La segunda jornada de la Copa del Rey, a pesar de los sobresaltos, volvió a ser una muestra de poderío de los equipos Euroliga. TD Systems Baskonia y FC Barcelona se enfrentarán mañana en semifinales tras derrotar a Joventut de Badalona y Unicaja, respectivamente. Fue el duelo entre blaugranas y blanquiverdes el que acaparó todos los focos. La inesperada resistencia del Unicaja, liderado por un inmenso Brizuela (33 puntos) fue premiada con una prórroga en la que Higgins enterró los sueños de la cenicienta malagueña.

El primer choque del viernes fue, sobre todo en sus tres primeros cuartos, tan atractivo para el espectador neutral como doloroso para los entrenadores. A muchos ya les sonará el cuento. Posesiones de escasa duración y altos porcentajes es una combinación que dispara los puntajes de cualquier partido. En este contexto, los baskonistas sacaron a relucir la profundidad de su arsenal ofensivo, liderado por Henry y Polonara. El base y el ala-pívot se combinaron para sumar 31 puntos y 56 créditos de valoración. El buen rendimiento de Henry esta temporada era más previsible, pero el italiano ha dado un paso adelante que le ha convertido en el jugador más mejorado del baloncesto español. La Liga Endesa no entrega este premio, así que Polonara tendrá que conformarse (seguramente lo prefiera) con firmar un jugoso contrato este verano.

El Joventut tampoco se quedó corto en cuanto a inspiración ofensiva, a la que sumó un claro dominio bajo el aro de su rival. Una conjunción de elementos que suele ser ganadora, pero que se topó con el desmedido acierto del conjunto vitoriano. Al descanso sus números eran de récord: 55 puntos con un 22/28 en tiros de campo. Desde los primeros instantes del choque fue esa diferencia de inspiración la que otorgó una renta cercana a diez puntos al Baskonia que supo administrar a la perfección. La clave de una posible remontada de la Penya era de dominio público: apretar en defensa.

Durante todo el choque, los de Carles Durán caminaron cual equilibrista para resistir cada empuje ofensivo de su rival. Con el paso de los minutos la cuerda se iba estrechando y, con ella, disminuía el margen de reacción. El parcial de 7-0 con el que el Baskonia arrancó el último cuarto dejó a la Penya mirando al vacío. Ya no había vuelta atrás. A falta de cinco minutos la diferencia ascendía a 19 puntos.

El arreón final del equipo de Badalona fue todo un homenaje a los que dejamos (me incluyo) todo para el último momento. No hay mejor forma de ponerse las pilas que con el agua al cuello, y prueba de ello fue el nivel defensivo que exhibió la Penya en su intento fallido de remontada. Pese al esfuerzo, ya era demasiado tarde. Una canasta sobre la bocina de Henry tras una buena defensa penyista evidenció la falta de margen para remontar y certificó el pase del Baskonia a semifinales.

El último enfrentamiento de los cuartos fue también el más competido de lo que llevamos de Copa. El Unicaja partía como octavo clasificado y tapado de la competición. Probablemente, ni el escenario ideal que rondó la cabeza de Katsikaris antes del partido se acercara al primer cuarto de su equipo. Cuando Alberto Díaz colocó el 7-26 con un triple a tabla, la inspiración y la fortuna ya se habían hecho una.

El segundo cuarto comenzó a mostrar a los malagueños el camino de vuelta a la cruda realidad. La entrada de Oriola y Westermann fue el chute de energía que los culés necesitaban para comenzar a escalar la desventaja. Con la defensa como estandarte el Barcelona de Jasikevicius recuperó su identidad. Una que plasmó en sus formas. Su arreón no fue tan vistoso como el de su rival, pero tuvo la misma efectividad. Una reacción, que lució tan previsible como inesperado fue el inicio de Unicaja.  

La segunda parte fue un nuevo comienzo. Darío Brizuela quiso llevarlo al pie de la letra, y su muñeca volvió a comportarse como al inicio del choque. Todo lo que sumó en cancha rival fue mermado por su nula defensa sobre Calathes. El base griego, maestro en el arte del tiro tras trote, sumó 11 puntos en el tercer cuarto al aprovechar la vigilancia sobre Abrines.

El acierto en el triple fue el termómetro de Unicaja, ya que su defensa y su fluidez ofensiva parecían ser esclavas de su inspiración exterior. Sin embargo, la mala circulación de su ataque comenzó a arrebatarle el partido de las manos. Más bien, fueron ellas las que dejaron el partido en bandeja para los blaugranas. Los cajistas sumaron 8 pérdidas en el último cuarto. Fue en este periodo cuando el Unicaja experimentó el mayor mal del underdog. Después de jugar sin presión por la condición de favorito indiscutible del Barça, los nervios le aparecieron de golpe cuando se vio con la responsabilidad de llevarse el partido. Katsikaris lo plasmó a la perfección en un tiempo muerto. “Parece que jugáis asustados”, espetó el técnico griego.

Cuando el conjunto blaugrana pareció haber cerrado el partido, el Unicaja volvió a sentirse liberado. Brizuela recuperó el brillo, pero la canasta decisiva corrió a cargo de Abromaitis. El griego forzó una prorroga más descafeinada en la que el talento individual decidió el rumbo del partido. Cuando fallan las piernas el talento reluce aún más, y esta vez fue el de Higgins el que sobresalió entre faltas, tiros libres y protestas. El escolta hizo una demostración de dominio de la media distancia. Morey, tú también lo disfrutarías.

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