Te dan a elegir un futbolista, quién quieres ser, y tú te lo piensas un poco, tampoco mucho no sea que retiren la propuesta, y antes que un nombre das un puesto, centrocampista, porque allí están los que gozan del fútbol y más arriba los que gozan del gol, y a continuación dices Kroos, porque lo viste esta noche y porque mejor uno guapo, si se puede escoger. Además ser Kroos garantiza una vida apacible, alejado de los focos que queman, cobijado en un club que tiene querencia por los rubios desde Di Stéfano y que no oculta sus inclinaciones germánicas desde Netzer y Stielike, dos jugadores del Moenchengladbach, por cierto, gran club hasta que fue laminado, precisamente, por el Real Madrid. De eso habría que hablar ahora, de la autoridad que ejerce el Madrid sobre el torneo incluso en los momentos de mayor confusión, pero cuando te dan a elegir un futbolista lo urgente se antepone a lo importante y dices Kroos, aunque sabes que el traje de tu cuerpo le quedaría pequeño, así que de inmediato te corriges y lo cambias por Modric, disfraz ajustable, que también es rubio y que también firmó un partido primoroso. 

Recuerdo un examen de religión que nos hicieron en otro siglo en el colegio de curas al que asistimos Martín Vázquez y yo, también Granero, nótese la nómina de insignes centrocampistas. Acabada la hora, el padre escolapio nos pidió, ante el asombro general, que nos pusiéramos nosotros la nota. Hubo quienes se pusieron un diez, sin mucho dudarlo, y hubo otros a quienes nos venció el apuro y enfrentados al dilema de ser honestos, listos o imbéciles tomamos una carretera secundaria y nos pusimos un ocho, lo que es tanto como elegir a Lucas Vázquez, menudo partido el suyo. Ahí nos quedamos, en Lucas, perfecta demostración de que correr no niega el talento, aunque si el genio de la lámpara está de rebajas y nos ofrece ser el niño Arribas también aceptamos porque no hubo un solo jugador del Real Madrid por el que no nos hubiéramos cambiado esta noche.

No es fácil jugar tan bien al fútbol y, sobre todo, durante tanto tiempo. No es sencillo aniquilar la fe de un adversario a partir del juego. A los alemanes les hizo más daño la superioridad manifiesta del Madrid que los goles de Benzema. Por momentos, el equipo pareció avergonzado de pretender el asalto y se conformó con rezar para que Inter y Shakhtar empataran en San Siro. Thor escuchó sus oraciones y el Moenchengladbach estará en octavos como segundo de grupo. 

Te dan a elegir un futbolista, quién quieres ser, y si la pregunta te la hacen un miércoles la mejor respuesta es decir que quieres ser uno del Madrid, el que sea, no vaya a ser que te pongas un diez y tengas que confesarte luego.

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