Dulces palabras que resuenan en la verde campiña de Devonshire y las necesitamos para explicar lo de anoche, además de para meternos de lleno en el delicioso principio del siglo XIX, cuando la elegancia imperaba y las formas flotaban nebulosas por encima de los hechos. Anoche, el Coronel Brandon (Kroos) y Edward Fellars (Modric) nos dieron (y les dieron) un recital de elegancia a los alemanes sin que ni siquiera la descocada y ajena a las formas Marianne (Mendy) fuese capaz de apagar el brillo de esta familia (el idilio del Real Madrid con el balón).

Partamos de la base, para situarnos en el acontecer de los hechos, de que este Madrid había tenido que dejar su lujosa casa tras el fallecimiento del padre (Cádiz, Valencia y Shakhtar), ya que su rico patrimonio (tres Champions y una Liga), no servía en estas circunstancias y en estos momentos estaba viviendo en un rústico cottage frente a las abruptas costas de Plymouth (a punto de ser eliminado de la Champions y distanciándose del Atlético). Pero el Madrid, siempre conserva las formas, a pesar de que momentáneamente tenga que vivir en un lugar húmedo y ventoso que, a todas luces, por elegancia, estilo y cuna, no le corresponde ni debería haberle correspondido nunca.

Así que tras acudir a un lugar glamuroso, elegante y con mucha vida (partido a vida o muerte en Champions), invitados por la Señora Jennings (la UEFA), y tras comprobar aliviados que el malvado Willoughby afortunadamente no iba a acudir (el Shakhtar), únicamente era cuestión, como hacían las damas antiguamente, de esperar pacientemente a que el caballero adecuado se acercase y, tras constatar los encantos de la dama, se declarase jurando amor eterno hasta el infinito y más allá: Don Zinedine Zidane es quien maneja la Rueda de la Fortuna de este equipo y esto no es que sea sencillo, es que es lo lógico y natural.

El primer sí quiero lo dio en el minuto 9 Marianne (Karim) tras haberse dado cuenta de que últimamente sus maneras y sus formas eran impropias de alguien de su alcurnia. Tenía que centrarse para ser feliz y hacer feliz a su familia, esa que tanto la quiere (el madridismo en pleno); el segundo, en el minuto 52’, lo dio Elinor (Benzema), esta vez con la ayuda de la joven Margaret (Rodrygo) a quien todos adoran por su juventud y sus ganas.

Y ya el resto de la velada (el partido) fue un agradable baile con una bella coreografía, y aunque no estaban en su palacio (El Bernabéu), los salones del Pabellón Jennings (el Alfredo Distéfano) no desmerecieron en absoluto la reunión, y desde sus hermosos y amplios ventanales estas dichosas gentes de primorosos modales pudieron contemplar sorprendidos como sus vecinos, en la casa contigua, picaban piedra y cortaban troncos, porque cada uno se divierte como puede, porque al contrario de lo que dijo Tolstoi en el inicio de Anna Karenina, todas las familias infelices se parecen unas a otras, pero cada familia que quiere ser feliz lo es a su manera. Muy a su manera.

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