Actualmente, el fútbol de élite es cada vez más exigente por el número de partidos que se disputan durante la temporada. Esta acumulación de encuentros supone para los jugadores una enorme carga mental y física. Entre competiciones nacionales e internacionales la cifra de partidos se dispara por encima de 60. En estas condiciones, los cambios en la preparación física de los jugadores será un desafío que afrontarán en los próximos años entrenadores y especialistas en la fisiología del esfuerzo.

Es fácil aventurar que el número de partidos jugados seguirá en aumento y los parámetros que se manejan ahora quedarán desfasados. La velocidad de los jugadores resultará cada vez más alta y Mbappé no será el único que pueda alcanzar los 38-39 km/hora. La velocidad del juego se incrementará en un 3-4% con valores de 8m/s. En resumen: se correrá mas rápido y durante mas tiempo. La distancia recorrida en cada partido a ritmos extenuantes llegará a 12-14 kilómetros. En estos momentos, sólo Kanté, jugador del Chelsea, se mueve en estos registros.

Las acciones explosivas —tiros, saltos, sprints cortos, cambios de dirección, frenadas, aceleraciones— también aumentarán un 5% la frecuencia cardiaca media durante los partidos, que ahora está en 173/75 pulsaciones por minuto en el umbral anaeróbico. Se superará este umbral y la deuda de oxígeno que conlleva y se alcanzarán las 175/77 ppm.

La presión alta que ahora se hace en momentos puntuales en el futuro adquirirá un mayor protagonismo a nivel táctico y aumentará su duración en el juego. Los repliegues serán más rápidos y comprometerán a más jugadores. Habrá más contraataques con carreras de velocidad coordinadas entre varios futbolistas. Los entrenamientos serán mas exigentes y más prolongados.

La preparación física individualizada será una de las claves en el nuevo paradigma y se acudirá al deporte individualizado con más conocimientos científicos y fisiológicos para exprimir métodos que puedan mejorar el perfil fisiológico de los jugadores del futuro. Se acudirá al atletismo, el auténtico deporte rey.

Las lesiones musculares serán más frecuentes y, en consecuencia, los procesos de recuperación se situarán en un lugar preferente, si bien existirá un tiempo limitado para llevarlos a cabo y el diagnóstico tendrá que ser mucho más preciso porque en gran medida marcará el tiempo de inactividad del jugador. La contratación de los jugadores no sólo estará motivada por su calidad técnico-táctica, sino que se valorará en los jugadores el predominio de la fibra rápida (fast twich) y de parámetros que puedan avalar las altas resistencias mentales y físicas, predominando el genotipo del jugador cuyo volumen de oxígeno máximo oscile entre el 50-60 ml por kilo de peso en su composición fibrilar.

GPS, pulsómetros, monoritaciones y microsensores serán frecuentes en el día a día para proteger los isquiotibiales, musculatura flexora que tiene una gran incidencia en el desarrollo del fútbol. Todos estos datos objetivos serán herramientas muy útiles para que el entrenador, huyendo de la improvisación, gestione la alineación titular, los descansos y los cambios en el partido.

Como se puede observar, en la próxima década nos enfrentaremos a un reto apasionante que exigirá lo mejor de cada profesional en el contexto de equipos de élite multidisciplinares que deberán buscar con sabiduría el imprescindible equilibrio entre rendimiento fisico y salud.

Amén.

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