Martin Odegaard, la perla noruega por la que se pegaban todos los grandes de Europa, fichó por el Real Madrid hace seis años, con apenas 16 abriles. Con 15, se había convertido en el jugador más joven en debutar en la primera división del fútbol noruego; meses más tarde batió otro récord de precocidad al vestir la camiseta de su selección.

Tras visitar diferentes canteras de los clubes más importantes del continente —Bayern, United o Liverpool—, Odegaard se decidió por el Madrid. Con una ficha altísima y unas condiciones contractuales peculiares, fue el jugador más joven en debutar con el Real Madrid con 16 años. Se instaló en el Castilla y tuvo esporádicas apariciones en el primer equipo. Jugó en total tres temporadas de blanco: de la 14-15 a la 16-17. En su paso por el filial de 2ª B dejó muestras de mucha calidad, pero también evidenció carencias físicas —lógicas a su edad— que le limitaban y hacían pensar que todavía le faltaba tiempo para ingresar en la élite. Quedó claro que no iba a ser un futbolista útil a corto plazo para el primer equipo. A las exageradas expectativas había que añadir grandes dosis de paciencia.

A mitad de la temporada 2016-17, Odegaard fue cedido al Heerenveen holandés, equipo de mitad de tabla en la Eredivisie, donde permaneció temporada y media. En un fútbol más relajado, logró ser titular y, aunque no destacó de forma muy apreciable, sí fue mejorando en el aspecto físico.

En 2018 llegó otro cambio: Madrid y Vitesse acordaron una nueva cesión, esta vez a un equipo con más pretensiones. Con 20 años y mayor madurez física y personal, completó su temporada más brillante y fue incluido entre las estrellas de la liga. Ese rendimiento le valió para renovar con el Real Madrid hasta 2023, aunque todavía no se le otorgó confianza suficiente como para hacerle sitio en la primera plantilla. Ese verano, en la temporada 2019-20, Odegaard fue cedido de nuevo, esta vez a la Real Sociedad, donde en principio iba a jugar dos temporadas. Todo apuntaba a que era un examen final, dos años para averiguar si Martin era carne o pescado, si podía o no ser el relevo de Modric, si era jugador para la primera plantilla del Real Madrid…

Su rendimiento no pudo ser más concluyente. Hasta el confinamiento fue el mejor interior derecho de la liga y aunque a la vuelta su rendimiento bajó bastante, como toda la Real, dio la sensación de que nos encontrábamos ante uno de los centrocampistas del futuro.

Se supone que esa misma opinión, sumada a la ausencia de fichajes, fue la que llevó al Madrid a romper su acuerdo con la Real para recuperarlo tras el primer año. Dicen que fue el mismísimo Zidane quien tuvo que llamarle y tener una conversación con el noruego para convencerle de su vuelta, ya que Martin y su entorno creían que otro año más en la Real, jugando 90 minutos en cada partido, era lo mejor para su crecimiento. Regresar a un Madrid en el que Casemiro, Kroos, Modric eran inamovibles en el once titular, no parecía una buena idea. Algo de peso debió contarle Zidane para convencerle. 

Un par de lesiones musculares, un cambio de posición que no le ayudó, el imperial comienzo de Modric y una evidente falta de crédito por parte de Zizou, hicieron que Odegaard estuviera seis partidos seguidos sin participar, con Valverde e ¡Isco! ganándole en la rotación. En semejantes condiciones no sorprendió mucho que solicitara su salida en el mercado de invierno.

El caso es que Odegaard ya es jugador del Arsenal hasta final de temporada. Valdano cree que se rindió pronto y le acusa veladamente de falta de carácter competitivo. Miguel Angel Lara, en Marca, le reprocha no ser un jugador capaz de comerse el mundo…

Hay muchas formas de verlo. Puede que el sueño de Odegaard sea jugar al fútbol y no le importe tanto dónde. Puede que crea que con 21 años todavía tiene tiempo para jugar algún día en el Madrid, el Bayern o el PSG. Puede que le parezca que el fútbol no se acaba si no juegas en Madrid o Barça. Hay otros grandes clubes, pero para tener abiertas las puertas de Juve, Bayern, City o Liverpool es imprescindible es jugar. Puede que jugar media temporada en el Arsenal le haga más feliz que ser suplente en el Madrid.

La decisión de Odegaard no me parece ni mucho menos criticable. El fútbol ni empieza ni acaba en el Madrid. Entiendo que hay futbolistas que asumen un papel secundario, como Nacho o Lucas Vázquez, y no tienen inconveniente en formar parte del Real Madrid bajo esas reglas. El caso más extremo es el de Mariano, que firmó por cinco temporadas y ahí sigue aunque le han dejado claro que no cuentan con él.

Qué quieren. Yo habría hecho igual que Odegaard. En el fútbol la felicidad está sobre el césped, no en la grada.

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