Hace cuarenta años la Real Sociedad se encaminaba hacia su primera Liga. Tras acariciar el título con los dedos la campaña anterior una magnífica hornada de futbolistas criados en Zubieta y comandados por el técnico Alberto Ormaetxea (1939-2005) impusieron su ley con dos campeonatos consecutivos. En aquellas gestas cimentadas en el mítico Atotxa sobresalía un extremo veloz y pícaro como un demonio, capaz de llamar la atención hasta al mismísimo Diego Armando Maradona. Roberto López Ufarte (Fez, Marruecos, 1958) era ese extremo curtido a medio camino entre las calles de Fez y la Playa de la Concha. Ahora, cumplidos los 62, disfruta con el juego de su Real Sociedad, «el equipo que hace el fútbol más atractivo de España». El mito txuri urdin repasa en esta conversación con A LA CONTRA aquellos años gloriosos, las opciones de esta Real de repetir un éxito de tal calibre y la evolución de una posición, la de extremo, que parece en peligro de extinción.

—Usted nació en Marruecos y pasó gran parte de su infancia allí. No sé si sus primeros recuerdos de fútbol arrancan también allí.

—Mis primeros recuerdos son allí, en Marruecos. Mis padres se habían ido para allá en la posguerra para buscar trabajo, por eso nací allí. Hasta los 8 años estuve en Fez y luego pasamos tres años más en Casablanca. Era una infancia en la que pasábamos mucho tiempo en la calle, yo me crié en la calle con un balón de fútbol. Recuerdo que montábamos partidos de 20 contra 20, era un locura, quizá mis habilidades para el regate vengan de aquella época, en esos partidos te curtías y tenías que poner todo de tu parte si querías conservar el balón en tus pies.

—¿Qué recuerda de su llegada a España? ¿En qué momento se interesa la Real Sociedad por usted?

—Cuando mis padres volvieron a España nos asentamos en Irún y la pasión por el balón continuó ya en las categorías inferiores del Real Irún en las que empecé a jugar. En aquella época, sobre todo en primavera y verano acudíamos a jugar a la Playa de la Concha con el grupo de amigos del pueblo. Organizábamos partidos cuando bajaba la marea y la playa se hacía aún más ancha. La arena estaba dura y las condiciones eran ideales para jugar. Uno de esos días, yo tendría 14 o 15 años como mucho, vino un representante de la Real Sociedad que nos había estado viendo jugar y fichó a cuatro o cinco amigos míos. A mí también me dijo que me quería fichar, pero yo entonces no pensaba más allá del Irún, estaba contento en el equipo del pueblo y dije que no.

—¿La decisión fue sólo suya?

—Pues no recuerdo si mis padres tuvieron algo que ver o no. Supongo que influyó un poco todo, los amigos del pueblo, la familia y el salir de tu casa tan pronto.

—Y pese a esa primera negativa, la Real volvió a por usted.

—Sí, hubo una segunda tentativa. Yo tendría ya 16 años y ya jugaba en el primer equipo del Real Unión de Irún. Me verían jugar contra el Sanse, el filial de la Real, con el que nos enfrentábamos en nuestra liga, entonces en Tercera división. Y ahí ya pudieron apreciar mejor mis cualidades y se lanzaron a por mí. Lo que sí recuerdo es que ellos me ofrecieron empezar en el Sanse, y eso a mó no me terminaba de convencer, porque me veía preparado para dar el salto al primer equipo de la Real a pesar de mi juventud. Entonces llegamos a un acuerdo: me ficharon pero me dejaron cedido un año en Irún. Ese año me sirvió para prepararme mejor para lo que venía.

«A Rainiero de mónaco se le escapó en el palco: ¿Quién es ese pequeño diablo?»

—¿Ahí ya era El Pequeño diablo?

—Eso tiene su historia. Yo ya me había marchado a la Real Sociedad y fuimos a jugar un torneo a Mónaco. Era un torneo internacional bastante importante en la época y de hecho en el palco estaba el Príncipe Rainiero. En algún momento del partido, mientras me veía jugar, se le oyó decir: «¿Quién es ese pequeño diablo?» (Roberto reproduce la frase en un perfecto francés). Eso lo recogió José María García a través de algún periodista suyo que estaba por allí y de ahí nació el apodo. En ese torneo me nombraron mejor jugador y poco después debuté con la Real Sociedad con apenas 17 años. Durante toda mi carrera me ha acompañado ese sobrenombre y estoy muy orgulloso de ello.

—Y en quién se fijaba ese pequeño diablo antes de ser El Pequeño Diablo, ¿quiénes eran sus referentes?

—Cuando yo era pequeño y todavía vivía en Marruecos yo quería parecerme a Velázquez que era un jugador del Real Madrid que jugaba de 10, era el interior izquierdo de ese equipo. Y yo quería parecerme a él porque en aquella época, y más estando fuera de España, lo que más te llegaban eran las noticias o los partidos del Real Madrid y poco más. Cuando ya estaba en España y ya estaba empezando en el fútbol, la llegada de Cruyff fue una irrupción tremenda para todos. Te daba la sensación de que hacía cosas diferentes al resto. No es que fueran ídolos, pero sí eran referentes. Y claro, luego cuando llegó Maradona, sí que nos parecía el no va más, algo único. A mí siempre me han gustado los jugadores que eran diferentes, los que aportaban un plus a su equipo, eso lo lleva haciendo Messi durante muchos años, Messi ha sido capaz de hacer muchas cosas buenas durante mucho tiempo, esa continuidad no la tuvo Maradona, pero Diego tenía más talento que Messi. En su máximo, Maradona ha sido inigualable.

—Creo que con Maradona la fascinación fue mutua…

—Esta semana pasada rescaté una foto que me hice en unos de los Barça-Real Sociedad que disputamos entonces. La guardo con cariño, porque Diego desde que me vio se fijó en mí. Estando ya en el Barça, Maradona y Menotti quisieron ficharme para que jugara a su lado. Lo intentaron, pero eran otros tiempos. Resultaba casi imposible sacar a un jugador de un club porque todavía existía el derecho de retención. Sólo si tu club te daba permiso podías firmar por otro. Y la Real no iba a dejarme marchar en ese momento. Pero recuerdo que Maradona insistía mucho. Me decía: ‘Yo quiero jugar a tu lado’. Y es a mí a quien me hubiera gustado jugar junto a él… Maradona era un mago del balón.

—¿Tuvo muchos pretendientes?

—Bueno, eran otros tiempos como te decía. Antes del Mundial de España 82 el Madrid también se interesó por mí. Me dijeron que tenían la intención de formar una delantera con Santillana, Juanito y conmigo. Pero se encontraron con el mismo problema: el derecho de retención y la negativa de la Real Sociedad a dejarme marchar.

—Lo que debía resultar muy difícil en aquel fútbol era regatear, por las patadas y la permisividad de los colegiados.

—Para que los árbitros sacaran una tarjeta al contrario te tenían poco menos que matar. Hacían falta ocho o diez palos para que sacaran la primera amarilla y para entonces ya estabas medio muerto o se estaba acabando el partido. Tenías que lidiar con eso y yo lo sufrí bastante en mis primeros años, cuando jugaba como extremo. Sabías que te iban a dar y te daban, y tenías que volver a intentarlo, hasta que alguna vez evitabas la entrada y le terminabas ganando la partida al defensa. Las entradas eran alevosas y permitidas por parte del árbitro. Ahora puede que hayan las mismas entradas o más duras pero acarrean una sanción inmediata. Y en cuanto es un poco más dura de lo normal te echan a la calle. Antes te daban por todos lados, codazos, puntapiés, zancadillas… Tengo una anécdota con Tarzán Migueli, mítico defensor del Barcelona. Ya nos habíamos retirado los dos y estábamos viendo un partido de las categorías inferiores del Villarreal. Me acerqué a él, le saludé y lo primero que hizo fue darme un cachete fuerte en el hombro que casi me mata. Y me dijo: “Esa por las veces que te quise dar cuando jugábamos y siempre te escapabas, te adelantabas para tocar el balón y salir corriendo”. Nos echamos a reír los dos, nuestra relación es muy buena.

—Se estilaba también el marcaje al hombre, algo que ha desaparecido en el fútbol actual. ¿Ese tipo de marcajes perjudicaba o favorecía a un extremo?

—A mí me hacían unos marcajes al hombre terribles, daba igual que jugara en la izquierda o en la derecha, que cambiara de banda o no. Me seguían por todos lados. Uno de los marcajes más férreos que sufrí fue el de José Carrete, jugador del Valencia, que un día me siguió hasta el túnel de vestuarios de Atotxa porque me había ido allí a cambiar las botas en pleno partido. Estaba jugando con taco de goma y el terreno de juego estaba muy húmedo y me resbalaba. Cuando empecé a quitarme las botas lo vi allí, a mi lado, y le pregunté: ¿Y tú dónde vas?. En esa época los entrenadores te decían ‘tú sigue a este hasta morir’ y algunos casi se lo tomaban al pie de la letra. Yo lo que solía hacer con los defensores era llevármelos de un lado para otro, y luego aparecer por sorpresa por mi zona habitual, ya fuera la banda izquierda o más centrado. Ese tipo de marcaje al hombre te ofrecía una ventaja y rd que cuando te quitabas de encima al defensa, cuando lo dejabas atrás, tenías campo abierto para ti. Disponías entonces de una libertad tremenda, porque no se hacían tantas ayudas defensivas. Ahora, como se marca en zona, si regateas a uno te salen el central o el centrocampista de ese lado. En este sentido, en el futbol actual es más difícil romper un buen entramado defensivo por las ayudas defensivas.

—Explique a nuestros lectores más jóvenes cómo era aquella Real Sociedad de Arconada, Kortabarría, Satrústegui, Zamora, Górriz, Idígoras, López Ufarte…

—Es que solo diciendo los nombres ya impone respeto. Pero yo no me quiero olvidar del mister, de Ormaetxea, que fue quien sacó el máximo rendimiento de todos nosotros. Era un equipo muy equilibrado y, como yo suelo decir, los defensas que teníamos eran defensas y no hacían otra cosa. Es que ahora ves a los laterales y a veces atacan los dos, uno centra desde un lado y el otro remata el centro pasado o acompaña la jugada para volver a poner la pelota en la olla. Nuestros cuatro defensas se dedicaban a defender, junto con Arconada formaban la base de un equipo al que era muy difícil hacer un gol. El centro del campo estaba muy equilibrado por las diferentes características de los jugadores, era igual de fuerte y físico que de calidad. Estaba Zamora, que era mi mejor socio, generamos ahí una pequeña sociedad. Siempre nos hemos llevado muy bien tanto dentro como fuera del campo. Y arriba teníamos dos torres como Satrústegui e Idígoras, a los que en un momento de apuro les podías mandar un pelotazo que te lo ganaban por alto o te aguantaban el balón. Y luego estaba yo, que intentaba mi jugada por la izquierda para abrir la defensa y buscar el remate o el centro para alguno de mis compañeros.

—¿No le parece que aquella Real Sociedad ha quedado en el recuerdo como un equipo físico que lo basaba todo en su defensa y se ha olvidado que también jugaba muy bien al fútbol?

—Hay que pensar una cosa que pasa. En España, habitualmente, si no eres el Madrid o el Barça lo demás no cuenta. Esa es la realidad, no nos engañemos. Ahora mismo la Real Sociedad está jugando muy bien y poco a poco le están dando un poquito más de chance, pero parece que hasta que no ganas la Liga no te lo reconocen. Eso es lo que nos ocurrió a nosotros en aquella época. A partir de ganar la Liga ya decían, algo tendrán para haber ganado. Y no hay que olvidar que la temporada anterior, la 79-80, ya estuvimos 32 partidos sin perder en Liga, más otros seis que arrastrábamos de la anterior temporada, en total 38. Y acariciamos el título hasta el final. Pero caímos en aquel fatídico partido de Sevilla, en el que yo no pude ayudar a mis compañeros porque había sufrido un cólico nefrítico. Me perdí justo el partido que hubiera sido definitivo para ganar la Liga. Así ocurrió: de 34 partidos solo perdimos uno y el Madrid, que siempre estaba ahí, se llevó el título.

«Creo que la única vez que he llorado por el fútbol en mi vida ha sido por perderme el partido de sevilla»

—¿Ha dado muchas vueltas a aquel partido del Pizjuán en la penúltima jornada?

—Yo te puedo decir que no soy muy llorón y creo que aquella vez fue la única que he llorado por el fútbol en mi vida. Recuerdo que me encontraba en la clínica y al oír las noticias pensaba: ¡Cómo se nos puede haber escapado esta Liga! La semana del partido estuve postrado en la cama y los compañeros venían a verme y me decían: “¡Pero cómo no vas a poder estar!”, “Tienes que llegar a Sevilla”, “Aunque sea viaja con nosotros”… Pero yo sabía que era prácticamente imposible. La semana fue muy dura tanto para mí como para mis compañeros. Supongo que eso se reflejó luego en el partido.

—Al siguiente año se desquitaron con el famoso gol de Zamora, pero todo empezó con un penalti provocado por usted.

—El gol de Zamora fue en el tiempo de añadido y eso ha dado una épica especial a ese gol. Pero es cierto que yo tuve una participación destacada en ese encuentro. Fue con el penalti que me hizo Maceda, que siempre ha dicho que fue el penalti más tonto que hizo en su carrera, pero penalti al fin y al cabo. Luego ese penalti tiene su intrahistoria. Yo era uno de los lanzadores de penaltis en aquella Real Sociedad, pero me acuerdo que me acerqué a Kortabarría y le dije que lo lanzara él porque yo venía de un esfuerzo importante en esa jugada y creí que era mejor que lo lanzara alguien que estuviera más sereno. Él tenía mucha seguridad y todos confiábamos en él. Muchas veces los entrenadores prefieren que no tire el penalti el jugador que lo sufre, porque viene más acelerado de la jugada.

—Incluso creo que tiene algún gol importante con la derecha, que dicen que es de palo para la mayoría de los zurdos.

—Sí, sí, le marqué un gol a Miguel Ángel con la derecha en el Bernabéu. Siempre digo que es el mejor gol que he hecho porque yo era zurdo casi cerrado. En esa ocasión tiré con la derecha desde el pico del área y la colé por la escuadra. Es mi mejor gol, pero se pudo haber ido a cualquier otro lado…

—¿Cuál era el secreto de aquella Real Sociedad?

—Éramos un grupo de amigos, teníamos todos más o menos la misma edad y nos habíamos juntado una buena hornada. Todos éramos de casa, en esa época veníamos la gran mayoría del Sanse, menos yo que venía del Real Unión y Diego que venía del Eibar. Nos conocíamos muy bien, habíamos convivido mucho tiempo juntos y cuando ganamos la primera Liga ya teníamos cinco seis años de bagaje. Nos conocíamos prácticamente de memoria, como me pasaba a mí con Zamora, al que no necesitaba ver para saber dónde estaba o intuir los movimientos que iba a hacer. Esa fue una de las claves de aquel equipo.

«Es que atotxa asusta, me decían, y yo no me di cuenta hasta que volví con el atleti»

—Y Atotxa, ¿cuánto pesaba en aquellas Ligas?

—Pues te digo una cosa, cuando estabas jugando en la Real no te dabas cuenta de la realidad. Yo hasta que no me fui al Atlético de Madrid no me dí cuenta de la importancia que tenía Atotxa. Cuando llegué al Atleti me decían: “Es que Atotxa asusta”. Yo les preguntaba: «¿Pero qué ha pasado ahí? Si no ha pasado nada…». Y entonces me empezaban a explicar que la proximidad de las gradas y el empuje de la gente hacía que el público casi te pudiera tocar cuando sacabas un córner. el campo pequeño, la presión que metía la grada… Todo eso intimidaba mucho a los rivales y llegaban allí casi asustados. Nosotros en la Real simplemente nos dedicábamos a intentar jugar bien, salir fuertes a los partidos. De hecho en una época fuimos de los máximos goleadores de la Liga, aunque no siempre fue así. Ya te digo que nos basábamos en un gran portero y una gran defensa, pero en casa los partidos solíamos ganarlos fácil. Fuera de casa íbamos al empate a cero o en busca del 0-1. Esa actitud defensiva que tenía la Real no era exclusiva de los defensas, todos la teníamos muy interiorizada para sacrificarnos en ese trabajo.

—¿Por qué se fue usted de la Real Sociedad?

—No fue una decisión mía para nada. Una vez pasaron las oportunidades del Real Madrid y Barcelona, yo ya pensaba que terminaría mi carrera en San Sebastián, que era un poco lo que yo deseaba. Pero bueno, por avatares de la vida llegó John Benjamin Toshack a la Real Sociedad y después de no hacer una gran campaña me dijo que no contaba conmigo. Aunque al final terminamos ganando la Copa del Rey. Pero Toshack me dijo directamente que si tenía alguna posibilidad de salir que me fuera, me abrió las puertas de par en par, vamos. Aquí en San Sebastián no se entendió muy bien mi salida, yo tenía 28-29 años y estaba todavía en plena forma y era uno de los referentes dentro del vestuario. Pero Toshack pensaba que podía hacer un equipo sin mí y me lo comunicó en enero. Al final terminé jugando bastante ese último año y encima en la Copa del Rey marqué el primer gol de la final. Luego, paradojas de la vida, después de estar en el Atlético de Madrid y en el Betis, el que me recuperó para formar parte de su cuerpo técnico en la Real Sociedad fue el propio John Benjamin Toshack. Cuando me dijo dijo vente conmigo yo le recordé que él fue quien me echó de la Real. Al final, nuestra relación es buena. Y Toshack tiene estas cosas, no sabes a qué atenerte.

—Llegó al primer Atleti de Jesús Gil, imagino que aquella experiencia fue muy diferente a lo vivido en la Real Sociedad.

—Imagínate, venía de la Real Sociedad en la que durante siete u ocho años había tenido a Ormaetxea como único entrenador y de repente en el Atleti tuve a cuatro en una temporada. Visto así era un escenario completamente diferente. Menotti fue el que más hincapié hizo para que yo fuera al Atleti. Creo que a Gil le bastaba con haber fichado a Futre, pero el míster insistió conmigo y le explicó que a Futre le vendría bien contar con López Ufarte para tener más desborde. La verdad es que durante la primera vuelta, en los primeros seis meses, hicimos una temporada muy buena. Creo recordar que ganamos 1-4 al Real Madrid en el Bernabéu. Yo tenía un papel destacado en ese equipo y todo parecía ir bien hasta que echaron a Menotti y ya no jugué más en ese Atleti. Jugué el penúltimo partido para demostrar que no estaba lesionado y que podía fichar por el Betis. Y así fue.

«La Real es el equipo que mejor ha jugado al fútbol este año»

—Hablemos de la Real Sociedad actual. Justo ahora que se cumplen 40 años del primer título de Liga del club, el equipo vuelve a pelear por los primeros puesto… ¿Ve usted señales?

—Estamos ahí arriba y jugando muy bien al fútbol. Eso no nos lo quita nadie ya. El equipo ha seguido jugando muy bien al fútbol. El año pasado estaba Odegaard, un jugador que a mí me encantaba por su estilo y características, pero cuando se marchó se reaccionó muy rápido contratando a Silva, que me gusta mucho también. Quizá la única pega que se le puede poner es que estaba jugando todos los partidos hasta que se lesionó y yo ya había advertido de que había que cuidarle. No se nos puede olvidar que Silva tiene 34 años y la exigencia de jueves domingo, antes o después, se tenía que notar. Pero también hay que mencionar que la Real Sociedad tiene un fondo de armario muy bueno, con jugadores jóvenes que están creciendo todos a la vez, aprendiendo. Este año les va a venir muy bien para mejorar y para ganar experiencia al jugar en Europa y luchar por los puestos altos de la Liga.

—¿Creía que el equipo iba a echar más de menos a Odegaard?

—Yo pensaba que sí. A mí personalmente me dio mucha pena cuando anunció su marcha. Él se había comprometido otro año más a estar aquí, pero claro, si te reclama el Real Madrid… ahí él no podía hacer nada. Pero sí, pensaba que íbamos a notar más su ausencia. Es que todo lo que hacía Odegaard en la Real lo hacía con fundamento, que diría Arguiñano. El fútbol de la Real se iluminaba cuando el balón pasaba por los pies del noruego. Lo que me sorprendió también fue la rapidez con la que se movió el club para buscar un sustituto. Creo que no pasó ni una semana desde que anunció su marcha y se fichó a Silva. Y con Silva la afición se volvió a ilusionar. Yo tenía ciertas dudas del nivel o la exigencia que podía mostrar en una Liga tan dura como la española a su edad, pero de momento está rindiendo muy bien y ha entusiasmado a la gente.

—¿Ve también ciertos paralelismos entre Ormaetxea e Imanol?

—Hay un paralelismo claro que llega incluso más allá de su forma de sentir o de ver el fútbol. A Ormaetxea tampoco lo gustaban las entrevistas o las ruedas de prensa y creo que a Imanol le pasa algo parecido, porque a él tampoco le gusta ser el protagonista. Ormaetxea nunca se ponía él el primero en las victorias, siempre era mérito de los futbolistas, y a Imanol le sucede igual. Tanto uno como otro conocían perfectamente la cantera, veían los partidos del segundo equipo, sabían qué jugadores les podían valer para el primer equipo. Es que Imanol ha pasado por la base, ha ido subiendo peldaños desde Zubieta y creo que cuando empezó ni siquiera él mismo se imaginaba llegar tan alto, estar dirigiendo al primer equipo de la Real Sociedad, porque no se veía como entrenador. Pero ha ido cambiando, ha demostrado humildad y ha sacado lo mejor de sí, ha apostado por lo que conoce y la apuesta le está saliendo bien. En ese sentido Ormaetxea era parecido, resulta difícil no establecer un paralelismo.

«Me dio mucha pena cuando se fue odegaard, creía que el equipo le iba a echar más de menos»

—En el fútbol actual parece difícil poder ganar una Liga al Madrid o al Barça, pero dos, como hicieron ustedes, suena a irrepetible.

—Sí, ahora parece imposible. Pero, ojo, porque justo en estos momentos que estamos viviendo, con esta pandemia, se puede alterar un poco el curso normal de la Liga. De hecho están ya pasando situaciones inesperadas. Para mí los tres equipos que mejor están son el Atlético de Madrid, la Real Sociedad y el Villarreal. Esos son los que mejor fútbol están haciendo ahora mismo, y hasta hace bien poco la Real era el equipo que mejor jugaba de toda España. Es algo que viene del año pasado ya, pero también es cierto que cuando llegó la pandemia se le apagaron un poco las luces y al final costó incluso meterse en Europa League cuando durante toda la temporada el equipo había estado en puestos de Champions. Pues eso también puede pasar este año. Está el ejemplo del Granada que empezó muy bien hasta que tuvieron casos de covid en su plantilla. Eso le puede pasar a cualquiera, al Atlético de Madrid, a la Real Sociedad, o a cualquiera… a todo eso hay que añadir que el Barça está mostrando una irregularidad tremenda y el Madrid tampoco está fino. De eso se pueden aprovechar equipos como la Real, el Villarreal o el Atlético de Madrid, que está cogiendo velocidad de crucero. A mí, de todos modos, se me hace difícil por todo esto que te explico dar como candidata a la Real, es un poco pronto para eso.

—La posición de extremo también parece estar en peligro de extinción. En la Real en esas posiciones juegan jugadores como Oyarzábal o Portu, en los que no sé si aprecia características parecidas a las suyas.

—Ahora ha cambiado todo mucho y se impone cada vez más la fuerza física. Él único que quizá es más diferente es Januzaj, por esa capacidad para desbordar, a la hora de driblar se atreve a hacer más cosas. Luego quizá le falta tener más acierto en la definición o ser un poco más exquisito en ese último pase. Lo digo con todo el respeto porque es un jugadorazo de Primera División, pero me refiero a que tal vez le falta un pelín de talento para que todas sus jugadas generen verdadero peligro o una ocasión manifiesta de gol cuando le llega el balón. Hay que reconocer también que ahora el fútbol es más difícil que antes, ahora hay mucha fortaleza física, muchas ayudas en defensa, los futbolistas corren más, está todo mucho más estudiado. Hay mucha gente que cree que antes los jugadores eran mejores y yo creo que no, que ahora con la preparación que tienen y los entrenamientos que hacen los futbolistas están por encima de los de de mi época.

—¿El Lopez Ufarte de esta Real sería Januzaj?

—Somos jugadores diferentes. Lo que está claro es que es el más desequilibrante de la plantilla.

—¿Y a un extremo como usted, este fútbol que ha perdido tanto el uno contra un le aburre?

—Yo nunca me aburro de ver fútbol. Es algo que me encanta, no concibo un fin de semana sin fútbol, por ejemplo. Pero es cierto que encontrar jugadores que desnivelen partidos o que rompan en un uno contra uno es cada vez más difícil. Todo está más estudiado, las tácticas han cambiado, no todo el mundo juega con tres delanteros, se utiliza mucho a la gente viniendo desde atrás con laterales que entren por sorpresa. Mira, la Real es de los pocos equipos que juega con tres delanteros y eso se nota porque la mayoría de equipos quizá más pendientes de no cometer errores que de provocarlos en el rival. Pero si te gusta el fútbol siempre sacas detalles en todos los partidos.

—Para acabar, y usted que ha estado en los dos campos, ¿se respira un cierto aire a Atotxa en el nuevo Anoeta?

—Hay que decir que como Atotxa no va a haber nada. Creo que eso te lo puede reconocer cualquiera que haya jugado en Atotxa. A mí muchos me dicen todavía que eso sí que era un campo de fútbol, a pesar del temor que les despertaba. Es cierto que ahora con la remodelación de Anoeta todos hemos respirado aliviados al eliminar la pista de atletismo. Ahora se puede vivir una sensación de agobio en los rivales, parecido a entonces, pero diferente. Es como el nuevo San Mamés; se nota que la gente aprieta y el Athletic siempre ha conseguido puntos gracias a la pasión y la presión de su público. Anoeta ahora puede dar un plus, como se lo da San Mamés al Athletic o el Bernabéu al Madrid. Pero Atotxa era otra cosa…

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