Para aquellos que critican al gobierno de Boris Johnson cabría recordar que el Reino Unido ha adelantado a todos sus antiguos socios de la Unión Europea y ha conseguido llegar antes que nadie a una nueva variante del coronavirus y a la tercera ola, seguida de un tercer confinamiento. Realmente el segundo confinamiento ha sido cualquier cosa menos lo que se suponía, con diferentes normas según la gravedad de la situación de cada región, pero sin prohibir viajes. El gobierno, acaso, llegaba a recomendar quedarse en casa. Las normas eran indecisas y confusas, como siempre han sido a lo largo de la una crisis que está a punto de cumplir un año. Los ciudadanos nos hemos visto confusos y los futbolistas, también.

El fútbol ha recibido un trato especial, como otros deportes, y se permiten viajes internacionales. Por alguna razón, o por motivos económicos, la UEFA decidió jugar la fase de grupos de la Champions y de la Liga de las Naciones en calendario completo, en casa y fuera, cuando podría haber sido mucho más recomendable jugar las fases en tres partidos, una sede por grupo. Habríamos ahorrado tres jornadas en cada competición y hasta siete viajes por grupo, por no hablar del riesgo de esparcir el virus por todas partes. Pero las ligas europeas apenas pueden criticar a UEFA. Nadie ha hecho nada por acortar sus calendarios y en el caso e Inglaterra se ha mantenido la Copa de la Liga, una competición intranscendente. Todo sea por el dinero.

El caso es que la situación es la que es. Este año al menos nos ahorraremos el 29 de febrero que sí tuvimos en 2020…

Los problemas han empezado a surgir. En el Reino Unido, los contagios han crecido a raíz de la relajación de las normas de confinamiento para Navidad y lo poco observado que fue el segundo confinamiento. Del mismo modo que creció entre la población, creció entre los futbolistas. El Aston Villa, el Fulham o el Manchester City han tenido que cerrar por un periodo de tiempo sus campos de entrenamiento y, por supuesto, han aplazado partidos. ¿Para cuándo? Esa es otra cuestión.

Es fácil apuntar con el dedo a los futbolistas y acusarlos de malos comportamientos, pero recordemos que muchos de ellos han hecho significantes donaciones económicas y que Marcus Rashford sigue en su cruzada de humillar al gobierno exigiendo que cuide de los niños mas desfavorecidos. También es posible que el virus haya llegado al campo del Aston Villa, por ejemplo, de la forma mas inocente: por llevar a un niño al colegio, el virus ha podido introducirse en la familia de un jugador y de ahí extenderse a la plantilla.

Está claro que ha habido malas actitudes, algunas más comprensibles que otras. Lo jugadores serbios Alexander Mitrovic, del Fulham, y Luka Milojevic, del Crystal Palace, se vieron durante el periodo navideño. Entiendo que viven lejos de su país y quizá de la mayoría de sus familias… y muchos ciudadanos han hecho lo mismo. Un paso más lejos llegó el encuentro de los jugadores del Tottenham, Lo Celso, Reguilón y Lamela, con Lanzini (West Ham) y sus respectivas familias. Las fotos publicadas mostraban al menos 15 personas. Pese a que el Tottenham, como el West Ham, hizo público su malestar con sus jugadores en un comunicado, aquellos que no estaban lesionados fueron parte del equipo inmediatamente después.

Algunas situaciones llegaron más lejos y, por ejemplo, el gobierno de Escocia ha tenido que pedir explicaciones públicas al Celtic de Glasgow, que decidió ir a Dubai a entrenarse en temperaturas más agradables que las del invierno escocés. Desde el gobierno se quiso dejar claro que la excepción de viajes para clubes no incluye irse a descansar a la playa en un lugar donde las restricciones por el Covid son otras, casi nulas. El Celtic regresó con un jugador positivo, con trece obligados a aislarse y con su partido contra el Hibernian de Edimburgo sin aplazar. Acabó 1-1 y pudo ser el golpe definitivo a las esperanzas del Celtic para retener el título de liga.

En la WSL, la liga femenina, una situación similar ha puesto a unos clubes en contra de otros. El viaje a Dubai, permitido por la entrenadora del Manchester United a algunas jugadoras a titulo personal, ha supuesto el aplazamiento sin fecha de la Copa y varios partidos de liga. Aunque la liga femenina crece, no tiene ni por asomo la protección gubernamental o mediática de la que goza la Premier League, y la temporada pasada se dio por concluida la competición, proclamando campeones y descendidos, sin completar el calendario de partidos. La posibilidad de otra temporada interrumpida está sobre la mesa, de ahí el enfado de unos clubes con otros. No fue el United el único en ser torpe con las reglas.

También fue torpe el Queen’s Park Rangers: permitió que su exjugador Eberechi Eze, ahora en el Palace, asistiera al partido de la FA Cup saltándose todos los protocolos. Múltiples jugadores aparecen con la mascarilla mal puesta y sin usar e insisten en intercambiar camisetas pese a que está prohibido (o mejor dicho, no recomendado). Así de tibio es el gobierno, la Premier League se ve sin potestad para actuar contra jugadores o clubes, y estos no van a tirar piedras contra su tejado: bastante problema es tener algún jugador con positivo o acumular partidos aplazados como para encima sancionar a un futbolista sin jugar.

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