La primera jornada en juego de la Copa ACB fue una extensión del rendimiento de los ganadores en la competición liguera. Lenovo Tenerife confirmó su posición como el claro dominador entre los equipos españoles que no disputan la Euroliga, superando con claridad a un San Pablo Burgos que no fue capaz de transformar la euforia de su reciente campeonato intercontinental en energía para sobreponerse al cansancio. Por otro lado, el Real Madrid sacó a relucir su versión liguera ante su bestia negra en la Euroliga: los equipos españoles. A pesar de haber vencido en la competición doméstica en todos sus enfrentamientos, a excepción del FC Barcelona, el equipo blanco ha sumado cuatro abultadas derrotas europeas ante Barcelona, Baskonia y Valencia, su primer rival en la Copa.

El duelo entre tinerfeños y burgaleses fue el pistoletazo de salida del torneo. La falta de dos de las aficiones más ruidosas del baloncesto español fue lo único que desvirtuó una primera parte muy dinámica y de gran nivel ofensivo. Sin apenas faltas e interrupciones, el choque pareció jugarse a reloj corrido. Los triples llovieron sobre el aro de San Pablo Burgos, y fue la muñeca de Sasu Salin (18 puntos y 5 triples al descanso) la que más contribuyó a ello. En los dos primeros cuartos, los de Vidorreta firmaron un irreal 10/13 desde la línea de tres.

El reciente campeón intercontinental efectuó un buen ejercicio de resistencia para sobreponerse al vendaval ofensivo de su rival y mantener la diferencia por debajo de los 10 puntos. De hecho, el no perder la cara al partido a pesar del acierto tinerfeño pareció una garantía de supervivencia de sus opciones. En muchas ocasiones se da por hecho que, cuando un equipo no obtiene una amplísima diferencia a pesar de una gran inspiración, perderá esta ventaja en cuanto deje de anotar. Tanto en el baloncesto como en la vida, 2+2 no tiene por qué ser cuatro.

Parecía que iba a ser una de esas veces que este dicho se cumple. En mitad del arreón tras el paso por vestuarios de los de Peñarroya, Kravic colocó un tapón a Fitipaldo desde la misma posición en la que el uruguayo logró anotar uno en el primer tiempo. La acción defensiva del serbio significó el cuarto error en cuatro intentos de los tinerfeños. Pareció, en un primer momento, una acción que significaba un cambio de paradigma en el choque: la defensa de San Pablo estaba reduciendo el acierto de su rival.

Ante la amenaza de no adaptación a un contexto de menor inspiración, Tenerife logró contrarrestar su vuelta a los baremos normales de acierto con una mejoría en defensa y en la anotación interior. Un 16-0 de parcial, en el que su rival acumuló más de cinco minutos sin anotar, evidenció el dominio de los isleños y la falta de piernas para sobreponerse de los burgaleses.

El intento de remontada llegó, como era previsible en un partido a vida o muerte, pero estuvo más guiada por el corazón de un equipo incansable que por su nivel de juego. Esta vez si se produjo una secuencia de acciones que cortó de un plumazo la dinámica imperante. Con McFadden a los mandos, San Pablo acechaba en el marcador. Cuando el norteamericano comandaba una transición sencilla para colocar a su equipo a 10 puntos cometió una falta en ataque. En la siguiente jugada, Sheramdini firmó un 2+1 para poner el +15 de Tenerife y finiquitar el partido hasta el 87-76 final.

El Valencia Basket, que ante las bajas madridistas partía prácticamente en igualdad de condiciones con su rival, experimentó uno de los males del estudiante. Los de Ponsarnau estaban preparados a la perfección para enfrentarse a Tavares con uno de sus mejores antídotos: Bojan Dubljevic. Así, habían dedicada la mayor parte de sus esfuerzos a estudiar el tema más complejo del examen: sortear en sus ataques la alargada figura del caboverdiano. Cuando Tavares se retiró de la cancha antes del primer minuto, el conjunto taronja lució desubicado. Su plan de estudio había saltado por los aires.

Aprovechando el desconcierto y, quizá, espoleados por la poca fe que hay depositada en ellos para este torneo, los jugadores blancos firmaron un primer cuarto impoluto. Carlos Alocén volvió a demostrar que es el base más en forma de la plantilla, igualando en el primer cuarto su récord personal de 5 asistencias con el equipo de la capital. La mejoría respecto a los últimos partidos en la ofensiva se percibió en la naturalidad de los lanzamientos de tres. Con Alocén a los mandos y Carroll y Thompkins como ejecutores, los triples salieron de las manos de los mejores triplistas del equipo. De esta forma, Deck pudo centrarse en dañar corte a corte a la defensa rival.

Los taronjas tuvieron que esperar al tercer cuarto para poder reengancharse al partido. El Madrid llegó a colocarse 21 puntos arriba, una distancia suficiente para caer en la desconexión. Esta temporada, entre bajas y lesiones, el conjunto merengue ha demostrado que no puede permitirse jugar a medio gas ante equipos del nivel de Valencia. Después de 25 minutos de concentración extrema, el Madrid bajó los brazos creyendo que ya estaba todo hecho. Los valencianos sumaron un parcial de 0-15 que les acercó un partido que parecía perdido. En estos minutos, y durante gran parte del choque, llamó la atención la energía de Prepelic. El exjugador del Madrid jugó con más ganas que acierto, y lució tan motivado como sobreexcitado (firmó un 1/8 desde el triple).

De esta forma se llegó al último cuarto con todo por decidir. Durante los primeros instantes se vivió un intercambio de golpes, en forma de canasta, a ambos lados de la pista. El Madrid, a pesar de haber desperdiciado una parte importante de su renta, tenía margen suficiente para parar, limpiarse el sudor y soltar un escupitajo. Además, contó con la energía de Rudy. El balear volvió a demostrar que es uno de los mejores, si no el mejor, defensor sin balón de Europa. Su capacidad para cortar líneas de pase y meter la mano siempre en el momento indicado desquició al conjunto taronja en su intento de remontada. Un triple de Llull a falta de tres minutos terminó de certificar la victoria de su equipo (85-74).

El sábado, Tenerife y Real Madrid se ven las caras en la primera semifinal. Las tensiones entre ambos banquillos en los últimos encuentros ligueros anticipa un partido en el que, por momentos, agradeceremos poder escuchar los sonidos que nos permite la falta de público.

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