En el Pizjuán el Real Madrid mostró su otra cara, pero no la buena, no. Tampoco la mala, esa tampoco. La otra, esa que convence a los resultadistas, a los que sólo les importa ganar. Esa que va emparejada a calificativos como «serio» o «solidario», pero no a adjetivos como «brillante» o «espectacular», no. El equipo de Zidane salió de Sevilla con un pírrico 37% de posesión, con tres tiros entre los tres palos, con apenas tres córners a favor y con un gol, el de la victoria, marcado en propia meta por el portero sevillista. El Zizou entrenador puede que esté muy contento, como reflejó en la sala de prensa, pero no sé qué pensaría el Zizou futbolista de un partido en el que sólo hubiera podido correr sin tocar el balón. Zidane dejó la Juve y se vino al Madrid para huir del unocerismo, de los partidos que se plantean para que no pase nada y de las tácticas defensivas. Lo hizo para jugar al fútbol.

ALINEACIÓN: (4-3-3) Courtois; Lucas Vázquez, Varane, Nacho, Mendy; Casemiro, Kroos, Modric; Rodrygo, Benzema, Vinicius.

EL PLAN: Aparentemente, se volvió al plan post confinamiento. Jugar muy arropados y si es necesario hacerlo muy atrás, defender con orden, no arriesgar en ataque si eso genera cualquier desequilibrio defensivo.

LO MEJOR: Los primeros diez minutos, con un Madrid presionando alto. Un espejismo.

LO PEOR: Un 37% de posesión deja claro quién propuso cosas en el partido y quién se limitó a especular.

LA CLAVE: Un tremendo error de Bono, el portero sevillista, valió el 0-1 y a eso se agarró un Madrid encerrado en su campo toda la segunda parte.

Uno por uno

Zidane: No sé si para Zidane esta era una final o no, si sentía que se jugaba algo más que tres puntos. El caso es que el Madrid le jugó al Sevilla como lo harían Elche o Osasuna, y no como un equipo que aspira a ganar algo este año. Buscó el robo en la presión, dañar desde el robo y no desde la creación. Este plan de mínimos, que apenas pudo mantener media hora, no se reflejó en el marcador. En la segunda parte, y durante muchos minutos de la primera, Zidane apostó por el repliegue post confinamiento. Le dio resultado en el marcador y le valió para once partidos el año pasado con la excusa del covid, el encierro y los problemas para entrenarse a la vuelta… pero si eres el Madrid resulta de una mediocridad sangrante. Aún quedan dos tercios de temporada y jugando así el panorama puede ser desolador, se gane algo o no. Habrá que esperar a que Ramos y Hazard estén de vuelta, a que Karim se afile un poco, a que a Casemiro y Modric no se les acaben las pilas en marzo, a que alguien, quien sea, —Vinicius, Rodrygo, Odeagaard o Jovic— suban un poco el listón, porque de otra forma…

Courtois: Sólo tuvo que intervenir en dos paradas y en las dos estuvo seguro. En los minutos finales, con el Sevilla bombeando muchos balones al área, se mostró autoritario y dominante.

Lucas Vázquez: Cada día se le ve mejor en esa posición de lateral, solo sufrió cuando tuvo que defender a Lucas Ocampos. Se desdobló poco en ataque y apenas conectó con Rodrygo.

Varane: Sobrio y concentrado. Jugar tan replegado y con Casemiro tan cerca en defensa le dio seguridad y confianza. Buen partido del francés, al que el juego de balones bombeados del Sevilla le vino de perlas.

Nacho: Rápido, seguro y muy concentrado, nos volvió a recordar al jugador sobrio de hace un par de temporadas. No se complicó la vida en la salida del balón. Como a Varane, jugar tan replegado y con el equipo tan junto, sobre todo en la segunda parte, le facilitó la tarea.

Mendy: Muchísimo menos alegre y anárquico que ante los ucranios. Estuvo muy seguro en defensa y poco participativo en ataque, aunque suyo fuese el pase en el gol madridista.

Modric: Su primera parte junto a Kroos fue de manual, yendo a la presión con inteligencia y moviendo la pelota con claridad, una lástima que las bandas del Madrid carezcan de calidad. En la segunda mitad asumió que tocaba correr y lo hizo, algo que le honra, pero que nos hace dudar —y mucho— del criterio de Zidane a la hora de dosificar a un jugador de 35 años.

Casemiro: Muy lejos de su mejor estado de forma, el brasileño se dedicó a guardar su posición, tanto, que ni en los balones parados, una de sus especialidades, subió ante el Sevilla. Sin apenas participación en la circulación del balón, el hecho de que una tarjeta le impedía jugar ante el Atleti también pudo hacer que jugase con el freno de mano echado.

Kroos: Nadie mueve en Europa la pelota con su criterio. Junto a Modric, firmó una primera parte que fue una masterclass de cómo hacer circular el balón ante una presión y de cómo dar ventajas a quien recibe sus pases. En la segunda formó parte de ese caparazón defensivo que se montó delante del área de Courtois, dejando dos o tres pases de auténtico lujo.

Rodrygo: Le costó entrar en juego por una razón evidente, le falta físico para según qué tipo de partidos y para según qué tipo de jugadas. Trabajó muchísimo en el ida y vuelta, pero apenas tocó el balón.

Benzema: Fue uno de esos partidos en los que Karim ni está ni se le espera cerca del área. Intentó mediapuntear, pero no tenía su día ni con los controles ni con los pases.

Vinicius: Ante el Sevilla fue Vinicius en estado puro. Infatigable, rápido,imprevisible, trabajador, descarado y persistente, a la vez que atropellado, torpón, ineficaz, aturullado y desacertado. En la balanza hoy sumó más que restó.

 

CAMBIOS:

Asensio: Entró en el 66′ por Rodrygo. Por cómo se movió, da la sensación de que Zidane le asignó la tarea de tapar a Aleix Vidal más que atacarle.

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