurante La Brasa, cenábamos, bebíamos y después hablábamos del contrato.

Cuando usted llegó a La Coruña en 1993 ya se hablaba del Súperdepor. ¿Quién tuvo más mérito en ese equipo, Arsenio o Lendoiro?

—Tanto uno como el otro. Arsenio tenía que convivir con nosotros en el vestuario, dar la alineación titular… Lendoiro fichó de acuerdo a las necesidades del club y esa gestión me gustó. En la temporada 92/93 el Deportivo quedó tercero. A pesar del gran rendimiento del equipo, el presidente me fichó a mí, a Voro, a Manjarín, Alfredo y Paco Jémez. Antes se fichaba en función de las necesidades del club. Cuando llegué al Deportivo me sentí en casa. A mí lo que me gustaba era jugar y yo quería que el equipo superara lo conseguido. Soy una persona muy competitiva y mi objetivo era que el equipo estuviera como mínimo entre los tres primeros. Y casi ganamos la Liga.

“Si alguien estaba leyendo una revista antes de un partido, Arsenio se ponía nervioso y se la quitaba”

¿Cómo recuerda a Arsenio Iglesias?

—Para nosotros siempre será un padre. Yo pasé dos años muy bonitos con él. Sufría muchísimo por el fútbol y vivía con mucha tensión. Yo le pedía que no se preocupara tanto porque estaba pendiente de todo. Si uno estaba leyendo una entrevista antes de un partido, él se ponía nervioso y se la quitaba. Cada uno se relaja de una manera. Fue un gran entrenador, pero por encima de todo una gran persona. Nos decía “hay que cuidarse, neninho, hay que cuidarse” (imita a Arsenio). Todo el mundo le tenía mucho respeto. Fue una pena su salida del Deportivo; el club tendría que haber hecho más para que se quedara.

¿Los jugadores no intentaron convencerlo para que continuara?

—No pudimos hacer nada. Su salida fue por Lendoiro, por el club, no por nosotros. Ficharon a Toshack y el equipo cambió. Él echó a mucha gente y también trajo a muchos jugadores. A mí me quiso echar.

De Mauro Silva dicen que ha sido el mejor mediocentro de contención, pero usted también cubrió su puesto cuando estuvo lesionado sin desmerecer…

—Mauro Silva es de los mejores jugadores que he visto, sobre todo a la hora de defender. Cuando el jugador se enfrentaba a él, Mauro siempre salía victorioso. Comparar a jugadores es complicado. Además de defender, yo tenía disparo a puerta, pases largos… Ahora dicen que el jugador más parecido a Mauro y Donato es Casemiro.

¿Qué opinión le merece Casemiro?

—Me encanta, pero no creo que sea una mezcla de Mauro y yo.

Usted hubiera tirado el penalti de Djukic si hubiera estado en el campo… ¿Todavía tiene pesadillas con aquello?

—A mí me sustituyeron cuando faltaban once minutos. Lo teníamos todo a favor para ganar la Liga en aquel partido. Aquel día no empatamos por el penalti, empatamos por la actitud de los jugadores. El Barcelona iba perdiendo (0-2) con el Sevilla, pero finalmente remontaron (5-2). Mis compañeros parecían más pendientes de lo que pasaba en el Camp Nou que de lo que ocurría en Riazor. Yo me enfadé porque sólo teníamos que ganarle al Valencia. La gente gritaba con cada gol del Sevilla que éramos campeones, pero yo les decía a que se olvidaran de Barcelona y se concentraran en lo que estaba pasando en La Coruña. Cuando el Barcelona volteó el marcador, quisimos despertar para ganar. “¿Ahora?”, les recriminé yo. Para más inri, luego nos pitaron el penalti.

Letchov conduce ante Donato, en su último partido en la Selección. CORDON PRESS

Y usted ya había sido sustituido…

—Sí, creo que fue la primera vez en toda la temporada que fui reemplazado. Durante la semana Djukic, Fran y yo ensayamos los penaltis. Aquella semana, el portero del Valencia, Sempere, fue expulsado por hacer un penalti contra el Valladolid y entró González. Él amagó que se iba para su lado izquierdo y se tiró a la derecha. Yo vi el resumen del partido y me quedé con eso. Toda la semana entrené el penalti al mismo sitio: a la izquierda del portero. En la concentración colocaba un balón imaginario en el suelo, tomaba la distancia y seguía chutando al lado izquierdo del portero. Parecía que estaba loco. Cuando pitaron el penalti, intenté mandar mi pensamiento a Djukic. Finalmente, él tiró al lado derecho. No sé si yo hubiera fallado, pero sí tenía claro dónde iba a lanzar. Si yo lo hubiera tirado a la derecha, no me lo hubiera perdonado jamás. No puedo olvidar ese penalti.

¿Cómo recuerda a Javier Irureta?

—Toshack reemplazó a Arsenio y lo cambió todo. Hubo muchos fichajes. Luego llegaron Carlos Alberto Silva y Corral. Y ninguno se adaptó bien. En 1998 Lendoiro fichó a Irureta y su llegada revolucionó al equipo. Trajo nuevos jugadores y el cambio vino bien. El vestuario empezó a estar más tranquilo. Él creó una familia en el vestuario, al igual que Arsenio. Los jugadores sabíamos qué teníamos que hacer. La plantilla era buenísima.

Usted ganó todos los títulos del Súperdepor y estuvo presente en la goleada al Milán, el Centenariazo… ¿Cuál fue el mejor partido de aquel equipo?

—Es difícil elegir. Nosotros fuimos el primer equipo español en ganar en Old Trafford, ganamos al Bayern de Múnich… Hubo muchísimos partidos importantes. Sin embargo, los que más te marcan son aquellos en los que ganas títulos. El día que ganamos la Liga fue el más importante. No sólo para mí, para todos.

“Mi padre va a cumplir 85 años y juega pachangas los martes, jueves y sábados”

¿Cómo hace un futbolista para retirarse a los 40 años como hizo usted? ¿Es cuestión de sacrificio o de genética?

—Ambas cosas. Mi padre va a cumplir 85 años y todavía juega sus pachangas martes, jueves y sábados. Tengo envidia. Yo jugué hasta los 40, pero mi padre está jugando a los 84. Yo sufrí mucho en el inicio de mi carrera porque tuve que luchar mucho hasta consolidarme. Los jugadores somos egoístas, pero también somos conscientes de las injusticias que nos han hecho. No fue nada fácil jugar hasta los 40. Creo que podría haber seguido uno o dos años más. Sin embargo, ni el entrenador, ni el presidente, tuvieron interés en que continuara. Prácticamente me retiraron.

Cuente, cuente…

—En mi último año en el Deportivo, si hubiera jugado el 50% de los partidos me hubieran renovado el contrato automáticamente. Esa temporada fue dura porque Irureta siempre me tenía en el banquillo. Parecía que controlaba los partidos que jugaba porque me faltaron sólo cuatro partidos para renovar. Cuando me marché de vacaciones, Irureta me dijo que tendríamos que ver mi situación y que hablaría con el presidente. Empecé a entrenar durante las vacaciones para llegar en un estado óptimo. Lendoiro me llamó cuando faltaba una semana para el comienzo de la pretemporada y me dijo que no contaba conmigo. Aquello fue un shock para mí porque no tuve tiempo para buscar equipo. Luego se interesaron en mí el Ciudad de Murcia, el Almería, Las Palmas y el Elche. Tenía 40 años y nunca había jugado en Segunda, así que decidí retirarme. También por temas familiares. Paré con la sensación de que podía haber seguido. Lo peor fue que no tuve tiempo para despedirme de la afición.

¿Podemos dar ya al Atleti como campeón de Liga?

—No, no. Ojalá que sea campeón, pero es difícil porque todavía quedan partidos. Deseo que el Atleti sea campeón. Hay que esperar.

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