Se puede jugar mal, pero dándolo todo. O como dice una de las píldoras mentales de Simeone, “el compromiso no se negocia”. Y es cierto porque a los aficionados al fútbol hay pocas cosas que les duelan más que la falta de compromiso o esfuerzo de los jugadores de su equipo. Incluso los puristas del juego bonito reclaman más entrega cuando llegan las derrotas o cuando el partido se vuelve serio de verdad. Quién no ha escuchado calificativos como mercenarios o vividores cuando la pelotita no entra. El fútbol ha cambiado mucho y no siempre para mejor (¡y lo que queda con superligas y demás!). En el siglo pasado, concretamente hasta 1979, existía el injusto derecho de retención por el que un club podía retener a un jugador incrementando simplemente su ficha un, mísero en algunos casos, 10%. Eso, unido a que solo podía haber un número limitado de extranjeros, provocaba que las plantillas tuviesen bastante jugadores “de la casa” y que los fichajes fueran menos frecuentes. Pero llegó Bosman, y más importante, el amigo mercado (los mercaderes nunca descansan, siempre tienen que seguir ganando), y toda esa gente que se forra con el fútbol sin dar una patada a un balón se encontró con una mina de oro. Traspasos, contratos y comisiones a dolor, a dolor claro de los aficionados (los paganinis tampoco descansan, tienen que trabajar de verdad para sufragar los gastos de los que se lo llevan crudo).

En este ecosistema, tener jugadores comprometidos y que “sientan los colores” es rara avis. Los saules son especies en extinción que deberíamos cuidar mejor si queremos tener un fútbol distinto, no digo que mejor, aunque también. Porque igual que los aficionados tienen cierto derecho a reclamar que los jugadores sean algo más que meros profesionales y que lo den todo y sientan su club, también los aficionados tienen que ayudar a esos jugadores cuando las cosas se tuercen. No solo porque no dejan de ser personas a las que les tienen cierto afecto, sino porque es cuando necesitan apoyo y porque el compromiso y el cariño tienen que ser recíprocos si entendemos el fútbol como algo más que un espectáculo donde los sentimientos juegan algún papel. No se puede exigir lo que no se da.

Negar que Saúl lleva unos meses futbolísticamente mal sería absurdo. Todos lo hemos visto. Él lo sabe y lo ha reconocido públicamente en un ejercicio de autocrítica que pocas veces se ve y que le honra. Por cierto, echándose más culpas de las que le corresponden. Es difícil saber desde fuera los motivos de su mal momento. Pueden ser problemas personales. Falta de confianza. Un asunto mental, como dijo. Pero también pueden ser otros motivos puramente futbolísticos que se han retroalimentando negativamente. Por ejemplo: ¿en qué puesto debería jugar Saúl para explotar mejor sus virtudes? ¿Puede jugar de eso en este Atleti o tiene que jugar de otra cosa por necesidades del equipo? Uno tiene la sensación de que le ha tocado demasiadas veces hacer de chico para todo en una plantilla mal equilibrada, por mucho que se diga, y eso no le ha ayudado precisamente a desarrollar la clase de jugador que puede llegar a ser. O todo lo anterior junto. Qué más da, él lo sabe y está trabajando como siempre para revertir la situación. Porque lo que no se le puede negar a Saúl es su compromiso y trabajo: siempre ha dado todo y un poquito más. Que hay que jugarse un riñón literalmente, Saúl. Qué hay que jugar de lateral izquierdo porque a nadie se le ocurrió que sería bueno tener dos jugadores en la plantilla para ese puesto, Saúl. Que hay que preocuparse y ayudar (memorable conversación con Oblak) a que Joao llegue algún día a ser un crack, Saúl. Que caes eliminado con un 2ªB jugando fatal y hay que dar la cara y pedir perdón en primera persona, Saúl. Y así siempre y así con todo.

Por eso dolía especialmente ver las críticas que recibía Saúl. Algunas iban mucho más allá de la crítica futbolística que es aceptable, normal y sana. Al sufrimiento de verle jugar mal, se unía la tristeza de leer el escarnio que padecía por parte de ciertos ¿aficionados? e imaginar lo que a él le dolerían esa clase de comentarios. Y esas cosas, aunque los futbolistas digan que no leen o no escuchan nada, les llegan directa o indirectamente. Afortunadamente no todos los aficionados son iguales. Hace pocos días @Replicantes1903 (suyas son las fotos de este artículo) le dedicaron un genial homenaje a Saúl. Justo en su peor momento, justo cuando más lo necesitaba, justo cuando había que hacerlo. Más en este tiempo en el que el fútbol está huérfano (de espectadores). Timing perfecto, cariño máximo. Igual es casualidad, pero parece que mal no le ha sentado. Un gol contra el Sevilla, el otro día un pase clave para construir el gol de la victoria contra el Alavés. Puede que sea solo casualidad, pero parece que el cariño y los ánimos funcionan como medicina mejor que el insulto.

Cuando Saúl marcó contra el Sevilla, para muchos fue algo más que un gol para rematar un partido. Fue mitad redención, mitad esperanza. Fue un gol que metió un poquito mucha gente. De hecho, creo que, si la nación Atleti pudiese haber elegido quién tenía que meter ese gol, la mayoría hubiese elegido a Saúl. Porque Saúl necesitaba mucho más ese gol que el Atleti. Seguramente el Atleti hubiera ganado el partido sin ese tanto, pero para Saúl puede ser un punto de inflexión que le ayude a recuperar confianza y ver la luz al final del túnel. Si es así, genial. Y si no, si necesita más tiempo, también. Eso significa ser “uno de los nuestros”. Duele imaginar cómo sería el Atleti sin varios saules porque para una afición su equipo no son 11 tíos de no sé sabe donde que cambian cada temporada y que ni sienten ni padecen. Esperemos que ese día no llegue. Así que Sr. Saúl Ñíguez, que sepa que la afición atlética le aplica el derecho de retención, pero le sube el cariño mucho más del 10%. El saulazo de ayer fue el primero de todos los que te quedan por hacer porque tu futuro es acabar siendo una leyenda de las grandes del Atleti.

Nota: Todo lo dicho aquí para Saúl sirve para el gran Koke. Él también pasó un mal momento del que ya se ha recuperado. Al Sr. Koke Resurrección también le aplicamos el derecho de retención. Solo faltaba.

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