Menos brillante que en Bilbao, pero mucho más efectivo. Así volvieron a sumar de a tres los de Q-Man. Al Granada, como el Athletic, le duró su arreón inicial apenas 10 minutos. Con la diferencia de que no marcó (intervención de Der Heilige mediante) y ni siquiera pudo meter el susto en el cuerpo a un equipo que, hace años, cuando el marketing de las marcas de ropa lo permitía, jugaba de azulgrana.

Y esa gran efectividad, por supuesto, tiene nombre y apellidos: Lionel Andrés Messi Cuccittini. Con D10S inspirado el equipo sube entre tres y cuatro peldaños: pasa de ser un equipo de medio pelo a llamar a la puerta de los aspirantes al título. Fue secundado por un De-Jong cada vez más Del-Ajax y por un Busquets que celebraba efeméride: ya se puede decir que ha jugado sus 600 mejores partidos con el Barça. Y es que cuando el equipo juega con las líneas juntas, incluso un veterano como él parece seguir siendo aprovechable. La defensa adelantada coopera y mucho. Y hace que cada vez se eche menos en falta ese recule fernandohierristico de Piqué.

El invitado especial de la noche fue el menos esperado: El Hombre Gris. Beneficiado por su mala costumbre de salir siempre del fuera de juego caminando, el francés recibió un rebote-pase de Soldado que le habilitaba para fusilar a Rui Silva. Un gol que animó, y mucho, a Antoine: tras una conducción de las que nadie recordaba haberle visto hacer, asistió a Messi. El pase a la escuadra del argentino confirmaba que todo era cuestión de coco: el burofax va quedando cada vez más lejos y la flechita verde de la Playstation se enciende continuamente. Su sonrisa ya inquieta a los rivales. Y para terminar de preocuparlos, hasta volvió a marcar de falta: el balón, a ras de suelo, fue deletreando una frase sobre el césped de Los Cármenes antes de colarse junto a la base del poste: “Me llamo Leo Messi y nunca me fui”. A los que alguna vez dudaron (argentinos aparte) baste dedicarles dos palabras, acaso preludio de las que pronunció el llorado Diego Armando Maradona en su día: “¡Arrodillaos infieles!”

0-3 al descanso. Partido cómodo. Sin errores garrafales en defensa. Difícil recordar algo así en clave culé. El único pero achacable en el partido era el inestable Dembelé. Parece que asentarse como titular hace dormirse, literal y metafóricamente, Ousmane. Pero tras un recital de balones perdidos e intentos fantasmales de regate (intentando atravesar a los defensas) se reivindicó con una sutil asistencia al Hombre Gris que cruzó con calidad al fondo de la red. La rehabilitación completa de Griezmann llegará el día en que no empañe un buen gol dando vergüenza ajena en la celebración. Que era el 0-4, Antoine.

Y ante la inminente y atractiva Supercopa (porque difícilmente estará el equipo a dos partidos de levantar un título esta temporada), rotaciones y descanso para los titulares y tiempo para pasear el carro del pescado. O para plantear el debate de sí Riqui ENP debe seguir jugando más partidos en la Play Station 5 o en el campo.

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