Las rotaciones son la solución para evitar las lesiones. Esta declaración la hizo hace unos días en Estudio Estadio el traumatólogo Doctor Ripoll. ¡Eureka (del griego lo encontré)!, ya tenemos la solución después de décadas de investigación de biomecánicos, médicos deportivos, entrenadores, preparadores físicos y nutrucionistas para que nuestros jugadores no se lesionen. Lo que se van ahorrar los clubes de fútbol en la composición del staff técnico: con un entrenador que haga las imprescindibles rotaciones en cada partido será suficiente. Así que el entrenamiento ya no es necesario, pasa a un segundo plano… ¿Nos ponemos serios? Creo que deberíamos.

Qué duda cabe de que la pandemia, con todas las circunstancias que la rodean y la incidencia que provoca, está afectando al mundo del fútbol de muchas maneras: en su calendario, en el descanso veraniego, en la pretemporada (insuficiente), en el calendario tan exigente que obliga a jugar cada tres días o en los contagios por el Covid 19, que podríamos contabilizar como lesiones. Todo esto es una evidencia. Pero de ahí a expresarse con la contundencia que lo ha hecho el Doctor Ripoll hay un abismo. Entre otras cosas porque su afirmación lleva implícito que las lesiones de los jugadores se pueden prevenir. Y eso, como podemos comprobar en cada partido, es imposible.

No existe la prevención de las lesiones. Lo que sí es un hecho es que los profesionales que hemos trabajado, trabajan y seguirán trabajando cerca de los jugadores pretenden alargar en lo posible su aparición. Pero los ferraris del fútbol, esos jugadores que exhiben prestaciones físicas dignas de atletas olímpicos, no pueden evitar las lesiones. A ellas están expuestos incluso futbolistas superdotados como Mbappé (corre a 38 km/hora), Cristiano (capaz de saltar en detain vertical 1,10 metros) o Kanté (que recorre en cada partido 16 km).

A nadie se le escapa que sus respectivos entrenadores han echado mano de las rotaciones, pero es el entrenamiento riguroso, metódico, frecuente y aplicando estímulos adecuados en cada momento de la temporada lo que permite que el jugador se vaya adaptando progresivamente a los esfuerzos tan brutales que exige el fútbol, minimizando así el riesgo de lesiones. Con todo y con esto, las lesiones aparecerán en el peor momento. Hablamos del deporte mas intenso a nivel articular y muscular que existe. Es un deporte acíclico: no se repiten los movimientos, lo que complica notablemente la elección del entrenamiento mas idóneo a lo largo de las largas temporadas que tiene el fútbol. Por tanto, me parece muy arriesgado, dada la complejidad de este deporte, hacer juicios de valor sobre cómo evitar radicalmente las lesiones de los jugadores. Las formulas mágicas no existen.

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