Hace unos días, tras la derrota del Chelsea en Leicester, Jamie Carragher, ahora comentarista en Sky, dijo que a Lampard le falta experiencia y no tiene memoria de cómo actuar cuando llegan los malos momentos. Su inexperiencia está clara: de no haber estrella y leyenda del Chelsea, sus méritos para hacerse cargo del equipo no serían los suficientes: una temporada en el Derby County que acabó con derrota en la final del play-off de ascenso.

Lampard sabía que le faltaba experiencia, pero no podía dejar pasar el tren del club de su vida, no fuera que no volviese a detenerse en su estación. El Chelsea también era consciente de la falta de experiencia de su exjugador, pero cayó en la tentación de jugar a la lotería en la búsqueda de su propio Pep. Desde que Guardiola se hizo con las riendas del Barcelona y dejó tres temporadas de fútbol lujoso y multitud de trofeos, no han sido pocos los clubes que han pensado que un exjugador legendario podría tener éxito de la noche al día.

Quizá solo Zidane pueda compararse a Guardiola. En ambos casos, no olvidemos el dato, han contado con jugadores primorosos en el mejor momento de sus carreras. Con Xavi, Iniesta, Messi, Piqué, Ramos, Modric, Kroos o Ronaldo todo es mucho más fácil. Habrá quien diga que Solskjaer también es un ejemplo de éxito, pero aún no ha ganado trofeo alguno con el United ni llegó siendo un novato. Tampoco lo era el Cholo Simeone cuando recaló en el Atleti. Arsenal o Juventus están comprobando que apostar por un exjugador no siempre funciona, y eso que Arteta aprendió de Pep en el banquillo del City.

El Chelsea no es un club que tenga paciencia con sus entrenadores, todavía menos que el resto de los súperclubes de Europa. Una vez que los resultados de Lampard dejaron de ser los deseados, sus méritos como entrenador sirvieron de poco: la temporada pasada fue finalista de Copa y se clasificó para la Champions con un equipo sin fichajes, en el que tuvo que utilizar a varios jugadores de las categorías inferiores, algo totalmente inusual en el Chelsea. Lampard dio la oportunidad a Mount, James, Abraham, Billy Gilmour, Hudson-Odoi Loftus-Cheek o Tomori. Los tres primeros son habituales en la selección, pero los dos últimos han salido cedidos ante la llegada masiva de fichajes durante el verano: Havertz, Werner, Thiago Silva, Chilwell, Ziyech y el portero Mendy para suplir a Kepa, todo por un coste superior a los 200 millones de libras.

Salvo Chilwell, internacional inglés, estos nuevos fichajes no han sido capaces de acoplarse al equipo, a la Premier o a una vida en confinamiento lejos de sus países. Lo que la temporada pasada era un equipo en evolución y con interesantes proyectos ha pasado a ser el clásico equipo de Abramovich hecho a golpe de talonario, lejos de estar conjuntado y con los jugadores alemanes a punto de colgarse la etiqueta de flops, fichajes fracasados. La dirección del Chelsea espera que Tuchel sepa sacar el máximo rendimiento de Havertz y Werner.  

Desconozco cuánta presión puede poner Abramovich sobre sus entrenadores y si en Londres se murmura, como en el Madrid de los galácticos, que las alineaciones las hace el presidente. Tampoco sé si la llegada de esos fichajes fue pedida por Lampard, consensuada o impuesta por el club. Sí se ha sabido que Lampard pidió a Declan Rice, del West Ham, internacional inglés y ex de la cantera del Chelsea, además de íntimo amigo de Mount. Abramovich y su dirección deportiva no quisieron invertir en un jugador al que habían dejado marchar.

No todos los problemas vienen por parte del club y sus despachos. En el campo, Lampard siempre ha parecido jugar “sin retrovisor”, prestando muy poca atención al juego defensivo o, en su defecto, no siendo capaz de resolver problemas estructurales del equipo. El Chelsea encaja demasiados goles y es fácil señalar a Kepa, Mendy o Marcos Alonso, por dar algunos nombres, pero los errores vienen desde el banquillo. No se puede disputar una liga encajando goles en cada partido y el sistema defensivo del Chelsea pierde su posición con demasiada facilidad.

Quedan ahora cuestiones que resolver sobre el futuro de Lampard, pero debería encontrar un club sin mayores problemas. En general, aunque no ha terminado de hacer un gran equipo, la mayoría de los observadores y medios valoran su trabajo como bueno y coinciden en que le ha faltado tiempo, lujo que pocos entrenadores tienen hoy en día. La excepción quizá sea Steven Gerrard, que inició su camino como entrenador a la vez que Lampard, en su caso en el Glasgow Rangers (será campeón de liga esta temporada): el club vio la progresión del equipo y el excapitán del Liverpool entendió que estaba en un lugar idóneo para aprender y progresar. Quizá la fortuna de Gerrard es que el Liverpool no ha tenido, hasta ahora, la necesidad de buscar a su Pep. Si Klopp aguanta en Anfield lo suficiente, es posible que Gerrard esté preparado para dar el paso.

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