Diez minutos le duró al Athletic el efecto entrenador-nuevo-victoria-segura. En ese tiempo la presión alta y la velocidad bilbaína desbordaron a la defensa culé. El peor parado en la foto volvió a ser Lenglet, desnudado esta vez por Iñaki Williams en el gol inicial. Lástima para Marcelino que los partidos duran algo más de 10 minutos porque tras ese fulgurante inicio local el Barça comenzó por oponer la velocidad de un enchufado Dembelé, primero, y a imponer la magia de la dupla Messi-Pedri, después.

A la dupla se sumó De Jong, cada vez más el del Ajax, y entre los tres hicieron dudar a un Unai Simón aquejado de una degeitis aguda: desde el debut con la Selección no parece el mismo. El empate trajo la tranquilidad y el buen juego a las huestes de Q-Man, con un Pedri emergiendo como corresponde a un jugador de gran categoría: en un estadio de renombre. El canario tiene una facilidad innata para el fútbol de toque y calidad para realizarlo: su taconazo para asistir a Messi en el 1-2 es de los que se recuerdan cuando se habla del inicio de una gran carrera. Lástima de la ausencia del público porque la exhibición del canterano en la primera parte podría haber merecido el aplauso de San Mamés. ¿Qué habría pasado si se hubiese rodeado a Messi de más Pedris y menos hombres grises durante estos últimos años? El pase a la red del argentino servía, además, para confirmar que el equipo ya sabe remontar partidos adversos.

Pedri llevaba camino de ser el MVP del partido pero para evitar que el chaval pueda tener algún tipo de ataque deulofeugico, Messi decidió recordarle, en el día de Reyes, que él sigue siendo el ídem. Decidido a sentenciar el partido en uno de sus escenarios favoritos, D10S siguió afinando su puesta a punto. En cada partido parece ir a más y comenzó su ostentación con un gol anulado por unos extraños milímetros que detectó el VAR: se equivocó la tecnología en esta ocasión porque lo que estaba adelantado no era su cuerpo sino su aura. No le importó —gajes de las divinidades pensó— y continuó atemorizando al Athletic con un disparo a la cruceta. Entre jugada y jugada aún le dio tiempo a observar al cabizbajo Hombre Gris, hoy disfrazado de actor secundario: cuando vuelva Ansu, cada nanosegundo que juegue Antuan será un año perdido en la carrera del hispano-guineano. Pero Messi, en su infinita bondad, quiso ayudar a que el francés engordase un poco sus estadísticas: se apoyó en él para batir nuevamente a Unai Simón y asegurar los tres puntos. Ganará el Pichichi como el PSG la liga francesa: con el piloto automático. Y en cuanto meta una falta directa, ya podemos decir que ha vuelto.

Y por ser día de Reyes, Messi no olvidó que el Athletic se merecía también algún regalo. Su asistencia a Belenguer fue el preludio del golazo de Muniain por el único ángulo que no tapaba Der Heilige. Pese al buen juego, se volvía a ganar sin holgura en el marcador y con los consiguientes nervios. De momento, tal vez no dé para ganar títulos pero quizá al menos para competir.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here