Parecía sencilla a priori la travesía a cuartos, pero nada está siendo fácil para el Barça esta temporada. Al punto que zozobró la nave y por momentos estuvo cerca de irse a pique durante cinco minutos: los que fueron del gol de Francisco García al empate de Messi. Lo cierto es que, antes de ese momento de pánico, debían haber sentenciado los de Q-Man el partido con varios goles de diferencia. Pero era una noche donde todo, aparentemente, parecía torcerse.

Empezando por un césped, devastado por las recientes nevadas. Sus calvas, acaso homenaje a algún mítico entrenador rayista, dificultaban el juego azulgrana. También lo hacía la salida suicida de los de Iraola probablemente también rememorando a ese mismo predecesor en el puesto: los suplentes franjirrojos, mayoría, saltaron con el aura de quien se siente por un día, a prueba de balas. Una sensación que se acrecentaba cuando veían cómo las ocasiones visitantes chocaban una y otra vez con los palos, con el árbitro y, sobre todo, con la incapacidad goleadora que el equipo ya ha mostrado en varios partidos de la temporada. 

No es cuestión de recordar ahora que se regaló a Luis Suárez, porque las dos últimas temporadas del uruguayo como azulgrana fueron de despido procedente. Pero sí hay que incidir que no se trajo un sustituto de nivel mínimo exigible. La falta de solvencia del club, excusa de pobres, no hay que buscarla en la pandemia, sino en los libros de cuentas que dicen que entre Trincao y Junior Firpo suman 50 millones de traspaso. Y 14 anuales de salario.

El dominicano ya ha dado sobradas muestras de que no da el nivel: hasta ahora solo ha hecho un partido bueno en el Camp Nou. Y fue vestido con la camiseta del Betis, lo que le valió su fichaje. Evidentemente, la lotería no solo le tocó a Quique Setién. Tal vez el que recomendó su fichaje fue Jordi Alba para, así, asegurarse el puesto hasta que cumpla los 40. Si un Rayo Vallecano le saca los colores, da sudores fríos pensar que por razones de fuerza mayor tenga que jugar una eliminatoria de Champions.

Por su parte, Trincao, cuya traducción al castellano debe ser “comisión jugosísima”, añadió a su ya característica sangre de horchata, otra cualidad insospechada: tiene la misma definición que Ficticius. No ha aprendido ni siquiera lo más básico que se le pide a un futbolista para poder jugar en el Barça: en caso de duda, pasársela a Messi. En su mejor ocasión del partido, telegrafió el tiro a Dimitrievski, mientras el argentino miraba incrédulo su irreverencia. Y D10S no perdona eso. Yo tampoco.

Al menos el portugués puso algo de intención —con qué poco hay que conformarse ya— porque no lejos de él, trotaba cual cervatillo con cuello de resorte El Hombre Gris. Ausente. Invisible. Inoperante. Aunque hoy con algo de suerte: los dos penaltis no pitados le hicieron suspirar aliviado y dar las gracias al árbitro camino de los vestuarios. Está claro que si el club necesita hacer caja por su bancarrota, este verano habrá empujones para ficharlo. No. Y pagarle su merecida ficha. Tampoco.

Y así transcurría el partido entre dominio visitante, disparos a los palos cual final de Berna, penaltis al limbo, un Rayo desbocado a su suerte… Todo tan surrealista que era susceptible de empeorar en clave azulgrana. Y llegó, por supuesto, el regalo defensivo habitual. Esta vez al alimón entre Lenglet y Neto. Que el verdugo pudiera ser un canterano merengue era casi hasta esperable.

Pero Q-Man era consciente de que una derrota en Vallecas equivalía a una segunda temporada consecutiva en blanco. Así que no espero a hacer los cambios en el minuto 87: metió toda la carne en el asador. Metafóricamente. Dentro Pedri, Jordi Alba y Dembelé. Ya con prácticamente todo el equipo titular, el dominio barcelonista se convirtió en un asedio culminado por Messi tras la única acción destacable de Antoine en la asistencia. Cierto es que el resultado era completamente inmerecido hasta el momento pero como se ha de ver el culé medio cantó el gol como si Vallecas fuera Old Trafford.

Cuando el destino parecía querer otra prórroga, la que podía ser la cuarta en 15 días, Messi recordó que no se le dan demasiado bien las prórrogas y ante la verbena de espacios que era la defensa del Rayo, filtró un pase a Jordi Alba para que el llegador De-Jong-Del-Ajax culminase la remontada. El ligero agobio rayista final fue más mental que físico. El Rey de la Copa volverá a estar en cuartos. Como en las últimas 11 temporadas.

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