No sé si estarán familiarizados con la obra de Jorge Valdano, el famoso literato. En uno de sus cuentos de fútbol imaginaba la evolución natural de este deporte: los dos entrenadores se citarían en el vestuario antes del partido y mostrarían al otro su plan táctico. Tras rascarse la cabeza y entrecerrar los ojos, en la mayoría de las ocasiones y ante la impenetrabilidad de los sistemas defensivos se acordarían tablas y a otra cosa, mariposa (el asunto de los dineros de las televisiones era un fleco que no recuerdo bien cómo se resolvía…).

Pues bien, Álvaro Cervera y Sergio González podrían haber sido perfectamente los protagonistas de ese relato y el Cádiz y el Valladolid las dos rectas secantes destinadas a encontrarse en el punto de intersección del empate a cero. Y eso que antes del primer minuto de juego, el armisticio pudo saltar hecho añicos: un cabezazo de Weissman se estrelló en el larguero y la fría noche gaditana se llenó de amenazas.

Pero quiá, falsa alarma.

Poco a poco el juego adquirió velocidad de crucero (de crucero lentorro, para más señas) y se hizo patente que los dos técnicos habían estudiado a fondo al rival. Cualquier atisbo de imaginación era rápidamente sofocado por el entramado defensivo contrario con la misma contundencia con la que un censor franquista tachaba palabrotas con su lápiz rojo: jolgorios los justos. Y así, el choque se fue resignando a su suerte de partido soso y anodino.

En el bando amarillo las labores de destrucción estaban encomendadas a un cuadrado tan recio como hermético: Cala, Mauro, Jonsson, Fali. A destacar este último, tan activo como eficiente en su papel de mediocentro, cosas veredes. El Valladolid, por su parte, recurrió a una solución coral más emparentada con la estrategia: para no ser cazado al contragolpe decidió atacar con balones largos. Con estas premisas, es fácil imaginar que el partido, en su primera mitad, se convirtió en una sucesión de imprecisiones, un crujir de piernas y cabezas entrechocadas, un rosario de jugadas no natas (por parte del Valladolid), que se evaporaban en el muslo de Espino, en la tibia de Iza, en el abismo insondable de la línea de fondo.

Aun así, el oficio de Guardiola y la calidad de Óscar Plano y Orellana propiciaron algunas semi ocasiones lacias, alguna inquietud de baja intensidad. Nada con sifón. Del Cádiz no hubo más noticias que un tempranero cabezazo de Negredo. Y es que desprovisto del arma letal de su contraataque, el once local no encontraba caminos que le acercaran a Masip.  Es un problema que conviene resolver más pronto que tarde.

Tras el descanso, Álex sustituyó a un desdibujado Alejo. El centrocampista pelirrojo (un jugador en busca de una posición) se situó en la banda derecha y desde ahí intentó ayudar al equipo, que —sin exagerar— notó su presencia para mejor. Las prestaciones de ambas escuadras fueron igualándose y las gafas en el marcador se antojaban inamovibles. Acabó el partido con la predecible igualada a nada y, si lo deseamos, podemos ver la botella media llena: se mantuvo la portería a cero, se cortó una racha de tres derrotas consecutivas, se volvió a sumar.

Pero escuchemos ahora a don Pésimo: es el cuarto partido consecutivo sin marcar y se han conseguido solo cinco puntos de veinticuatro posibles. No es un sendero sostenible si se quiere cumplir el objetivo de la permanencia.

Cervera es consciente de la situación y es obvio que está buscando soluciones. Desde hace algún tiempo, viene apostando por un 4-4-2 que le ha dado buenos réditos durante un trecho, tiene un casting permanente para buscarle parejas de baile a Negredo y Jonsson, parece dispuesto a renunciar a la velocidad (“nuestros extremos a veces son jugadores perdidos en esta categoría”, sentenció en rueda de prensa) a cambio de más control con Perea y Álex… No puede negársele, en fin, que está combinando las piezas de las que dispone de muchas formas distintas. Con todo, parece evidente que, en la carta a los Reyes Magos del míster, junto a alguna camiseta serigrafiada y tal vez otra cazadora, los refuerzos ocuparán un lugar capital: hacen falta algunas piezas nuevas. Esperemos que sus Majestades no hagan oídos sordos.

Feliz año a todos.

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