La décima etapa del pasado Tour de Francia 2020 entre Île d’Oléron y la Île de Ré, de 168,5 kilómetros, fue considerada por la audiencia como la más aburrida de todas: apenas un 4,3% de share. Una de esas etapas “para echarse la siesta”. Tal vez fuera la hora, muy “de Tour”, o la sensación de que un rival que llegaba tras casi tres meses sin ganar no suponía ningún peligro de cara a la victoria… El caso es que el espectáculo que se vio en el Martinez Valero, más que peligro de entrar en sopor, nos puso en riesgo de caer en coma profundo.

Porque si la mencionada etapa del Tour fue completamente plana, exactamente igual fue el juego del Barça. Apenas sí hubo diferencia alguna con el partido de Cornellá; circulación de balón lentísima, continuas malas decisiones de Dembelé y un paso más en la decadencia de Busquets, Alba y Umtiti. Ver al Barça con Messi aún apetece porque el argentino siempre se saca algo de la chistera. Pero verlo sin él es una cuestión de fe culé impagable.

Se sumó además que el Elche salió absolutamente entregado a su suerte. No mostró el pundonor habitual de un equipo que pelea por no descender y el único plan ilicitano era dejar que el Barça se adormeciese. Y, con un poco de suerte, llegar a los últimos 10 minutos con opción de rascar algo. Si esa era la intención, casi lo consiguen. La delantera Dembelé-Barry White–Hombre Gris apenas inquietaba a Badía, pero descuidaron los de Almirón la segunda línea del ataque culé: centro desde la izquierda, Diego González enseña a anticiparse en el remate al Hombre Gris y, antes de que el gol contase en propia puerta, apareció la versión llegadora de De-Jong-Del-Ajax. No es aún el de su etapa holandesa pero en los dos últimos meses ha subido las prestaciones y ya supera el nivel mínimo exigible acorde su precio. 0-1 y sensación de partido cuasi-sentenciado.

Porque igual de paupérrima fue una segunda parte a la que solo el resultado corto le daba algo de emoción. Un único sobresalto entre bostezo y bostezo: un pase enemigo de Umtiti para que Mingueza habilitase a Rigoni a un uno contra uno frente a Der Heilige. El alemán transmutó en David Barrufet y sacó una pierna salvadora. Siempre de guardia. Pero es casi obsceno la cantidad de errores de patio de colegio que comete este equipo en cada partido. Inviable soñar con una machada en eliminatorias de Champions.

No aprovechar el regalo habitual de la defensa azulgrana, agotó prácticamente las opciones alicantinas de puntuar. Tan solo la salida de Nino (coetáneo de Ronaldinho, para ponerlo mejor en perspectiva) le daba un interés inusitado al encuentro: se trataba de ver si el almeriense sería capaz de batir el récord de Donato como goleador más veterano de la historia de la Liga. No tuvo ni una mísera oportunidad por lo que el récord aguantará unas semanas más.

Y mientras, Q-Man a lo suyo, con su tradición de efectuar cambios a piñón fijo: a tal minuto, tal cambio de tal jugador. Independientemente de si este o aquel han jugado bien o no. Entrada de Trincao y minutos de la basura para Riqui ENP: pocos pero suficientes para demostrar lo importante que es jugar con gente que ponga una marcha más. Y qué pocos jugadores de ese perfil tiene el Barça actual: uno de ellos, el ya mencionado De-Jong-Del-Ajax, que volvió a arrancar desde la segunda línea para que Riqui sentenciase el partido, demostrando que lo importante no es el tamaño, sino saber usarla. La cabeza.

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