La táctica es la inteligencia del juego. Es la administración racional y eficaz de los fundamentos técnicos y físicos de cada jugador integrados en un colectivo. Decía el entrenador de baloncesto Bozidar Maljkovic que su obligación era diseñar un sistema para que al final del movimiento del balón, un jugador suyo tuviese una posición limpia para tirar a canasta. Eso es la táctica.

Gracias a la táctica se manejan los ritmos del juego, se marca la diferencia entre defender bien o mal, entre atacar rápido o lento, directo a pausado y con sorpresa o de manera más mecánica. La táctica supone que ha existido un acuerdo previo para realizar ciertas jugadas en conjunto, lo que a su vez implica un trabajo semanal y una idea grupal que define el estilo de juego de los equipos. 

Sin embargo, en nuestro país, las tácticas no gozan de mucha simpatía entre un sector del periodismo y de los aficionados. Se cree que limitan y encorsetan el talento.

Por suerte, hay otro tipo de aficionado-espectador que ve en las tácticas y en su desarrollo una forma de enriquecer el conjunto y, por ende, al futbolista. A ese seguidor hay que contarle algo más: cómo juega un equipo y qué herramientas usa el entrenador para que se juegue como él quiere. Para llevar a cabo esa narrativa hay que emplear los términos apropiados, y así hablamos de la presión alta, de laterales largos, de filtrar pases, de desmarques de ruptura o de contextos ofensivos, expresiones que algunos consideran pedantes o pretenciosas. 

Pongo un par de ejemplos.

“Si juegas con un bloque defensivo medio, tu obligación es presionar al poseedor del balón». ¿Por qué? Porque tu espalda se convierte en el lugar idóneo para dañarte, ya que facilitas los desmarques al espacio.

«La idea de un equipo debe ser girar la defensa contraria». ¿Por qué? Porque la posición defensiva más incómoda para un futbolista es mirando a su portería. 

Explicar este tipo de situaciones a lo largo de la narración de un partido se ha convertido en una necesidad-obligación, de ahí el éxito de una nueva generación de periodistas, narradores y columnistas que han dado un paso al frente y se atreven a pisar terrenos que otros desprecian.

En su libro Dinámica de lo impensado (1967), el periodista Dante Panzeri hace una crítica de la parafernalia del periodismo, del intelectualismo que nombra las cosas de forma complicada para que parezcan nuevas e importantes. Aunque Panzeri ha sido uno de los grandes intelectuales del fútbol (lo consideró un asunto tan importante que escribió libros al respecto), puede que de ese desprecio haya surgido ahora la palabra panenkita.

Aunque la revista Panenka es un tesoro para los amantes del fútbol y de las historias sobre fútbol, con la expresión panenkita se hace alusión a quienes al hablar del juego trascienden los comentarios clásicos. “Hay que echarle cojones”. ”Corren poco para lo que ganan”. “No respetan el escudo”. “No sudan la camiseta”… Cualquier individuo que hable de posicionamiento táctico, de la zona 14 o de perfiles al recibir el balón es considerado un panenkita.

Hace cuarenta años, Sacchi decidió que para atacar la portería contraria había que comenzar por atacar el ataque rival. Así escribió una de las leyes defensivas del fútbol: “En la fase de no posesión la referencia primordial es el balón, luego el compañero y, por último, el adversario”.

Cruyff diseñó con triángulos su mejor Barça.

Victor Maslov respondió con un 4-4-2 a la WM.

Lobanovsky hizo escuela de Kiev.

Hasta llegar a Klopp y su Gegenpressing.

Todo eso forma parte de la historia, pero también de la realidad actual del fútbol y hay que contarlo. Te llamen panenkita o no.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here