Quien pensó que tras el 2-8 del Bayern el Barça había tocado fondo estaba equivocado. Este equipo puede ir más abajo. Como los pleuronectiformes o peces planos, un orden de peces al que pertenecen platijas, gallos y lenguados, que viven bajo los fondos arenosos o fangosos. Allí, realizan a cada poco breves desplazamientos, permaneciendo semienterrados el resto del tiempo. Exactamente lo que está haciendo este Barça.

Porque decíamos ayer, que esta temporada culé se estaba pareciendo demasiado a la lejana y fatídica 2002-2003. Y es que, a principios de este siglo XXI, el canto del cisne de un equipo que ya estaba dirigido por Antic, fue en el campo de la Juventus: sacó un empate que daba ventaja e ilusionaba con llegar a las semifinales de la Champions. La vuelta desnudó por completo a un equipo que no daba para más.  

Así que no es raro que, siguiendo con los paralelismos con aquella época, los de Q-Man firmasen su mejor partido de la temporada en el Juventus Stadium. Y que, como se dibujaba en el horizonte el bombo de segundos de grupo más fácil de la década, se tenía todo de cara para verse casi con un pie en los cuartos de final. Bastaba una derrota por 0-2 para asegurar el liderato. Pues no. De nuevo la Juve destapaba las carencias de un equipo que firmó el peor partido (y ya estaba el listón bajo) desde que el holandés está a cargo.

Sin fútbol. Sin ganas. Sin alma. Incapaces de salir de la presión ni una sola vez. Al trote. Como si solo entrenaran un rato por la tarde como hacia Menotti. Y de propina, un Penaldo. Parece evidente que para derribar a un atleta como Cristiano Ronaldo hay que hacer algo más que apoyarle levemente el brazo. No lo entendió así el árbitro que pitó la lipotimia del portugués para que este anotase desde su lugar favorito en el terreno de juego. Casi el 20% de los goles de su carrera han sido desde el punto de penaldo (134 de 752).

La caricatura de equipo vestida de azulgrana volvía a naufragar con el insistente doble pegote. Esta vez formado por Pjanic y De Jong. Como si hubiera sido con Busquets. O con Riqui ENP. Porque da la sensación de que ni con Mauro Silva y Fernando Redondo a los 25 años este equipo funcionaría. El 0-1 parecía un buen resultado y el equipo seguía cediendo el campo a una Juve que, casi sin esfuerzo, lo aprovechaba con el gol de McKennie. El ridículo habitual en Europa de las últimas temporadas llegaba como un regalo adelantado de Navidad.

A un gol de irse al bombo de los torpes, el equipo reaccionó ligeramente de la mano de Messi. El argentino volvió a ser la única referencia del equipo. Lo intentó todo en ataque pero, nuevamente, no le salió nada. Estar rodeado de medianías no le ayuda. La titularidad de Trincao solo le sirvió al portugués para demostrar que le tocó la lotería fichando por el Barça. Lo que hace una buena edición de vídeo de youtube con highlights. Estamos ante un nuevo caso “Edwin Congo” de manual. Con el colombiano al menos detectaron la estafa a tiempo y ni siquiera llegó a debutar de blanco.

Al menos fue “barato”. Porque lo de El Hombre Gris y su coste, ya roza la infamia futbolística. Se supo que jugaba porque lo decía el acta del partido. Porque apareció su nombre en los rótulos de la televisión al principio del partido. Si alguien piensa que Cerezo se debía estar riendo a mandíbula batiente en su casa, está equivocado: hace más de un año que la tiene completamente desencajada.

En el descanso ya era evidente que el equipo no jugaba ni iba a jugar a algo que se pareciese al fútbol. La mejor opción de las que se barajaban era intentar conservar el 0-2. Pero para eso hay que saber defender. Algo complicado si en tu línea defensiva está un ex jugador como Jordi Alba y a su lado Lenglet sigue en su nefasta línea de todo el año. Clement debería lucir el dorsal 2020 en el próximo partido. Cometió un penalti estúpido que, por supuesto, Cristiano volvió a aprovechar. No deja resquicio en su lucha despiadada por ser el jugador de la historia con más goles desde los 11 metros.

Q-Man, incapaz de cambiar el planteamiento, solo se limitó a sacar su dedo acusador: cambió a dos defensas… por dos defensas. La bajada de brazos del equipo ya fue tan evidente como injustificable. El Barça Legends tal vez no lo habría hecho peor. Solo Messi se empeñó en mostrar algo de amor propio y sus chuts sirvieron para dar esperanza a los que estamos en una edad que se considera grupo de riesgo. El dedo de Buffon nos señala el camino: aún podemos jugar un partido de Champions.

Las declaraciones de Ter Stegen al final del partido dejaron claro que el equipo no da para más. Y que habla mucho mejor español que El Hombre Gris. Seguro que como delantero tampoco lo haría peor que el francés. Ni bailando. 

Desde 2007 no era el Barça segundo de grupo. En octavos tocó el Liverpool y lo eliminó. En una temporada donde se repite tanto la historia, apuesten qué bolita va a salir en el sorteo.

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