Mi tío Jesús tiene 63 años, ha vivido toda su vida en Villafranca de los Caballeros, provincia de Toledo, y es aficionado del Athletic Club, equipo que le pilla a más de 500 kilómetros de distancia, pero que vive con la misma emoción e intensidad que quien reside en Bilbao y alrededores. El caso de mi tío no es excepcional, pues en la zona hay miles de hinchas del Athletic que se organizan en diferentes peñas en cada pueblo. Incluso hacen encuentros entre ellas a las que suele acudir algún jugador histórico del club: mi tío guarda con cariño la foto que se hizo con Iribar (“el mejor portero de la historia”, según él) hace unos años en una de estas reuniones. 

La pasión a distancia de mi tío (salvo en su visita anual a San Mamés) y otros muchos manchegos hacia el Athletic contradice la teoría que aconseja, no sin cierto tufo moral, que los aficionados apoyen al equipo de su ciudad, algo que en Inglaterra se promociona bajo el lema ‘Support your local team‘. Esta forma de entender el fútbol supone que tu lugar de nacimiento, que tantas cosas acaba marcando en tu vida, también debe decidir por ti los colores que debes sentir. 

Lo normal es que los defensores de esta teoría sean de ciudades grandes, con equipos en Primera cuando eran pequeños (habrá un puñado de excepciones que vendrán a contestar “pues yo…”; recibido por adelantado), que es cuando nos vinculamos a un club en la decisión más duradera de nuestras vidas. Así es más fácil defender esa postura: vives en la corte aunque no seas el rey. Según este fútbol natal, mi tío debería ser hincha del Club de Fútbol Villafranca de los Caballeros (en el que además jugó varios años), equipo que nunca ha pasado de Primera Regional. O quizá se le concedería la licencia de apoyar al equipo de la capital de la provincia, el Club Deportivo Toledo, cuyo mayor éxito fue jugar en Segunda división en la década de los noventa. Pero entonces mi tío podría contestar que hay poca diferencia entre apoyar a un equipo que está a 90 kilómetros que a otro que vive a 500, pues sería igualmente una relación a distancia. ¿Quiere más quien está más cerca?

Aquí entra a jugar también una cierta superioridad del hincha de grada, que en su mayoría tiene su residencia en la misma ciudad que el club. Parece que es más de un equipo quien va al campo que quien lo ve desde el sofá por cuestión de distancia, dinero, trabajo o simple comodidad. Suena a lo de “nadie te quiere como yo”, el farol de quien teme que descubran la verdad.

Yo nunca entendí que mi tío fuera del Athletic, no por la distancia, sino porque es aficionado de un equipo que no le permitiría jugar en sus filas por su lugar de nacimiento. Pero eso es otra historia…

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