Llevo semanas disponiéndome a escribir sobre el Barça. Me siento frente a la pantalla, abro Word y no sé qué escribir, porque no sé qué pensar. Además, me dice mi suegro que me enrollo mucho en los artículos, pero, claro, el club blaugrana da para una novela mínimo. Es difícil. Pero ya lo tengo claro, ya sé qué opino: estaré toda la temporada pensando una cosa y su contraria en intervalos de tres días. Con tendencia al pesimismo a corto plazo y al optimismo a largo. Como el pesimismo hay que razonarlo más y es más fotogénico, lo desarrollaré en la segunda parte del texto, así que comenzaré con las sensaciones positivas. Son tan escasas que acabaré pronto. 

La primera es que peor no se puede estar. Y no es una exageración. Por no insistir en lo que cualquiera puede apreciar, resumiré en una frase: el Barça ha perdido todo lo que le hacía un buen equipo. No ya el mejor, acaso ya hace una década, con el fogonazo de la Champions de Berlín en 2015, sino uno medianamente bueno. Cada partido es la consecuencia lógica de una pésima decisión seguida de otra, tapada por otra, disimulada por otra. Vaya, pensaba que lo negativo afloraría más tarde, pero no he podido evitarlo. Retomando el quizá ingenuo optimismo, pienso que esto es un ciclo, una caída que acabará más pronto que tarde. El Barça no va a ganar nada esta temporada, le va a costar clasificarse para la Champions, le eliminará un equipo potente o medio decente en octavos y un triste miércoles de enero caerá en cuartos de Copa del Rey. Con estos previsibles hechos, y mediando unas elecciones presidenciales también en enero, solo puede mejorar. El nuevo presidente, sea quien sea, traerá savia nueva, esperemos que un secretario técnico o director deportivo que conozca la casa, sus valores futbolísticos y alguien que dirija decentemente La Masía. Todo ello se ha hecho tan mal estos años que no es tarea complicada mejorarlo. Cambiará la energía negativa que todo lo contamina, se tomarán decisiones muy dolorosas (ay, Leo: tengo otro artículo para ti) y se recomenzará con unos mimbres escasos, pero donde sobresalen tres jugadores que ilusionan: Dest, Pedri y Ansu. Los tres atesoran una calidad impresionante, de jugador dominante en su posición. En mi opinión, están llamados a liderar este equipo a medio plazo. Debería ser a largo, pero se adelantarán por necesidad. Son adolescentes que acaban de cumplir la mayoría de edad, es difícil que lideren cuando nunca han votado siquiera, deberían estar más protegidos, pero no podrá ser. Esperemos que tanta prisa con ellos no les haga descarrilar.

A Koeman no sé si situarlo en el apartado de buenas o malas sensaciones. Me gusta mucho su seriedad, sus dotes de mando, sus convicciones y sobre todo su sinceridad. Es una enciclopedia de reconocimiento honesto de las faltas del equipo. La típica manía holandesa de decir la verdad debería venir muy bien a todos los estamentos del club. Me gusta menos su rigidez táctica. El sistema que emplea, el 1-4-2-3-1, muy finisecular, no es que no se adapte a las características de esta plantilla, tan mal conformada que ninguno lo haría, sino que se ha forzado para dar cabida a tanto mediapunta mal fichado y peor desenvuelto. Para que quepan en la alineación Messi, Coutinho y Griezmann, para que De Jong tenga campo suficiente para correr (a ver si además de hacer eso como pollo sin cabeza se dedica a jugar) y para proteger supuestamente a Busquets, al que ni un entramado mourinhista abrigaría tácticamente, se ha decidido por un dibujo que parte al equipo en dos permanentemente. Este sistema solo se sostiene si el equipo juega muy junto, tanto siendo defensivo y reactivo, bloque bajo con pivotes muy trabajadores y las alas muy dispuestas al repliegue; como siendo ofensivo y dominante, única fórmula válida realmente en el Barça, por cultura y potencial, pero difícil de ejecutar, puesto que requiere posicionamiento muy alto, actitud presionante hacia delante tras pérdida, máxima disposición y actividad y un gran esfuerzo y compromiso. Esto no se puede hacer teniendo a Messi, Coutinho y Griezmann, no está en su naturaleza y menos aún en sus ganas. Quizá el galo pueda hacerlo, ya lo demostró en el Atleti. 

Urge proteger más al equipo, incluso conservando su vocación ofensiva, y esto solo se puede hacer sacrificando delanteros o mediapuntas por centrocampistas. Volver al 1-4-3-3, poblar el equipo de interiores, ser de nuevo hermosos, pequeños, dinámicos… quizá retomar el 1-4-4-2 que trajo el injustamente tratado Ernesto Valverde. Este conocía las carencias de la plantilla… ¡hace ya tres años! Decidió con buen tino que habiendo marchado Neymar, lo mejor era controlar los partidos no desde la delantera, sino desde el bloque. Aunque el equipo tenía carencias, dejó de ser tan competitivo en Europa y no jugaba especialmente bien, ganó dos Ligas sin despeinarse y era algo serio, no un sainete diario (menos Liverpool, ups). Yo también deseé que el equipo adquiriera más vuelo, pero de tanto vuelo nos hemos estampado. 

La plantilla ha envejecido mal (¿se envejece alguna vez bien?), tanto en lo físico como, y sobre todo, en actitud y comportamiento. El relevo iba a ser dificultoso de cualquiera de las maneras, pero está siendo peor de lo previsto. Es un grupo viciado al que no se sabe cómo llevar a buen puerto. El aura decadente de Messi, del que no sabemos si tiene un berrinche, está acabado o sigue siendo el mejor, contamina todo. El Barça parece jugar mejor cuando no todo tiene que pasar por el pequeño genio argentino. Y entiéndase el matiz, lo pongo en mayúsculas: NO TODO. Quizá hasta él prefiriera que fuera así, pero ve que o coge la bola o no hay Dios que arregle esto. 

La lesión de los dos jugadores más importantes del Barca junto al rosarino, Piqué y Ansu Fati, ha abundado en los defectos de una plantilla mal diseñada y peor parida. Ningún jugador figura entre los mejores del mundo en su posición salvo el portero y Messi. Ninguno parece tener las mínimas condiciones físicas para competir febrilmente. Y, sobre todo, el Barça juega tan mal que no se parece en nada a sí mismo. Se mira en el espejo del pasado, añorándose y preguntándose en qué momento se jodió el Perú. Y eso es lo peor que le puede pasar a una persona y a un grupo. 

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