No es habitual que el lector abra un libro y reciba un golpe directo al cerebro. El hachazo que decía Kafka que todo libro debe darte, Bela Braun te lo lanza desde la primera pagina. Solo que Marla no volverá, novela negra made in México, llega a España de la mano de Drácena editorial. 

Marla y su desaparición componen el eje central de la trama. La desaparición de Marla, la búsqueda de Marla, el deseo de Marla. Todo el libro gira en torno  al dolor por la pérdida. Un sufrimiento que se colma de desesperanza conforme avanza la historia. Una aventura que atraviesa, a ratos con pesar, a ratos con humor, los rincones más oscuros de la perversión y la corrupción de Ciudad de México. 

Un día Marla, cautivadora adolescente, no aparece y su amante, un vendedor de artículos de billar, sale a buscarla con un deseo mal disfrazado de tristeza.

Y es él, amante desolado, quien a través de recuerdos, angustias y desconsuelo por la ausencia nos construye una oscura novela que, pese a todo, conserva intacto su sentido del humor.  

La suciedad y dolor no abandonan el entorno de una mesa de billar, que acaba siendo un personaje más de esta turbia historia en la que la trata de niñas es la excusa perfecta para ahondar en los problemas de un México que apesta a abuso. 

Un tapete que toma o cede la importancia dependiendo del momento narrativo. Como si localizar a Marla fuese una partida que alguien debe ganar. Como si las carambolas fuesen más importantes que el atropello descarado de quienes dominan la ciudad. Como si hubiese ya un ganador antes de coger el taco. 

En Solo que Marla no volverá, Bela Braun, la ciudad de México me enseña un fondo embarrado, sucio, tan pegasoso que no te deja huir, pese a ser lo único que deseas. La ciudad te asfixia y tú, lector, quieres respirar pero te niegas a abandonar sus páginas.

La corrupción, la degeneración, el tráfico de mujeres, el abuso sexual de menores pasa delante de tus ojos mientras un narrador-amante critica lo mismo que hace, usar y abusar de las mujeres. Porque él, a pesar de encontrase consumido por la  ausencia de Marla, mantiene su oasis de placer con su otra amante, una agente de policía  que pasa por su vida como por la novela, de soslayo. Y sigue su busca acompañado de dos prostitutas cuya edad queda en el aire. Visto desde fuera todo nos parece mal, hasta las cosas que hacemos. 

Creo que el narrador-protagonista es el gran acierto de Braun en esta obra. Ese personaje desconcertante capaz de arrancar una sonrisa en mitad de la profunda tristeza que provocan los hechos narrados.  

La desaparición  de Marla es la excusa perfecta para la denuncia social. Y Braun aprovecha esa búsqueda para contar sin juzgar que algo huele a podrido en el mundo. 

Pedofilia, prostitución, corrupción y violencia. Leer también sirve para remover conciencias. Ojalá la literatura nos ayude a cambiar, aunque sea poco a poco, las cosas. 

Hacía tiempo que no leía una novela negra que me impactara de  forma tan contundente. 

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