Se van a verter ríos de tinta buscando a los culpables de que el Real Madrid se haya quedado sin Copa y Supercopa y de que se haya frenado en la persecución del Atlético en la Liga. Además de señalar a los responsables, sería bueno que los análisis se centraran en la detección de errores como paso previo a encontrar la solución al problema.

Los hay que apuntan a Florentino y a su obsesión por construir un gran estadio que sea una fuente inagotable de ingresos, obra que habría distraído su mirada, más pendiente del negocio que de la faceta deportiva.

Los hay que señalan a la secretaría técnica, esa que se supone que está formada el propio Florentino, José Ángel Sánchez, Ramón Martínez y Juni Calafat. Para muchos, su proyecto de fichar jugadores muy jóvenes es un error, especialmente si se elige mal a las promesas en cuestión.

Otros señalan un choque de ideas entre los gustos del entrenador y la política deportiva. Zidane apuesta por los veteranos y su capacidad para manejar plantillas con futbolistas inexpertos y en edad de formación es más que dudosa. Por otra parte está el proyecto deportivo del club, concentrado en fichar talentos sub-20.

Es posible que a la situación actual no se haya llegado por un solo motivo, sino por todos los mencionados, pero si algo destaca sobre el césped en cada partido es que Zidane hizo un análisis equivocado del juego de su equipo cuando regresó al banquillo. El fútbol ha cambiado y lo que él propone está cada día está más alejado de la vanguardia europea.

Es evidente que un equipo con Courtois, Varane, Ramos, Kroos, Casemiro, Modric y Benzema puede competir con cualquiera y ganar. Estamos hablando de futbolistas que han sido, y en algún caso siguen siendo, de los tres mejores del mundo en su posición. Y esa calidad individual pesa. Pero no es menos cierto que el fútbol que se impone en la actualidad está muy lejos del que ahora practican esos jugadores.

El gran error de Zidane ha sido no evolucionar a su equipo, no atreverse a cambiar, seguir anclado en un estilo y en unos futbolistas cada vez menos dominantes. Un ejemplo de lo que expongo es la hipoteca del técnico con Modric, un fantástico jugador que a sus 35 años sufre lo indecible para aguantar 90 minutos al ritmo que exige el fútbol actual; las dos últimas temporadas se le hicieron infinitas. Entretanto, dos jugadores modernos y llamados a liderar el cambio han visto desde la grada cómo se exprime al croata. Me refiero a Valverde y Odegaard. El uruguayo fue quien le cambió la cara al mediocampo la temporada pasada. El noruego fue el mejor volante derecho de la Liga 19-20.

En ocasiones, el ganador puede estar equivocado. La dictadura del resultado y la victoria ocultan muchas veces la realidad. Eso le está pasando a este Madrid de Zidane.

Es posible que la plantilla no tenga la calidad que se exige al Real Madrid. Puede que Florentino esté más pendiente de las obras del techo que de los problemas del equipo. Es posible que los jóvenes sean demasiado jóvenes y los veteranos demasiado veteranos. Por alguna razón, en ocasiones inexplicable, los futbolistas que deberían ser el eslabón intermedio entre jóvenes y veteranos están jugando en Chelsea (Kovacic), Arsenal (Ceballos), Atleti (Llorente y Hermoso), Tottenham (Reguilón), Leeds ( Diego Llorente), Espanyol (Raúl de Tomás) o PSG (Sarabia).

Habrá que plantearse si es inteligente fichar a cuatro futbolistas sub-21 idénticos (Brahim, Kubo, Rodrygo y Soro) —que además juegan en la posición de Asensio—, cuando tienes a Arribas en el Castilla y a Baeza en el Celta. Entretanto, Casemiro no tiene repuesto y quien podría serlo, Antonio Blanco, no parece del gusto de Zidane. Todo esto es opinable, pero lo que no admite discusión son los empates contra Elche y Osasuna, la eliminación ante el Alcoyano o las derrotas ante Cadiz, Alavés y Shakhtar. En cada caso hay un denominador común: el equipo practicó un fútbol soso, aburrido, antiguo, plano y predecible del que se aprovecharon rivales inferiores. Y esto sí es cuestión del entrenador.

Estamos en el año 2021 y el fútbol del 2014 se quedó atrás. Hoy Bayern, Liverpool o Leipzig demuestran cuál es el camino, el que siguen Atalanta, Salzburgo, Slavia de Praga y tantos otros equipos, que, con plantillas muy inferiores a la del Madrid, sí se han sabido subir al tren de la modernidad. Este es el gran error de Zidane: no actualizar el fútbol de su equipo.

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