Hay partidos que son retratos. La mejor versión del Real Madrid es lo que se vio en el Sánchez-Pizjuán. Un equipo que al máximo de revoluciones es capaz de jugar bien al fútbol, comprometido en el esfuerzo y difícil de abordar. Un equipo que crece cuando tiene un buen motivo, en este caso la supervivencia. Pero sin gol. Este problema no se lo resuelve el juego, ya sea notable o sobresaliente. Ni el esfuerzo de galeote. Meter un gol sigue siendo como expulsar una piedra del riñón. Cuando menos, trabajoso.

El partido también retrató a Vinicius, y también me ciño a su mejor versión. Cuando es protagonista lo es de este modo. Desde el inicio y hasta el último instante del tiempo añadido, el chico encaró, repitió, se fue, se atrapó, se iluminó, se cegó y en cada acción hizo gala de su conocido optimismo; nada le deprime, como si no aceptara un no por respuesta, como si no le pitaran nunca los oídos. Si entre los objetivos de un delantero está torturar a los defensas, Vinicius cumple con esa parte del trabajo a la perfección. La otra mitad es la que se le atraganta: parar, pensar, entender, marcar. Como ha ocurrido otras veces, su gol no fue suyo. Se lo metió Bono como culminación a una tarde de arrebatos diabólicos con un único momento de inspiración, manotazo agilísimo a un tiro de Benzema.

Aunque Vinicius es el jugador de las fotos, el triunfo del Real Madrid fue comunitario. Y como ya sabemos, el espíritu de las comunidades se forja en el mediocampo. Si Modric está bien, el equipo tiene mucho terreno recorrido. Si le acompaña Kroos, se avanza otro trecho. Y si la defensa está bien (incluyo a Casemiro), el camino se inclina hacia abajo.

Todo sucedió, es verdad, ante un rival que tiene parecidos problemas con el gol y menos talento. Es difícil decir si De Jong es el mejor dotado de los troncos o el peor dotado de los delanteros buenos. Jordán puede ser deslumbrante y desquiciante casi en la misma jugada. Rakitic está lejos del futbolista que fue y Ocampos necesita que le limiten el campo de acción o fenecerá de agotamiento… En demasiadas ocasiones, el ataque del Sevilla se reduce a las incursiones de Navas y a sus centros al área.

No sabría decir si la primera mitad del Madrid fue mejor que la de Kiev (2-0). O superior a los primeros minutos en Mestalla (4-1) o Villarreal (1-1). La diferencia es que esta vez la victoria pone en valor lo positivo. En otros partidos la presentación fue engullida por el desenlace. Ahora, todo parece bien pensando. Incluido el repliegue de corte italiano tras el gol de Bonicius. Se defendió muy bien cuando el Sevilla tocó la corneta.

Lo anterior no le garantiza nada al Madrid ante la final que se aproxima, el miércoles contra el Moenchengladbach. Pero anima a creer que es posible. Deberá repetir cada paso: la concentración, el esfuerzo, la presión. Y pedirle al otro portero que ayude, si es tan amable.

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