El 16 de enero es el día escogido por muchos amantes de The Beatles para rendir homenaje a la banda que cambió el mundo de la música. Esta fecha coincide con la inauguración del Cavern Club, el mítico bar de Liverpool donde debutaron y donde John Lennon (Liverpool, 1940-Nueva York, 1980), Paul McCartney (Liverpool, 1942), George Harrison (Liverpool, 1943-Los Ángeles, 2001) y Ringo Starr (Liverpool, 1940) se convirtieron en eternos. Hay lugares donde la magia a veces ocurre. 

Hace poco un amigo decía que la música es lo más mágico que ha creado el ser humano; seguramente tenía razón. En este sentido, The Beatles son comparables al gran Houdini. Ningún grupo ha llegado a cotas tan altas. Dicen que todo tiene truco o explicación. La primera lección de Dumbledore debería ser la musical.

Hoy en día, ya no están en primera línea. No escucharás su música en los locales de moda, más proclives al Trap, la electrónica o el Reggaeton. Si embargo, es indudable que hablamos de uno de los grupos más influyentes en la historia de la música. Los 60 marcaron su música. Una década de rebeldía y grandes cambios sociales. El movimiento hippie, la revolución sexual o mayo del 68 generaron un cocktail perfecto para su éxito. Sin lugar a dudas, tiempos pasados fueron mejores. Paz y amor.

El grupo tiene su raíz en el rock and roll estadounidense con gran influencia de Elvis Presley. Lo dijo Lennon: «Antes de Elvis no había nada». Poco a poco derivó en música más pop, sencilla, pegadiza y optimista. El sentido positivo y el optimismo es un bien poco apreciado cuando se tiene éxito en algo.

Es difícil decir cuándo se creo la banda. Parece ser que en 1962 quedó configurada de forma estable, aunque antes otros grupos habían sido su germen: The Quarrymen (en 1957 se añadieron McCartney y Harrison), Johnny and the Moondogs, The Silver Beatles y, por fin, The Beatles.

Lennon y McCartney fueron los lideres y los creadores de la mayoría de las canciones. Un dúo creativo al que le sobraba el talento y, quizá, cierta competitividad. Supongo que eso les retroalimentaba. Los grandes genios siempre han tenido alguien cerca con el que crecer, retarse y superarse día a día.

Eran atractivos en todo, incluso cuando hablaban: cercanos, divertidos, ingeniosos…. Su imagen estuvo muy influenciada por Brian Epstein, su manager, del que se dice que fue el quinto beatle. Epstein fue el verdadero motor de la «beatlemanía». Un genio del marketing propietario de una tienda de discos que moldeó su estilo y la estética y supo convertir todo ese talento en éxito.

Realizaron giras por todo el mundo, provocando una histeria colectiva entre sus seguidores jamás vista. La locura de esos primeros años fue absolutamente inigualable hasta que el entusiasmo de sus seguidores colmó su paciencia y dejaron de tener ganas de enfrentarse al público. Les apasionaba la música y toda esa parafernalia que se montaba a su alrededor les acabó pasando factura. Se decía que los gritos de sus seguidores no les dejaba oír su música y, por lo tanto, sus directos era muy mejorables. 

A partir de entonces se limitaron a grabar en estudio. Una nueva forma de entender su carrera, buscando menos el hit, con una nueva imagen y un nuevo estilo, más serio y profundo. Buscaban experimentar y hacer cosas diferentes. Un claro reflejo fue el lanzamiento de su obra más vanguardista y revolucionaria, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (octavo álbum). Este nuevo trabajo se convirtió en un extraordinario éxito mundial alcanzando el número uno simultáneamente en las listas británicas y estadounidenses, y dando origen al denominado rock sinfónico. 

Pero todo llega a su fin. El 10 de abril de 1970 puso fin a su historia con unas declaraciones de Paul McCartney ante el lanzamiento de su primer disco en solitario. Las relaciones ya no eran las mismas, la creatividad no fluía y, posiblemente influyó la muerte de Brian Epstein, que era el pegamento en la banda. Sin olvidar a Yoko Ono, siempre controvertida y enigmática. 

Eran entretenimiento puro. Esto los llevó a rodar películas —muy mejorables, todo sea dicho—, participar en programas de TV, conciertos… todo el mundo se quería acercar a ellos, también la publicidad. Su música y el marketing son un tándem que funciona maravillosamente incluso hoy en día. Quiénes mejor para conectar marcas con personas de distintas generaciones. En esto tuvo mucho que ver Michael Jackson: en 1985 compró los derechos de sus canciones y empezó a vender las licencias con fines publicitarios. España tiene el honor de ser el primer país en utilizar su música para la publicidad en un anuncio de refrescos de KAS. A partir de ahí, su música ha sido protagonista y probablemente clave en miles de negocios, destaca Nike en 1987 con Revolution, un anuncio que cambió la industria publicitaria.

Sus canciones han marcado un antes y un después en el mundo de la música, su influencia ha sido inmensa. Hoy en día siguen siendo tatareadas por todas las generaciones. Revindicar el regreso de la beatlemanía debería convertirse en un movimiento social. Para conocer su verdadera dimensión sólo hay que volver a escuchar su música, ver el documental de Ron Howard (The Beatles: Eight Days a Week) en Amazon Prime o escuchar alguno de los podcasts que El Descampao dedica a los The Beatles.

Quedarán para siempre como el símbolo de un estilo de vida. Retomarlo nos haría mejores, o al menos más divertidos en esta época más proclive al pesimismo y el enfrentamiento. Una revolución que seguro nos haría disfrutar y haría realidad eso de «cuando las palabras fallan, la música habla».

«Dices que quieres la revolución, todos queremos cambiar el mundo. Pero cuando hables de destrucción, no cuentes conmigo». (Revolution, The Beatles)

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