José Emilio Santamaría (Montevideo, Uruguay, 1929) compaginó su trabajo en banca con su etapa en Nacional hasta que emigró a España. Santiago Bernabéu se cercioró antes de su fichaje de que era hijo de españoles. Llegó al Real Madrid en 1957 y ganó cuatro Copas de Europa. En 1968 fue el seleccionador español en los Juegos Olímpicos de México. Entre 1980 y 1982 dirigió a la absoluta, al frente de la cual disputó el Mundial de España.  

—¿Qué ha sentido por la muerte de Maradona?

—Pasó por diferentes circunstancias… Fue un excelente jugador, pero a veces la vida juega malas pasadas. Cuando dejas de hacer tanto ejercicio, el organismo se acostumbra a la falta de actividad física y eso puede afectar al corazón. Al menos hay que salir a caminar o hacer algo en casa. El cuerpo te avisa. Si bebes, fumas, no duermes lo suficiente… debes tener cuidado.

—Vayamos a su carrera como futbolista. Usted estuvo a punto de ser convocado para el Mundial de 1950, el del Maracanazo. Finalmente, se quedó fuera. ¿Cómo se tomó aquella decepción un chaval de 20 años?

—Yo estaba designado como suplente de Obdulio Varela porque jugaba en el centro del campo. Fui convocado para el Mundial, pero antes de volar a Río el seleccionador me dijo que, como no iba a jugar de centrocampista, me pensaba usar como central. Yo me negué, porque siempre había jugado en el mediocampo. Él insistió y le dije que no iba al Mundial. Y no fui. Habíamos tenido una huelga de jugadores durante diez meses y todo era más difícil. Parecía muy complicado ganar un título con una selección cuyos jugadores llevaban diez meses parados. Pero, ya ve, el fútbol es así.

—¿Recuerda dónde estaba usted cuando Ghiggia marcó el gol de la victoria?

—Estábamos todos oyendo el partido. Salimos rápido a celebrar mi señora, su hermano y yo. Fuimos a la avenida principal. En ese momento, no me reproché nada y seguí con mi trayectoria. Al mismo tiempo que jugaba trabajaba en banca y tenía el futuro asegurado.

Uruguay 2-1 Brasil, el famoso Maracanazo.

—Entonces compaginaba dos trabajos…

—Estudiábamos para prepararnos para un trabajo y a mí me surgió uno: me propusieron ir a trabajar al Banco Francés Italiano, que tenía delegaciones por la Guerra Mundial. Entrenaba por las mañanas y trabajaba por las tardes en el banco. El horario me venía bien. Los domingos jugábamos los partidos.

—¿Le daba tiempo a todo?

—Son actividades completamente distintas. El verdadero trabajo era ir a la banca, cumplir con las obligaciones y atender bien al cliente. Yo lo tenía fácil porque no fumaba, ni bebía. Por eso podía atender ambas cosas a la vez.

¿Cómo se celebró en su país aquel triunfo en el Mundial de 1950?

Después de aquel episodio de la huelga, la gente no tenía esperanzas de ganar el Mundial porque había rivales muy potentes. Entre ellos, los propios brasileños, los organizadores. Se admitió el esfuerzo hecho por el equipo y se festejó por todo el país.

En 1954, usted fue titular en el Mundial. Todo le fue bien al equipo hasta que se encontraron en semifinales contra Hungría. Puskas no jugó, pero dicen que aquella era la mejor selección del mundo. ¿Qué recuerda usted de aquel partido?

Tengo la satisfacción de haber participado en aquel encuentro. Nosotros fuimos eliminados en semifinales porque una pelota se quedó parada en la línea de gol y un defensa húngaro tuvo tiempo de despejar. Ese hubiera sido el 3-2 a favor de Uruguay. Luego hubo cosas desagradables alrededor de la competición que no se pueden contar…

Santamaría observa cómo el portero, Gastón Máspoli, no puede detener el gol del húngaro Zoltan Csibor, en las semifinales del Mundial de 1954. CORDON PRESS

“Hubo futbolistas de Uruguay que jugaron y no estaban en condiciones”

¿Se refiere a los rivales?

No, simplemente que hubo jugadores de Uruguay que jugaron y no estaban en condiciones…

—¿Quiénes?

No voy a dar nombres.

El capitán de aquel equipo era Obdulio Varela, al que ustedes llamaban El Jefe. ¿Qué tenía de especial?

En el campo hablaba y mandaba mucho. Tocaba pocas veces la pelota, pero dirigía a base de voces. Te ganaba con su personalidad. Éramos compañeros de habitación, aunque él estaba en Peñarol y yo en Nacional.

También estaba en aquel equipo Pepe Schiaffino, que fue nombrado mejor uruguayo de la historia. ¿Está usted de acuerdo?

Se puede hablar de épocas, no de la historia. Quizá fuera el mejor de aquella época porque Uruguay ganó un Mundial y dos Juegos Olímpicos. Había un buen equipo y él era un gran jugador. Lo demostró cuando jugó en Europa.

Resumen de la semifinal entre Hungría y Uruguay.

Con Nacional usted salió campeón en 1952, 1955 y 1956. Y el Real Madrid llamó a su puerta. Cuenta la leyenda que usted aceptó el traspaso porque el Madrid tenía la camiseta blanca al igual que Nacional…

Yo subí al primer equipo de Nacional con 17 años. Cuando tenía 24 o 25, me ofrecieron esa oportunidad y la acepté. Yo vine a la tierra de mis padres, la conocí y efectivamente jugué en un equipo que vestía de blanco. Mi uniforme en el Banco de Galicia, otro lugar donde trabajé, también era blanco. Antes de venir a España, uno de los socios del banco me dijo que la camiseta del Madrid también era blanca. Le contesté que mucho mejor.

¿Recuerda la primera vez que vio a don Santiago Bernabéu?

Fue cuando hicimos la gira para el Mundial y jugamos un amistoso. Al bajar el túnel, me dijo algo. Yo me di la vuelta, lo miré y seguí mi camino porque yo era un chico bastante serio. Él se quedó pensado. Como hice un buen partido de entrenamiento frente al Madrid, investigó y averiguó que yo era hijo de españoles. Gestionó mi fichaje a través de Rial, que era argentino, pero jugó conmigo en Nacional. Don Santiago me escribió una carta en la que decía que el Madrid estaba interesado y que era un club serio. Me marché y aquí estoy todavía.

Además de Rial, usted se encontró con Di Stéfano, Gento y Kopa. ¿No había muchos egos en aquel vestuario?

No, al contrario. En aquel equipo, cada jugador sabía dónde mandaba y cuál era su función. Yo tenía mi misión en la defensa y gritaba mucho porque era mi costumbre. Adelante, Alfredo tenía su ego, es verdad. Sin embargo, como también estaban Kopa, Gento y Puskas nadie podía mandar porque todos estaban en una línea parecida.

Aquel equipo lo dirigió Miguel Muñoz. ¿Cómo lo recuerda?

La relación fue buena porque él también había sido jugador. La etapa de Muñoz en el Madrid fue brillante. Él se retiró como jugador y fue entrenador del Plus Ultra (filial). Luego llegó al primer equipo y con nosotros era un compañero más. Juntos ganamos muchos títulos europeos…

“Puskas exprimía su calidad sin estar en un peso óptimo”

De Puskas dicen que no necesitaba correr para ser un crack…

Puskas se escapó de Hungría y vivió en Italia. Estuvo un tiempo sin jugar y llegó con kilos de más. De hecho, le costó entrar en juego. Tenía una calidad extraordinaria y la exprimía sin estar en su peso óptimo.

Entrevisté a Amancio y me contó que Puskas se quejaba en húngaro cuando no le daban el balón al pie…

—Eso son bromas de Amancio, que es muy simpático. Todos congeniaron en aquel Madrid.

Alineación Real Madrid. Arriba, José Araquistain, Pedro Casado, José Santamaría, Vicente Miera, Felo, and Pachín. Abajo, Justo Tejada, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento. CORDON PRESS

¿Qué tenía Di Stéfano que no hayan tenido Messi o Maradona?

—En Sudamérica ha habido tantos buenos jugadores que nombrar a uno sólo es pecado porque dejas fuera a cuarenta más. Alfredo era ganador cien por cien. Para eso tienes que cuidarte, prepararte y sacrificarte para correr 90 minutos y 90 más si es necesario. Así era nuestro equipo. Di Stéfano fue extraordinario en su momento. Pero si hubieran visto la cantidad de buenos jugadores que había en Sudamérica… Incluidos los españoles que emigraron allí tras la Guerra Civil…

Felo, compañero suyo en aquella plantilla, nos dijo que Di Stéfano fue un 20, Maradona un 8 y Messi un 7. ¿Lo cree así?  

No puntúo a los jugadores. Los tres han sido grandes en sus etapas. Alfredo marcó una etapa en el Madrid, aunque ya lo había hecho también en River. Y no olvide que en aquellos años River tenía jugadores de primera línea. El fútbol evoluciona y por eso es tan grande.

En 1966 usted ganó por cuarta vez la Copa de Europa. ¿Por qué aquel equipo no ganó más títulos?

Simplemente porque los demás equipos fueron mejorando. En el Madrid se fue retirando gente que había rendido muy bien. Pero el Madrid marcó, y sigue marcando, un orden, una disciplina… A pesar de que haya disgustos de vez en cuando. Ahora el Madrid está ampliando el estadio y renovando al equipo con gente joven. Quizá ahora no impresionan mucho, pero pueden ser figuras dentro dos o tres años.

Entiendo que, según usted, deberían tener más minutos Vinicius, Rodrygo…

Yo les daría muchos más minutos a los jugadores jóvenes porque se tienen que adaptar al sistema de juego y a la disciplina. El Madrid es glorioso y debe seguir siéndolo. Los que vengan tienen que mentalizarse de que son contratados por el club para conseguir resultados positivos.

Usted fue seleccionador olímpico en los Juegos Olímpicos de 1968, los del Black Power…

Lo pasamos bien allí, aunque tuvimos problemas que no deben salir a la luz. Le ganamos de entrada a Brasil, el último campeón olímpico. El equipo estaba en auge, pero hubo circunstancias que no conviene tocarlas…

¿Problemas con la organización?

No, a nivel de juego.

¿Los jugadores le hicieron la cama?

No conviene que salga a la luz…

—Usted fue el encargado de crear los equipos inferiores de España…

Tuve un encuentro con el presidente de la Federació y le propuse hacer selecciones de todas las edades.

“Antes del Mundial 82, sólo jugamos tres amistosos. Fueron insuficientes para generar la madurez necesaria”

¿Se inspiró usted en lo que hacían en otros países?

No. Cuando fui seleccionador absoluto, España apenas tenía amistosos internacionales. Y los necesitábamos para prepararnos para el Mundial de 1982. Esos partidos eran necesarios, sobre todo para la gente joven. Ahora las selecciones sub-15, sub-17, sub-19… han conseguido títulos. También experiencia y rodaje, que son fundamentales. Los jugadores antes no conocían nada: ni climas, ni alimentación, ni sistemas de juego, ni público… Los muchachos necesitaban eso y se lo dimos. Yo le dije al presidente que al ritmo que íbamos no llegaríamos a tiempo para el Mundial porque no jugábamos amistosos. Antes del Campeonato del Mundo, jugamos tres amistosos, pero no fueron suficientes porque no se generó la madurez necesaria para presentarse a una competición tan importante. Al cabo del tiempo, han llegado los títulos.

“NOS EJERCITÁBAMOS DEBAJO DE UNA TRIBUNA PORQUE HICIMOS UNA REFORMA Y NO TENÍAMOS DÓNDE ENTRENAR” 

Antes de ser seleccionador español, usted entrenó al Espanyol. ¿Cómo fue aquella etapa?

Muy buena. Éramos un equipo muy modesto. De hecho, cuando hicimos una reforma en una grada no teníamos dónde entrenar; nos ejercitábamos debajo de una tribuna. Hubo cosas que no puedo decir y no me pregunte porque lo voy a contar.

Allí coincidió con Marañón, uno de los ídolos de la afición perica…

Lo entrené en el amateur del Madrid y ya era un gran goleador. Me lo llevé al Espanyol y funcionó muy bien. Yo con los jugadores tuve buena relación porque hablaba con ellos como si fueran compañeros. Nunca di órdenes tajantes. En la temporada 1976/77, estuvimos cerca de clasificarnos para la final de Copa del Rey (cayeron contra el Betis en semifinales) y de ganar la Liga (fueron sextos a diez puntos del líder, el Atlético de Madrid).

Usted fue seleccionador en el Mundial de 1982. Meses antes, en la victoria en Wembley (1-2) se estropeó la relación con la prensa. ¿Qué ocurrió?

Fuimos a jugar Inglaterra, donde sólo Hungría había ganado hasta ese momento. El mismo día del partido, cuatro horas antes, me llamó el presidente, Pablo Porta, porque estaba comiendo con los periodistas. Fui y me dijo que me tomara un café con ellos y que charlásemos todos un poco. Había treinta y tantos periodistas, además de ocho o diez directivos. Le dije al presidente que nunca había hecho eso, pero que lo iba a hacer. Les conté que nosotros jugábamos de una manera y los ingleses de otra. Obviamente, no hablé de tácticas. Tras aquel partido, ningún periodista se me acercó. Al día siguiente, cogimos el avión y no hablé con nadie. De hecho, me bajé del avión y me fui para mi casa como si nada. Pero tampoco hablé con ningún directivo: parecía que yo fuera un extraño de la expedición.

¿Qué se hizo mal durante aquel Mundial?

Hubo muchas cosas. No jugamos los partidos de preparación necesarios. Además, también hubo lesiones. De hecho, jugamos un amistoso frente a Francia en el estadio del Atleti para saber cómo estaba un defensa (Camacho), que salía de una lesión. Ganamos 1-0. El jugador había sido operado unos meses antes y queríamos saber si estaba en condiciones de jugar el Mundial. Haberle dado minutos a los más jóvenes provocó que a los dos años comenzáramos a competir y ganar.

Partidos de España en el Mundial 82.

En aquella plantilla sólo había tres jugadores mayores de 30 años (Miguel Ángel, Urruti y Quini). ¿Le faltaron más veteranos para arropar a los jóvenes?

Había jugadores de primera línea. Simplemente nos faltó habernos concentrado antes y haber jugado más amistosos. No se jugaron por el miedo a las lesiones. Hubo algunos jugadores de la Real Sociedad que se lesionaron en el tramo final de Liga.

¿Cree que los minutos que les proporcionó a los jóvenes fueron claves para los resultados cosechados en la Eurocopa de 1984 y el Mundial de 1986?

Es un rodaje que se va haciendo. Un jugador tiene más bagaje si juega ocho partidos en lugar de dos. Por tanto, conoce más a los contrarios y sus sistemas de juego. El conocimiento de los jugadores era a través de los clubes porque las selecciones apenas jugaban.

¿Perjudicó el Mundial a su carrera como entrenador?

Para nada. Ni fui a la Federación cuando me despidieron. Hubo cosas desagradables que no se deben contar. Si se hubieran contado en aquel momento, se hubiera abierto una guerra contra algunos personajes.

¿Se refiere a Pablo Porta?

No, al contrario. Me apoyó en todo. Tuvimos una relación extraordinaria. En una cena en los Juegos Olímpicos de México aparecieron cosas extrañas que no he contado. Ni contaré.

¿No me da ni una pista?

No lo puedo decir.

Supongo que usted, que creó todas las categorías inferiores de la Selección, estará a favor de que el sistema de juego sea el mismo en todos los equipos…

Yo puse aquello en funcionamiento y el resto de los entrenadores lo han mantenido. Que empiecen a juntarse los jugadores desde tan jóvenes es positivo porque se pueden corregir los errores. La evolución de España fue muy buena y cosechó extraordinarios resultados. Ahora están preparando al equipo para el futuro y las cosas están saliendo bien.

¿España es candidata a la Eurocopa después del 6-0 a Alemania?

Nadie le marca seis goles a Alemania… Y eso que España pudo marcar diez. No es que el equipo alemán estuviera cansado, sino que el nivel del fútbol español ha crecido mucho en los últimos tiempos. Este resultado seguro que ha asustado a las demás selecciones.

Gento y Santamaría. CORDON PRESS

¿Está usted a favor del VAR?

El VAR es una confusión. Hay cuatro árbitros en el campo: tres que actúan y uno que está por si hay alguna anormalidad. Esos señores deben conocer al 100% las reglas, no hace falta que utilicen una máquina para nada; es meter un intruso dentro del fútbol. El público disfruta más sin VAR. Dicho esto, los jugadores también tendrían que conocerse las reglas perfectamente, así no habría tanta protesta a los árbitros. Los colegiados son los que mandan en el campo se quiera o no se quiera. Si el árbitro está tranquilo actuará mucho mejor. Ese es uno de los grandes problemas de hoy.

¿Es difícil ser entrenador del Madrid?

El Madrid tiene un prestigio bien ganado y todos los equipos lo respetan mucho. La ambición de cada entrenador que se enfrenta al Madrid es querer ganarle. Por eso es complicado ser el técnico del Madrid.

¿Cree que es mejor el fútbol de ahora que el de antes?

Ha evolucionado muchísimo. Las características son distintas. Antiguamente, los porteros no sacaban de puerta porque no estaban preparados. Si lo hacían, sacaban a a 20 o 30 metros de distancia. Ahora casi sacan de portería a portería. En el fútbol actual los porteros no sólo juegan con las manos, todo su cuerpo trabaja en base a lo que pide el partido.

¿Ha sido Luis Suárez el mejor delantero de la historia de la Uruguay?

Él jugó también en Nacional, pero yo allí no lo vi. He seguido su carrera en el Barcelona. Él tiene la picaresca de jugador sudamericano y puede aportar cosas al Atleti. Le gusta hacer goles y tiene la virtud de saber marcarlos.

¿Cómo se puede explicar que un país tan pequeño como Uruguay haya ganado dos Mundiales?

El jugador sudamericano no era tan corredor como el europeo, por eso era más pícaro en el regate, en el amago… Y desarrolló mucho ese juego.

¿Recuerda cuándo firmó su último autógrafo?

Nunca fui muy partidario de eso. La última vez fue en el Bernabéu a finales de 2019, antes de que viniera este bicho del coronavirus. Después me llegó una colección de fotos desde China para que las firmara y lo hice encantado…

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