La figura de Zinedine Zidane está muy cuestionada por los últimos fracasos del equipo. Primero fue la Supercopa de España y luego la eliminación de la Copa del Rey ante el Alcoyano. Parte de la prensa deportiva y la afición, incluso miembros del club, ven en Zidane al único culpable. Los cambios, las charlas, los planteamientos… se le reprocha incluso que no levante la voz cuando tiene que aleccionar a los jugadores en cualquier circunstancia del juego.

Para Zizou todo este alboroto es sólo ruido. Está por encima de la presión mediática. Su naturalidad es sorprendente. Afronta cualquier tema, por peliagudo que sea, como algo que tarde o temprano va a solucionar. Sin prisas pero sin pausas. Es uno de los grandes del fútbol mundial. Como jugador y como entrenador. Nadie más ha ganado tres Champions seguidas. Y esa aureola es reconocida con admiración y respeto por sus jugadores. El fútbol para Zidane gira en torno al jugador, esa es su prioridad. Para él, los sistemas (4-3-3 o 4-4-2) carecen importancia (Menotti decía que eran números de teléfono). Por eso no se va devanar los sesos con interminables sesiones tácticas. Sabe que la influencia en el juego es relativa, que el orden y el posicionamiento no dependen de complejos laberintos tácticos que frenan y condicionan la iniciativa y la creatividad del talento.

Para Zidane, lo único que tiene una influencia decisiva en el desarrollo del jugador es la preparación física. Él vivió en sus carnes las maratonianas sesiones físicas en su paso por la Juventus y esa exigencia, aunque dura, fue determinante en su evolución. El sistema italiano de trabajo físico es reconocido por todo el mundo por su minuciosidad y su aporte científico. Fisiólogos como Carmelo Bosco, Dalmonte o Cometti tienen enorme prestigio. El Milán con siete Copas de Europa y la Selección Italiana con cuatro Campeonatos del mundo son magníficos ejemplos de la importancia de la base física. Y no olvidemos que los preparadores físicos con los que Zidane ha trabajado —Pintus y ahora Dupont— provienen de la escuela italiana.

En el trato con el futbolista, Zizou es muy cercano y motivador. En su relación diaria sus frases son de máxima confianza y ánimo. Sus palabras siempre llevan mensajes implícitos de refuerzo positivo que los jugadores agradecen: por eso nunca van a boicotear a su entrenador. En el último partido de Liga con el Alavés demostraron que el vestuario está unido. Y eso que él no se encontraba en la banda. Que nadie lo dude. Zidane es un buen tipo que vive con intensidad su profesión de entrenador. Para él, «vivir no es durar».

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