Son tiempos difíciles para los amantes de la esencia y la autenticidad. En casi todo, pero aún más en un deporte tan profesionalizado como el actual. Por eso es cada vez cuesta más encontrar ejemplos representativos de pureza desinteresada, con un poso de verdad y que se mantengan fieles a unos principios. Conviene reivindicarlos.

No podemos dejar que sigan ganando terreno las memeces mediáticas y las frivolidades que rodean este circo que ahora se denomina información deportiva.

En 2019 alcanzó la condición de equipo de la Bundesliga el FC Union Berlin. Por primera vez en su centenaria historia.

Desde la creación del primer embrión del club en 1906 se caracterizó por ser un equipo obrero, comprometido y en continua lucha contra las injusticias sociales. Fueron trabajadores de la industria metalúrgica de la ciudad los que pusieron en pie el proyecto y los que mayoritariamente han compuesto su masa social. La primera indumentaria era azul, como los monos que se empleaban en las fábricas (luego la perfeccionaron y ahora visten el color rojiblanco). El apodo de Scholossenjungs (Trabajadores del metal) los acompaña desde entonces, así como su himno: Eisern Union (Unión del hierro). Si te ha venido a la cabeza Gomaespuma y su “Compañeros del metal” es que hiciste la EGB…

Hay un dicho muy conocido en la capital alemana que define perfectamente la idiosincrasia de la afición eiserne: “No todos los hinchas del Union son contrarios al sistema, pero todos los enemigos del sistema son hinchas del Union”.

«¡¡Hierroooo!!» es el grito de guerra en Alten Försterei (antigua casa del guarda), feudo del FC Union Berlin y uno de los pocos reductos futbolísticos que no ha sucumbido a prostituir su nombre adicionando una marca o directamente sustituyéndolo por esta. El hierro se sigue imponiendo al oro en el distrito de Köpenick.

En 1966 el club tomó el actual nombre de FC Union Berlin y su némesis, el Dinamo de Berlin, se convirtió en el equipo oficioso de la Stasi (Servicio secreto de la RDA).

Esta rivalidad asimétrica tuvo como consecuencia que los segundos ganasen durante diez años seguidos el campeonato. Apoyados por el régimen totalitario, que en su afán propagandístico no reparó en ayudas de todo tipo para que lo lograran. Les pitaba Ghil Manzanöuss casi siempre. No se me ocurren más ejemplos análogos en otros países de esta circunstancia… ¡Oh, wait!

En los años ochenta era habitual escuchar desde las gradas del estadio el grito de «El Muro debe irse». Sucedía cada vez que había una falta en el césped. La metáfora por la falta de libertad se explica sola. También se gritaba “Lieber ein Verlierer sein als ein dummes Stasi-Schwein”: Mejor ser un perdedor que un estúpido de la Stasi. Los tenían cuadrados, la verdad, sabiendo los métodos que tenía esa organización para hacer entrar en razón a los disidentes.

El resultado para los aficionados del Union Berlin está muy atrás entre sus prioridades, como sucede en todos los equipos especiales aunque algunos sigan sin entenderlo.

El equipo metalero ha tenido que salvar dos momentos particularmente duros en su economía. Fue tras la reunificación y a punto estuvo de desaparecer. En las dos ocasiones, 1990 y 2004, fue su gente la que consiguió el milagro de la supervivencia a través de todo tipo de iniciativas: donaciones de sangre, conciertos, venta de camisetas, partidos benéficos con clubes amigos como el St. Pauli (curiosa historia también que espero escribir en breve).

Fueron también los seguidores los que participaron en la remodelación del estadio después de rechazar el traslado a otra ubicación. Consideraron mayoritariamente ese suelo como hogar espiritual del club. Tampoco se me ocurren ejemplos cercanos de situaciones parecidas y decisiones antagónicas…

Se emplearon 140.000 horas de trabajo por parte de los socios y se vendieron 10.000 participaciones de 500 € para que la propiedad del club perteneciese de verdad a su masa social.

El karma se volvió contra su archienemigo, el Dinamo de Berlin: tras la caída del muro y la extinción de la Stasi no pudo evitar la bancarrota. Algunos nostálgicos camaradas lo refundaron hace algunos años y en estos momentos disputa la Cuarta División germana. Si esto fuese un documental ahora sonaría por debajo Patti Smith con People had the power.

Si todavía no te has hecho un poco eiserne ahí van unas cuentas razones más…

Cada Navidad, los aficionados del equipo se reúnen en el estadio a cantar villancicos. Empezaron 89 de ellos en 2003 para expresar el apoyo al equipo en sus horas más bajas. En 2019 fueron casi 30.000 los que acudieron a la tradicional y mágica cita. Son fiestas para estar con tu gente y el Union es una auténtica familia numerosa.

Aficionados del FC Union Berlin cantan villancicos el pasado día 23 de diciembre en el exterior del estadio. CORDON PRESS

En 2014, a los hinchas del equipo no se les ocurrió otra cosa que juntarse para ver la final del Mundial. Hasta ahí todo normal. Para ello trasladaron los sofás desde sus casas y los colocaron en el verde del Alten Försterei; ¡ochocientos nada menos! Algún socio llevaría la nevera también con las cervezas para enchufarla en el área VAR.

Ritter Keule es la mascota: «Un verdadero caballero de hierro con un corazón valiente”. No quedan ya de estos…

Pero es que, además de ingenio, derrochan solidaridad. En 2016 se creó la fundación Union Vereint, Schulter an Schulter (Hombro con hombro) . Su compromiso social se resume bajo el lema “Los fuertes ayudan a los débiles”. Organizan, entre otras actividades, campamentos de fútbol, jornadas y semanas de proyectos para niños y jóvenes, así como campañas de tolerancia e integración, contra el racismo, para promocionar hábitos saludables y para la protección del medio ambiente.

¿Son o no son grandes?

A estos rojiblancos jamás se les ocurriría viajar en avión para jugar un partido a 200 km y luego salir con una camiseta verde ecologista.

Como explicaba al principio de este escrito, el FC Union Berlin logró su primer ascenso a la Bundesliga en 2019. En el partido que abría la temporada como local, los aficionados que abarrotaban los vetustos graderíos enarbolaron las fotos de sus familiares y amigos fallecidos, hinchas del Hierro y que no pudieron vivir el histórico momento. Un silencio absoluto acompañó ese tifo de almas y la mezcla de sentimientos. La tristeza, la emoción, el respeto y sobre todo el orgullo de una institución en la que cada integrante, sea cual sea su rol, vale lo mismo. En las imágenes, exjugadores y dirigentes, junto a rostros anónimos que restauraron los ladrillos de la “antigua casa del guarda” y que construyeron los cimientos de una historia de compromiso y resiliencia.

Agosto de 2019. Los seguidores del FC Union Berlin muestran fotos de aficionados fallecidos en el estreno del club en la Bundesliga. CORDON PRESS.

Ahora que cada vez es menos cierto que el fútbol sea de la gente, hace falta más hierro y menos jeques con cheques.

Espero algún día poder acudir a un partido del equipo para vivir de lleno ese sentimiento, aunque tengo la sensación de conocerlo en la distancia. Pero cuando pase este paréntesis macabro de nuestras vidas, con las gradas llenas y sin más fotografías de las necesarias.

¡Hierro!

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