Abro con Woody Allen, película Match Point: “Aquel que dijo que más vale tener suerte que talento conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuántas cosas se escapan a nuestro control. En un partido hay momentos en que la pelota golpea el borde de la red, y durante una fracción de segundo puede seguir adelante o caer hacia atrás. Con un poco de suerte, sigue hacia adelante, y ganas; o no lo hace, y pierdes”.

Valga la cita para resumir lo ocurrido a los cinco minutos. Atacó el Celta y Aspas no marcó por poco; con Courtois superado, Nacho despejó un balón que olfateaba la portería. A continuación, Lucas culminó el contragolpe del Real Madrid con un gol de cabeza. Punto y set. Y partido.

Dicho lo cual, el Real Madrid ganó por muchas razones entre las que no se encuentra la suerte, o no entre sus ingredientes principales. Quizá la tuvo en esa acción concreta. Tal vez esa pelota se inclinó de su lado y es posible, no lo niego, que eso tuviera influencia en lo inmediatamente posterior. Pero 85 minutos dan para coserse una herida y que cicatrice. El problema del Celta fue renunciar al botiquín y recurrir a la pelota. La reacción fue hermosa, incluso poética, aunque insensata. Un rival del Madrid debería jugar, por sistema, a lo que le incomoda al Madrid. Y sabemos bien de qué se trata. Sufre ante adversarios que se cierran bien y se abren mejor, o viceversa. En sentido contrario, disfruta cuando le dejan espacios, cuando Modric y Kroos pueden mover la pelota sin ser atosigados, cuando Lucas corre… Con este último escenario se encontró el Madrid. También con una sorpresa: Asensio volvió del mundo de los genios perdidos (asistencia y gol).

Hecha la primera aproximación, no debe ser cosa fácil ponerle grilletes a Kroos y Modric en el estado de forma en que se encuentran. Ambos irradian felicidad, que es mucho más que tener la mente y las piernas frescas. Es evidente que se lo están pasando bien, y no digo sólo en el campo, también en la vida. Cumplidos los treinta hay momentos con esa luminosidad, lástima que las bombillas no duren más de quince años.

Pero no son sólo ellos. Desde su última resurrección, el Real Madrid está jugando —a ratos— un fútbol de gran nivel, agilísimo en la circulación y de mucho compromiso colectivo. Decía Dante Panzeri en su Dinámica de lo impensado que esa, y no otra, era la tarea del entrenador: “Hacer que todos los jugadores sean amigos muy queridos entre todos y todos corran la misma cantidad de metros, transpiren la misma cantidad de sudor, se saquen la misma cantidad de canas pensando en cómo engañar al adversario, y que entre todos haya seguridad recíproca de que nadie juega pensando en jugar para él mismo”. Ahora vienen las matizaciones. Es verdad que Zidane ha restringido el círculo de amigos a titulares y allegados (se explica mal que diera entrada a Mariano con el tiempo cumplido), pero la fórmula le funciona de momento. Diría que existe en el equipo una coordinación que está más relacionada con la camaradería que con los ensayos repetitivos.

También afirmaba Panzeri que la táctica “la dan los contrarios” y en eso tan simple cimentó el Madrid su victoria. Jugó a lo que dañaba al Celta y lo hizo con la complicidad del Celta. La lesión de Aspas, poco antes del segundo gol, fue un accidente más que un infortunio. También la de Nolito. El Celta ya estaba muy lejos de pelear por el triunfo. Su bola no pasó la red en el minuto cinco.

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